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Maratón de Santiago 2016 – Andres Reisz

Volver a correr los 42.195 kms fue una decisión que casi se tomó sola. El año 2015 lo hice obligado por el “bulling” de mis compañeros de Andesteam. Mi familia pensó que estaba loco, y yo lo dejé todo en la preparación. El resultado fue una experiencia maravillosa, en la que gracias al apoyo de los amigos (especialmente de la Chiky), llegué a la meta después de más de 6 horas en las que mis músculos y especialmente mi mente tuvo que poner todo de sí.

Este año no hubo angustias, ya conocía la experiencia y creía saber cuáles eran los errores que habían provocado tanto sufrimiento. Por ello combiné el plan de entrenamientos con un programa de alimentación que me permitiera enfrentar el Maratón de Santiago con un menor peso, y principalmente, con una estructura corporal más acorde con el desafío. Mi familia también cooperó apoyándome y dándome aliento.

Traté de no dejar ningún cabo suelto para ese día, lo que significó seleccionar cuidadosamente el equipamiento para ese día, en especial las zapatillas y prendas de vestir que minimizaran el roce. Lo otro fue diseñar un plan de alimentación durante la carrera, el cual se basó en consumir hidratante en todos los puntos de abastecimiento, y consumir geles cada 10 kms, a eso se debía agregar el consumo de barras de proteínas, las que dado lo difícil de masticar y tragar, finalmente se redujeron a una que fui fraccionando en los puestos de hidratación en que no correspondía gel a partir del kilómetro 15 y hasta el 25, a partir de allí agregue algunos Snickers, los que me permitieron sentirme bastante energizado.

El día de la carrera llegué temprano al sector de la carrera, sin embargo, dada la poca claridad que tenía respecto de los puntos de acceso al área de los 42K, finalmente llegue al área de encajonamiento pocos minutos antes de la largada. Previamente, y con el tiempo justo, había dejado mis cosas en guardarropía y pasado al baño. Mientras esperaba mi turno allí, realizaba algunos ejercicios de estiramiento y soltura articular.

Encajono, y trato de avanzar, el grupo es bastante compacto así que poco se logra. Mientras espero consumo un gel. Dan la largada, la fila se mueve lento, finalmente paso el pórtico 5 minutos después. Comienzo a trotar, a pesar del frío me siento muy bien, llevo un excelente ritmo y adelanto a muchos. Casi sin darme cuenta estamos en Av. España con Blanco Encalada, comienzan las subidas, mantenga el ritmo. En Rondizzoni primer puesto de hidratación, tomo un sorbo de agua mientras alcanzo 2 vasos de hidratante, los bebo sin detenerme y continúo. Av. Matta se hace entretenida de recorrer, hay bastante gente dando ánimos y me siento mejor que nunca.

Antes de una hora paso el kilómetro 10, un gel y un vaso de Gatorade. Dar la vuelta frente al estadio Nacional, un grupo roquea, saludo la melodía y continuo. Toda la adrenalina que corre por mis venas me hace ir a un ritmo parejo. Frente a la escuela de Carabineros veo pasar a Gonzalo Delpiano y Roy Saavedra como dos exhalaciones.

Tomo Pocuro y poco antes de cruzar el puesto de control veo un niño pequeño que sentado en la cuneta quiere que los corredores le golpeen su manito; pienso: “vine a gozar de la carrera, y hacer feliz a ese niño es parte de eso”. Cambio el ritmo, me agacho y golpeo su mano, él sonríe y yo continúo. Giro por Los Leones y saco la barra de proteínas, le doy 2 mordidas y comienzo a rumiar, finalmente logro tragar con ayuda de un vaso de hidratante. Aprovecho que en este tramo los puestos están más próximos para seguir consumiendo las proteínas. Mantengo el ritmo y enfrento la subida por Rodrigo de Araya, pasado el siguiente punto de control consumo el tercer gel con otro vaso de Gatorade. Me ofrecen una esponja y me refresco la cabeza.

Subir por Grecia y comenzar el tramo más monotono de la carrera, recorrer Américo Vespucio desde Grecia hasta casi Escrivá de Balaguer. Pienso si me encontraré con alguna persona conocida en este tramo ya que varios de ellos viven cerca. No ocurre. La calle, como siempre en esta zona, debemos compartirla con los automóviles, veo menos taco que el año anterior, pero también veo a los primeros automovilistas enfurecidos por el “problema de respetar el derecho preferente de los corredores”. Carabineros actúa correctamente a pesar de los insultos recibidos. Cerca de la Escuela Militar me alcanza y supera Javier, se le ve bien. Un saludo que distrae y reconforta, y a seguir dándole. Tengo algunas molestias menores a nivel muscular. Alguno que otro dolorcillo, en especial en la rodilla y cadera derecha, nada grave.

Llegando al kilómetro 30 consumo el cuarto gel, un vaso de hidratante sin detenerse y continuar. Comienzo a sentir la presencia de calambre que amenazan con presentarse, principalmente en los gemelos y banda isquiotibial. Me detengo y elongo un poco. Pasado el kilómetro 31 decido caminar porque me siento un poco mareado; pienso: “El muro”, saco un Snickers y me lo como, me cuesta tragar, pero el efecto del azúcar y el chocolate no tarda en notarse. Giro por Francisco de Aguirre, enfrento la última subida, intento comenzar a trotar nuevamente, un calambre en los gemelos me detiene, me acerco a la cuneta e intento elongar. Otro corredor se detiene detrás de mí – “¿Estás bien?” – pregunta, – solo un calambre – respondo-. “¿Te ayudo?”. Iba a contestar que no cuando el calambre se generaliza a ambas piernas completas. “Tírate al suelo, te voy a ayudar a elongar”. Luego de algunos minutos que se me hicieron eternos, y de masajear y estirar, y dar movilidad a los músculos, las molestias ceden lo suficiente. Me ayuda a pararme y se va. Comienzo a trotar nuevamente. Sé que no debo detenerme. Al pasar el puesto de control de Luis Carrera una señora me ofrece un plátano, el cual comparto con un corredor que venía tras de mí. El movimiento ayuda, los músculos duelen pero responden. Van 4 horas 10, totalmente dentro de lo esperado, y más si consideramos el tiempo que estuve tirado en el suelo.

Al doblar por Isabel Montt me encuentro con Sebastián Villarroel que anda en bicicleta con su polola, me ofrecen agua o hidratante, tomo un par de sorbos de esto último. Me acompañan un rato, me aconsejan y se van, estoy casi en el kilómetro 35, ya todo en bajada.

El trote tiene una cadencia lenta, me gustaría apurarlo pero prefiero no sobre estresar la musculatura. Cerca de Los Leones me encuentro con Andrés Torres en bicicleta, me acompaña y conversa conmigo. En un momento me dice: “Cuando fue el último gel que tomaste. ¿Te queda uno?”. Al contestar afirmativamente, me dice que me lo tome ahora, que me ayudara para poder rematar. Me acompaña hasta casi el kilómetro 37. Antes de irse me dice que mantenga ese ritmo hasta Plaza Italia y que después trate de aumentarlo hasta la meta.

Plaza Italia. El aliento del público y la cercanía de la meta dan un nuevo aire. Sé que ya no hay que guardarse, por lo que procuro aumentar el ritmo. Los metros y kilómetros pasan. Ya cruzo Mac Iver, a lo lejos se ve la meta, son los últimos 1195 metros. Veo un par de personas delante de mí, sé que si Chiky estuviera al lado mio me hubiera dicho que podía pillarlos, pero no está y solo visualizo llegar.

Entro al área de encajonamiento, un cartel indica 42 kilómetros, avanzo procurando aumentar el ritmo. Un cartel indica que quedan 100 metros, veo 2 personas delante de mí, en mi cabeza un relámpago estalla – “Y porque no?” – Mis piernas responden y en un pique explosivo, supero al corredor más cercano y llego tan solo unos metros por detrás del segundo. Levanto los brazos para la foto y cruzo la meta… Fueron 5:49 horas, media hora menos que el año pasado…

Deseo agradecer a todos los que me dieron aliento durante el recorrido, personas en su mayoría anónimas que con sus aplausos y gritos permiten que uno no desfallezca ni se dé por vencido… En especial a la persona que dejó su carrera para ayudarme en el momento en que los calambres me inmovilizaron. Gracias.

A Seba y Andrés por los consejos y aliento… A Caro Imbert, por sus consejos nutricionales, que aunque no los siguiera “al pie de la letra” fueron sumamente importantes para lograr el objetivo.

A mi familia por preocuparse y dar aliento… Y a todos los amigos por estar allí… 

Andres Reisz

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Half Marathon Scotiabank: los primeros 15K de mi hija

Dafna, mi hija, es una niña especial, a la cual el correr se le ha convertido en una de las actividades más gratificantes. Lleva ya varios años participando en varias de las más tradicionales corridas que se desarrollan en Santiago, y de allí que ya mucha gente al verla la saluda y le da ánimos. Esto mejora su autoestima y le hace muy bien.

Hace aproximadamente un año, nos integramos con ella a los entrenamientos de running de Andesteam, y desde ese momento su rendimiento ha mejorado notablemente. El verse rodeada de otras personas que gozan y participan de distintos tipos de competencias le abrió el “hambre” por correr otros tipos de pruebas y otras distancias.

Con el apoyo y el consejo nuestro coach Jorge Acosta, la hicimos participar el año pasado en los 10K de la North Face Endurance Challenge, y este año en la tercera fecha de la Berghaus Latitud Sur en Aguas de Ramón. Ahora tocaba aumentar la distancia, un desafío para el cual todos los que la conocemos sabíamos que estaba preparada, y para eso la inscribimos en los 15K de la Scotiabank, distancia intermedia de la que tristemente hay pocas pruebas.

El día de la carrera se levantó con mucha motivación y emoción, tomó su desayuno y partimos al parque llegando bastante ajustados para encajonar y conversar, mientras elongábamos un poco, el cómo debía enfrentar la carrera, y donde debíamos juntarnos si por algún motivo llegábamos a separarnos.

La estrategia debía ser que trataríamos de correr juntos para así poder controlar los ritmos, y minimizar el riesgo de que “se fundiera” por partir muy rápido. Una vez dada la largada partimos pues juntos procurando mantener un ritmo similar al de un calentamiento, es decir, pausado pero en aumento. Una vez dentro del Parque Metropolitano, comenzó el ascenso lo que contra los pronósticos iniciales no redujo el ritmo sino que incluso le permitió adelantarse un poco.

Luego de pasar el primer punto de hidratación, comenzó la bajada. De allí, y hasta que pasamos el segundo puesto de hidratación, logramos bajar y mantener un ritmo del orden de algo más de los 5 minutos por kilómetro. Ya en el retorno por la Costanera, se mantuvo un ritmo algo superior, y Dafna comenzó a alejarse, y disfrutar de una subida en la que varias personas, en su mayoría desconocidos, la iban alentando y acompañando.

Al pasar frente al puente La Concepción, los histéricos de siempre estaban tocando sus bocinas, nosotros (todos los que pasábamos en ese momento) los aplaudimos, y agradecimos sus “vítores”. Este fue el único punto en el que se notó algún “desagrado” por parte de los automovilistas, lo que da prueba de que la organización y el trazado de la prueba estuvieron muy buenos.

El último tramo, cuando se entra en la Costanera Sur, comenzamos nuevamente a apurar el paso y llegar a la meta totalmente dentro de los tiempos esperados.

Estos primeros 15 kilómetros de mi hija probaron que realmente está capacitada para intentar pruebas mayores, por lo que no sería extraño que el próximo año pudiera intentar su primer medio maratón. 

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3° Vuelta a la Laguna de Aculeo 2014 – Andres Reisz

Después de la experiencia vivida en la fecha anterior (primera ocasión en que participé de esta competencia), en que logré completar el recorrido, pero llegué al borde de la extenuación. Decidí asumir este desafío de un modo mucho más mental que físico. Ahora conocía el recorrido, sabía donde había tenido problemas, y donde había podido avanzar con facilidad. Esto debía ser la base de un plan de acción cuyo objetivo prioritario era completar la vuelta con un esfuerzo menor, e idealmente en un tiempo menor.

El plan consideraba el uso de 2 geles de tipos distintos en los kilómetros 9 y entre el 19 y 20, considerando que en este último tramo era donde había comenzado la crisis en la ocasión anterior, la que después de mucho análisis yo atribuí a una deficiencia de recursos energéticos.

El día comenzó con un desayuno normal, para luego partir hacia la laguna con tiempo suficiente para allá poder consumir algunos carbohidratos adicionales (galletas y un poco de chocolate caliente). En esta ocasión, el día había amanecido bastante soleado, lo que me hizo temer por el calor. Sin embargo, el sol más allá de iluminar no aportaba gran cantidad de calor, lo que significó que la temperatura estuvo muy agradable para correr.

Una vez encajonado, nuevamente me ubiqué relativamente atrás para poder asumir mi estrategia sin estorbar a los demás participantes. Comencé, nuevamente, con un ritmo del orden de los 6 minutos por kilómetro, y rápidamente me encontré con el grupo que finalmente estuvo cerca mío durante todo el circuito. Sin embargo, en esta ocasión tuve la sensación de estar corriendo más solo, ya que durante buena parte del tiempo, me encontré solo con un grupo de corredores que se mantenía a unos 300 a 500 metros por delante de mí, y que por lo tanto, se perdía constantemente de mi vista por los recovecos del camino, y un par de corredores que estaban por lo menos unos 100 a 200 metros por detrás, y que por lo tanto, no los sentía ni escuchaba. Esta condición me obligó a concentrarme principalmente en mi propia percepción de los ritmos, lo que posiblemente hizo que estos, al menos en el camino de tierra, posiblemente fueran algo menores que lo que podrían haber sido si se hubiera ido dentro de un grupo. Sin embargo, se mantuvo un ritmo acorde con lo planificado, y similar a lo realizado anteriormente.

Cuando finalmente se llegó a la carretera, la sensación era de estar significativamente más entero, lo que se veía refrendado por el hecho de que los ritmos objetivamente no decayeron y la sensación (subjetiva) de que los kilómetros pasaban con cierta regularidad y rapidez ayudaba a mantener la moral en alto. El cansancio se mantenía dentro de niveles razonables, lo que permitía mantener un ritmo pero no permitía aumentarlo.

En el último kilómetro y medio, la ansiedad y el cansancio hicieron un poco presa de mí, lo que sumado a que el último gel me produjo un poco de irritación estomacal, produjo que ese tramo final no me sintiera muy cómodo.

La llegada estuvo bien, logré bajar mi tiempo en algo más de 5 minutos, y terminar sin ninguna molestia física.

Alguna vez mi amigo Mauricio Quintanilla me dijo que Aculeo era una carrera que cada vez que la corres era distinta. Coincido plenamente con él, y espero con ansias la próxima ocasión en que pueda sumarme nuevamente a esta cofradía… 

 Galería de fotos Vuelta a la Laguna de Aculeo – 3° Fecha 2014

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3° Vuelta a la Laguna de Aculeo 2014 – Sebastián Villarroel

Después de 2 años vuelvo a esta linda y dura carrera, acompañado de varios amigos del equipo.

El clima ideal para correr y motivado en bajar mi última marca en esta carrera (1:45), tomando esta carrera como control y como inicio para las carreras más largas de la temporada.

Ya en la largada saliendo a buen ritmo afrontamos los kilómetros de cerro en un grupo aguantando el ritmo y guardando piernas para la parte del cemento.

Ya en el cemento comienzo a tomar ritmo y me escapo del grupo, sintiéndome con energía y fuerza para alcanzar a otros corredores.

La carrera en general se me pasó muy rápida llegando con un tiempo de 1:42, la cual me dejó satisfecho y con ganas de seguir mejorando en esta distancia, apuntando a la distancia de 21 kms, para los triatlones que se me vienen.

Por último dar las gracias a los compañeros del equipo que me apoyan y motivan a seguir mejorando, y al asesoramiento del coach en los entrenamientos y competencias. 


From Vuelta a la Laguna de Aculeo – 3° Fecha 2014, posted by Andes Team on 7/19/2014 (15 items)

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2° Fecha Vuelta a la Laguna de Aculeo

Tantas veces escuche “El que corre Aculeo está preparado para correr un maratón”, que después de correr el Desafío Sendero de los Volcanes, decidí probar esta experiencia.

La preparación para este evento, no estuvo dirigido especialmente a él, sino que formó parte de un proceso de aumento de los volúmenes y las intensidades, al tiempo que se diversificó el tipo de competencias en las que se participó agregando varias de trail running.

Todo iba bastante bien hasta que 4 semanas antes, en un entrenamiento, se hizo un mal movimiento el que derivó en una molestia persistente en la rodilla derecha, lo que obligó a reducir las intensidades de los entrenamientos. En definitiva, no se pudo llegar al 21 de junio en las condiciones planificadas.

Ese día, me levanté temprano, y luego de tomar un desayuno normal, partí con tiempo hacia la laguna. Allá me encontré con otros miembros del equipo, los que compartieron conmigo sus experiencias y recomendaciones. El día estaba bastante frío, lo que en cierto sentido me alegro ya que esas condiciones son las que prefiero al momento de enfrentar distancias mayores.

Al encajonar, me ubiqué relativamente atrás, para poder asumir una estrategia conservadora y no estorbar a aquellos corredores que quisieran o pudieran ir más rápido.

Una vez iniciada la carrera, me encontré con un paisaje tan similar al de mis entrenamientos del verano que me sentí inmerso en ese otro lugar, y mantuve un ritmo bastante satisfactorio Luego de esos 11 a 12 kms. de camino de tierra, se llegaba a un camino asfaltado, y aunque el paisaje se mantenía, ya las condiciones y la acumulación de kilómetros, me recordaban el déficit de entrenamiento. Hasta aquí, la lesión de la rodilla se había comportado bastante bien, y en términos generales eran más las personas a las que había adelantado que las que me habían adelantado a mí. Me sentía inmerso en un grupo de referencia que me era cómodo, y que permitía mantener un ritmo parejo y constante del orden de los 6 minutos por kilómetro.

Llegando al kilómetro 15 o 16, y según lo planificado, consumo un sobre de gel. A los pocos metros me encuentro con el puesto de abastecimiento, consumo 2 plátanos, y un vaso completo de hidratante, considerando que llevo mi camelbag, no necesito más. Continúo con renovadas energías, pienso que he superado más de la mitad del recorrido, y me siento bien. El cuerpo ha reaccionado mejor de lo que yo esperaba, y mis mejores proyecciones parecen totalmente cumplibles.

Avanzo unos kilómetros más, y según lo que me habían contado, me encuentro con la carretera que había transitado en la mañana para llegar. Sé que me quedan los últimos 9 kilómetros aproximadamente. El tránsito vehicular sin ser excesivo, no es poco, y además hay bastantes peatones. Inconscientemente no me siento tranquilo, correr por la calle me parece riesgoso, y por la vereda significa hacerle el quite, de vez en cuando, a alguien que va caminando o que esperan alguna micro. Algunas de las personas que había adelantado antes me sobrepasan, también lo hacen algunos de los que había considerado como parte de mi grupo de referencia. Comienzo a tener la sensación de que no avanzo. Subjetivamente los kilómetros no pasan, entre informes del GPS, transcurren inmensos periodos de tiempo (esa es la sensación). Comienzo a sentir que las piernas me pesan, y que las energías comienzan a disminuir, trato de cambiar el paso, trabajar con otros grupos musculares, tratar de seguir a alguien que me sirva de motivador, que me marque un ritmo.

Alrededor del kilómetro 21 o 22 siento una sensación de estar estrellándome contra un muro. Recuerdo los relatos de algunos maratonistas, y sé que debo resistir, que es algo netamente psicológico, y que si logro aguantar un poco debe llegar ese segundo aire.

Sueño con que detrás de cada curva, y cada cambio en el camino debe estar la entrada hacia la meta. Sé que no es así, sé cuántos kilómetros deben faltar, pero a la mente hay que darle un poco de fantasía para que el cuerpo pueda seguir adelante.

Recién superado el kilómetro 25 comienzo a sentir unas puntadas en los cuádriceps, sé que si me detengo se convertirán en calambres, cambio el paso y camino un poco, se atenúan por momentos, pero no se van. Pienso: “es un kilómetro más, solo uno”. Vuelvo al trote, me distraigo mirando el paisaje, a la gente que me mira, y sin palabras da a entender su pensamiento: “está loco, ¿para qué corre tanto?”. No les respondo, ni siquiera en mi pensamiento, nunca entenderían que justamente en esos momentos es cuando uno sabe que por nada del mundo estaría dispuesto a dejar de correr.

Finalmente visualizo la entrada, veo a un corredor que viene a mi encuentro, me da ánimos, otra persona que esta parada allí, me dice que ya estoy llegando, que no falta nada. Tomo aire, y apuro el paso, hay que tratar de aparentar que estoy bien. Sé que si logro mostrar esa actitud ante los demás, mi cuerpo también se lo creerá. A metros de la meta, veo venir hacia mí a Rodrigo Niño, me dice que ya llegué, que no falta nada, y trotando a mi lado continúa animándome hasta que cruzó la meta. Las emociones me embargan, al fondo veo los rostros de mis compañeros de equipo: Magaly, Jessica, Mauricio. Escucho: “Bienvenido al club”, y sé que realmente puedo lograr cualquier cosa que quiera.

Gasté hasta la última reserva que tenía, estoy tan agotado que realmente no sé si pienso, pero estoy tan feliz que no me importa.

Ahora hay que hacerlo de nuevo… Ahí me encontrarán para la próxima fecha… Porque para mí: “quien corre Aculeo, puede correr lo que quiera…” 

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