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Cruce Canal de Chacao 2015 – Gissela Cabrera

Un desafío realmente extremo

Eran las 4:45 am del viernes 6 de noviembre y nuestra aventura comenzaba. Sin problemas llegamos a Puerto Montt muy temprano y listos para tomar desayuno. Luego de disfrutar un rato de la ciudad nos fuimos con rumbo a nuestro lugar de residencia temporal, Puerto Varas.

Como ya sabemos, el día previo a la carrera hay que descansar y así lo hicimos. Almorzar, dormir, cenar y dormir otra vez, nada que nos hiciera desconcentrarnos de nuestro objetivo; cruzar el Canal de Chacao nadando.

A las 5 am del sábado 7 ya estamos rumbo a los buses que nos llevarían a Pta Coronel, lugar donde comenzaría nuestra travesía. Luego de acreditarnos, tomar desayuno, cambiarnos de ropa, y calentar un poco, a las 9:30 am nos tomaron la foto oficial y nos subimos al transbordador.

A las 11 am repitieron las indicaciones, me despedí de Karim (era necesario separarnos porque él nada mucho más rápido y no quería que se retrasara por mi culpa) y partió la carrera…

Las estimaciones decían que el tiempo límite para cruzar eran de 90 min, la persona que no llegara a la meta en ese tiempo sería retirada del agua sin excusa alguna. Por tal razón, y por orgullo propio, me dispuse a nadar lo más rápido que pudiera los primeros 500 metros, así me desmarcaría del cardumen y podría nadar a mi ritmo sin preocupaciones.

Me resultó, al poco tiempo estaba nadando sola, tranquila, con un ritmo constante, feliz de la vida. Ya pasados varios kilómetros (2 creo yo) de a poco vi acercarse un nadador, cosa que me sorprendió y tranquilizó a la vez. Sin ponernos de acuerdo, pero sabiendo que quizás él podía pensar lo mismo que yo, nos fuimos juntos mucho rato. En un momento la mar comenzó a ponerse chúcara y las olas se hacían cada vez más grandes, es ahí cuando de un momento a otro pierdo de vista a mi compañero fortuito, recuerdo que me asusté un poco y paré, lo busqué hacia todas partes, hasta que lo vi unos metros más atrás, estaba acalambrado así que sin dudarlo me devolví, mal que mal éramos solo nosotros en la inmensidad del mar, no lo podía dejar solo. Habiéndose recuperado, y luego de un corto intercambio de palabras partimos nuevamente con la mente firme en llegar a la meta. Cuando conversamos, mi compañero (que desde ahora será Matías) me dijo que llevábamos 60 minutos y 3 kilómetros de nado, así que ya debíamos estar cerca.

Con la convicción de que a esas alturas Karim me estaría esperando en la meta, justo con mi amiga que viajó a acompañarnos, seguí nadando con más fuerza. Hubo veces en que Matías se adelantaba y luego me esperaba o incluso que nos separábamos y pronto nos volvíamos a juntar. Así paso un rato hasta que paramos nuevamente “tenemos que ir hacia la torre” me gritaba Matías, y yo le respondía que justamente eso estaba haciendo… La mirada un poco desconcertada en su reloj me preocupaba un poco, pero nunca me imaginé lo que de verdad estaba pasando. Seguimos nadando sin parar hasta que de un momento a otro un “zodiac” de la Armada de Chile se nos cruzó para que paráramos; el marino nos preguntó si nos encontrábamos bien y fue enfático en decirnos que debíamos esperar porque nos tenían que sacar del agua.

Con Martin nos miramos, un poco decepcionados pero tranquilos. “Hicimos nuestro mejor esfuerzo, si nos vienen a buscar debe ser por algo”, me dijo, y yo le encontré toda la razón, así que siguiendo las indicaciones, nos subimos a una embarcación de la armada llena de nadadores. La actitud cabizbaja de algunos, el llanto de otro, me hizo imaginar lo peor, afortunadamente no fue así pero lo pensé por un momento. Luego de buscar entre los rescatados a Karim, sin resultados positivos, para refugiarme del frío me dispuse a esperar en la cabina del barco, entonces ahí supe lo que había pasado realmente; la pleamar, corriente saliente que se dirige a mar abierto se había adelantado 40 minutos a lo presupuestado por la organización, lo que llevó a la armada a ejecutar el plan de emergencia, desplegando un avión sky master, 5 zodiacs, una lancha patrullera y una camioneta en busca de nadadores, tanto en la mar como en tierra.

Durante el tiempo que pase ahí, solo puedo decir que la tripulación se portó excelente conmigo y con todos, nos buscaron abrigo, nos ofrecieron café y me preguntaban a cada momento si el número de mi pololo había aparecido en la lista de nadadores ubicados, en fin un 10. Ahí, me pude dar cuenta realmente la magnitud de la situación y del gran trabajo que hacían por ubicar a cada uno de los nadadores lo más rápido posible.

Luego de una hora o quizás más, lograron encontrar a la mayoría de las personas, por lo que los organizadores junto con el capitán, decidieron que todos desembarcáramos y así pasar por la línea de meta.

Sin antes agradecer infinitamente a los marinos, me baje aún muy angustiada por no tener noticias de Karim, pero con fe de que él si había podido cumplir el desafío. La felicidad vino a mí al verlo sano y a salvo en la playa, con su chaqueta y la cámara en las manos retratando el alucinante final que tuvo nuestra aventura.

Muchos abrazos y por fin estaba en tierra. Mi travesía empezó a las 11 am y termino a las 14:30, en conversaciones posteriores con Matías, me contó que su reloj marcaba 1 hora 36 minutos y 6,9 kilómetros cuando nos rescataron.

Para terminar solo puedo agradecer a la armada, a la organización y a la vida por darme una experiencia como esta. Si bien estuve muy preocupada en el barco, la sensación final que me deja esta experiencia es que uno nunca deja de aprender, de que la naturaleza es impredecible y que experiencias como esta no valen mucho si no tienes con quien compartirla, por eso, me siento dichosa de haber podido vivirla junto a Karim.

La meta aún está pendiente, así que a entrenar para CRUZAR EL CANAL DE CHACAO EN 2016. 

Gissela Cabrera

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Cruce Canal de Chacao 2015 – Karim Acuña

Se aproximaba la aventura para lo cual me había preparado en mi periodo de vagancia deportiva mientras me recuperaba de mi fractura.

Estar sin hacer ejercicio fue pesado tanto física como psicológicamente por lo que poder entrenar natación mientras me recuperaba completamente fue una salida para ese largo periodo de tiempo (julio, agosto, septiembre y parte de octubre) y además acompañado de Giss.

Me inscribí a esta prueba pensando que sería una tarea dura pero realizable.

La prueba consistía en cruzar a nado los 3200 metros que en “teoría” separan el continente de la isla grande de Chiloé por el sector de Puerto Elvira (Mapa).

La previa

La jornada comenzó temprano, un bus nos recogió a las 6:00 en Puerto Varas y nos llevó al sector de Pargua, el final del continente en donde fue la acreditación, registro y retiro de kits. Luego a las 9:30 teníamos que estar vestidos y preparados para subir al transbordador que nos llevaría a la largada en Puerto Coronel (aproximadamente a 5 kilómetros al poniente de Pargua).

Una vez en la playa, todos a lanzarse del transbordador y esperar la largada con los pies en la arena, el clima se veía calmo, la mar serena y la temperatura “adecuada” (del orden de los 10º), un saludo a Giss y espero la partida.

La carrera

Y dan la largada, me posiciono a la izquierda y con ritmo fuerte logro perder al grupo y ver al pelotón de avanzada. Al principio de la carrera, por tener los lentes puestos mucho tiempo antes de entrar al agua, se me recogieron las tiras y cada 4 brazadas se me salían los lentes, tuve que recordar los consejos ancestrales de aguas abiertas, relajarme, nadar de espaldas un tiempo y acomodarme bien los lentes, los primeros 1000m tuve problemas con los lentes así que traté de mantener un buen ritmo mientras me acomodaba los lentes cada cierto tiempo. Durante el transcurso de la carrera hay varios puntos en que la soledad con la naturaleza, la marea fuerte y los animales pueden llegar a poner nervioso a cualquiera, lo más importante es mantener la mente fría, un ritmo apretado y constante y no perder por nada la calma.

Al principio tomé como punto de referencia un punto mucho más a la izquierda de la meta, siguiendo los consejos de la organización que mencionaban una fuerte corriente saliente (de continente a océano), la cual supuestamente comenzaría 40 minutos luego de la partida, cosa que se adelantó 20 minutos, lo que ocasionó tanto problema.

A los 1500-2000m ya el panorama para mí era diferente, simplemente no se veía a nadie, iba solo escoltado por uno de los 6 kayaks de apoyo a 1000 metros de la meta, la cual se veía cada vez más lejos. Era el efecto de la corriente el cual no me permitía avanzar en línea recta. Las olas golpeaban por el lado derecho, pero la marea me movía hacia la derecha, tormenta perfecta.

Luego de 1000m de lucha logro llegar al sector poniente de la playa el cual está mirando de frente al paredón de la playa. En aquel lugar encuentro a otro nadador atorado en un remolino de agua el cual también me atrapa, sin posibilidad de escapar de ese punto, el kayak que me venía siguiendo tampoco podía hacer nada, por lo que tuvimos que trabajar juntos para salir del vórtice, saliendo de ese remolino pude por fin tocar tierra, a casi 3KM de la meta, pero en tierra, ya no quedaba más que ir corriendo a la meta. Como se puede apreciar en la siguiente foto, el 90% de los nadadores tomó este rumbo. Por lo que lamentablemente para ellos fue imposible tocar tierra.

En el camino a la meta me extrañó ver tanta gente caminando hacia el sector poniente y aplaudiendo a los 4 o 5 nadadores que estábamos en esa zona un tanto desorientados y cansados, al llegar a la meta todo cobró sentido, solamente 15 nadadores habían llegado antes que yo y se había activado un plan de emergencia para rescatar a los 150 nadadores que no pudieron tocar tierra.

La Armada actuó de forma veloz y eficaz, al cabo de 2 horas, ya habían rescatado a la totalidad de los nadadores que no pudieron tocar la isla.

Una extrema experiencia que nos demuestra la inmensidad de la naturaleza y la dificultad de sentir su fuerza, en donde si dudas por un segundo, la corriente te lleva y no te suelta.

Un saludo especial a Giss que fue mi compañera en esta travesía y de la cual me siento orgulloso por el solo hecho de pararse frente al canal e intentar nadarlo. 

Karim Acuña

Arriba

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