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MDS 2014 – Rodrigo Niño

MDS 2014 – Rodrigo Niño

Para alguien que se lanza a correr sus primeros 42K en una maratón, la carrera es sólo el clímax de un largo proceso de entrenamiento y preparación tanto física como mental. Ese día todos llegamos al punto de partida abrumados de temas importantes que debemos recordar y respetar durante las próximas 4 horas, el ritmo, la frecuencia de hidratación e ingesta de alimentos, dónde termina el lapso de subida, etc, es decir, un plan de carrera ideal preparado en la cabeza, pero que solo ha sido puesto a prueba parcialmente por nuestro cuerpo.

En mi caso particular reconozco que me sentía bastante nervioso ese día y no había podido dormir mucho durante la noche anterior por la ansiedad. No era para menos, me había inscrito inicialmente solo para correr los 21K y a último momento me decidí a cambiar y apostar por los 42K, había faltado a los “largos” de 30 y 35 kms desarrollados durante los entrenamientos pensando solo en lograr mi meta inicial. Además, recién llevaba 5 meses desde que pude empezar a correr nuevamente, después de largos nueve meses de dura y dolorosa recuperación y rehabilitación por la operación de mis dos caderas en enero de 2013. El vértigo que sentía esa fría mañana realmente era mayor, incluso me sentía un poco obstruido por una moderada alergia respiratoria que había aparecido motivada por la ansiedad, era un desafío que implicaba muchas pruebas al mismo tiempo… Sería capaz de recorrer los 42,195 km, lograría mantener el ritmo planificado de 5:10 min/km o me iba a estrellar con la “muralla” cuando llegara a los 30 km, mis caderas irían a resistir semejante exigencia… En fin, el frío era mucho, el tiempo para calentar antes de encajonarse para no quedar muy atrás era poco, la espera en la largada interminable.

Afortunadamente, cuando eres parte de un equipo uno no parte solo en la carrera, uno corre con amigos que comparten la misma pasión que tú y a pesar de que cada uno lleva su propio ritmo de carrera, uno no corre aislado enfrentándose solo a sus limitaciones, lo hace con personas positivas al lado que te ayudan con sus consejos y su experiencia para que los grandes desafíos que enfrentes se conviertan en travesías placenteras y compartidas. Este apoyo es fundamental y una de las cosas que más agradezco de participar en un tremendo equipo humano como lo es ANDESTEAM.

Poder correr codo a codo junto con Mauricio Quintanilla, Christian Rosales y Christian Muñoz durante prácticamente toda la carrera le dio un sabor muy especial a la competencia. Fueron casi 4 horas de grata compañía y conversación a un ritmo totalmente manejable, claramente el hecho de poder compartir durante el trayecto hace que cualquier carrera por larga que sea no se sienta interminable.

Religiosamente paré en todos los puntos de hidratación alternando entre agua e isotónica para no deshidratarme, como me había sucedido un par de semanas antes en la vuelta a Aculeo, y además complementé con un gel energético a los 10, 20 y 35 km, lo cual en conjunto fue una excelente decisión y me permitió sentirme al 100% durante toda la carrera.

Los primeros síntomas de tensión muscular comenzaron a sentirse desde el km 25 en adelante, nada grave, solo una leve sensación de exigencia sobre los cuádriceps después de completar el tramo de subida hasta Américo Vespucio, que después pasó desapercibida. Sin embargo, en esos momentos comencé a sentir los estragos de mi última comida la noche anterior… Maldición, quién me manda a comerme un balde lleno de cabritas dulces en el cine a las 9 de la noche jajaja… Los retorcijones de estómago empezaron a sentirse, distanciados al principio, pero después cada vez con mayor frecuencia… Juro que no vuelvo a repetir esa estupidez antes de una carrera larga.

Voy llegando al km 30 cerca de Escuela Militar junto con Christian Muñoz, el cansancio ya se empieza a hacer patente en las piernas. No obstante, seguimos manteniendo el ritmo programado de carrera como un reloj suizo y tratando de alcanzar a Quintanilla y Rosales que se nos han adelantado un par de cuadras en los últimos puntos de hidratación, pero sin sobre exigirnos para no fundirnos a más de 10 km del fin de la carrera.

Llegamos a Monseñor Escrivá de Balaguer y ya todo el trayecto que queda es de bajada, nuestra lenta aceleración está dando sus frutos y poco a poco ya vamos alcanzando a nuestros compañeros. La emoción de la gente ya se empieza a sentir, las personas se aglomeran en las esquinas y a todo lo largo del parque Bicentenario para darnos ánimo y mensajes de apoyo, es muy gratificante.

A un par de cientos de metros del punto de hidratación en el km 33 logramos por fin dar caza a Quintanilla y Rosales, y seguimos todos juntos como una locomotora hasta pasar por el puesto de control del km 35, donde alcanzamos a salir todos juntos con nuestra indumentaria ANDESTEAM en una foto de grupo difícil de replicar.

En el km 37 bajando por Andrés Bello ya se deja sentir fuertemente la fatiga en las piernas, cuádriceps y gemelos ya van muy tensos y acercándose poco a poco al límite inicial del dolor. Lo bueno es que aparece Luis Concha en su bici a darnos ánimo a esas alturas, cuando ya cada uno de nosotros da muestras de cansancio.

Llegamos a Providencia a la recta final, altura del metro Salvador, ya no queda nada, sólo 3,5 km. Aún me siento con energías y no pienso llegar a la meta sin haberlo entregado todo, así que subo el ritmo a 4:30 por km y empiezo a despegarme de los amigos. Hay muchos corredores por delante, pero avanzan a paso lento, así que comienzo a pasar y pasar personas.

De repente aparece Luis Concha a mi lado filmando con su celular desde la bicicleta, mientras me anima a seguir acelerando en el remate. Ya queda muy poco, último km.

La meta se ve adelante y la gente a los costados gritando y apoyando. Yo aprovecho de aplaudir también por todos los demás valientes que están corriendo junto conmigo. La emoción es enorme, no sabía si lo lograría, pero llego entero y con los brazos en alto, 3 h 37 min, #169 de mi categoría… Un tiempo que ni soñaba hacer. La garganta se me aprieta pensando en mis pequeñas hijas y en todo lo que he logrado avanzar físicamente luego de largos 9 meses de rehabilitación, las lágrimas están a punto de caer…

Los calambres en las piernas ya se dejan sentir, no es posible elongar una sin que la otra empiece a doler, pero la felicidad por el triunfo logrado es indescriptible, porque uno ha superado sus propios límites.

Aprovecho estas últimas líneas para agradecer al tremendo equipo ANDESTEAM, en especial a Christian Muñoz por su fundamental apoyo y guía durante toda la carrera, a Christian Rosales y Mauricio Quintanilla por la compañía y el ánimo durante la competencia y a Luis Concha por el fundamental apoyo en los kilómetros finales.

Por supuesto que nada de esto hubiera sido posible sin la excelente preparación y los consejos de nuestro coach Jorge Acosta… Gracias por la dedicación y paciencia, los frutos a la vista!!! 

 Galería de fotos Maratón de Santiago 2014.

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