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Grandes sueños #maratónBerlín

Grandes sueños #maratónBerlín

La idea de participar en el Maratón de Berlín surgió hace algo más de un año, al finalizar mi participación en el Maratón de Rapanui. En ese momento me pregunte cual podía ser un desafío interesante, luego de tan exclusivo y bello evento. Posibilidades existen muchas; los grandes maratones como Nueva York, o algunos más cercanos como Buenos Aires. En ese momento, la idea que me atraía era intentar mejorar sensiblemente mis marcas, por lo que la mejor opción era intentar La Maratón más rápida del mundo: Berlín.

Luego, de varias averiguaciones, me puse en contacto con un operador de este tipo de eventos, Carreras Internacionales, con base en Argentina. Con ellos contrate un paquete que incluía la participación y el hotel, mas todo el apoyo logístico durante el evento.

La aventura comenzó el martes 19 de septiembre en la mañana, cuando junto con Pilar, mi esposa, partimos en vuelo directo a Roma. De allí, luego de una supuesta escala de 2 horas proseguiríamos a Berlín. La escala se alargó hasta las 4 horas, con lo que tuvimos tiempo de desayunar y estirar un poco las piernas, ya que debimos hacer los trámites de policía Internacional en Roma, lo que nos ocupó casi una hora de nuestro tiempo. (consideren que el embarque de un vuelo debería realizarse 1 hora antes de su partida, por lo que esa escala de 2 horas tenía menos de 1 hora para cualquier trámite y/o desplazamiento).

La llegada a Berlín, luego de menos de 2 horas de vuelo fue bastante interesante. Nos recibe un aeropuerto de apariencia bastante antigua, pequeño considerando los estándares europeos (podríamos decir que tiene un tamaño similar a Pudahuel). Y que se ubica dentro de la ciudad. Berlín se ve como una ciudad muy ordenada, con amplias avenidas, y mucho verde. La gente es cosmopolita, y se ve amable.

Ese primer día (miércoles 20) se va en descansar y pasear por los alrededores del hotel, el día es bello y templado, y a pesar del cansancio, hay que ajustarse al horario local por lo que nos obligamos a permanecer activos hasta una hora que sea adecuada para que el cuerpo entienda este nuevo huso horario.

A la mañana siguiente nos levantamos relativamente tarde. Visitamos la zona de la puerta de Brandemburgo, la estación central de trenes (Haupbahnof), el Reichstag y el Monumento a los judíos de Europa Asesinados. Paseamos por el Tiergarten. La strasse des 17 juni, la avenida que va desde la puerta de Brandemburgo hasta la Columna de la Victoria no se puede transitar, ya que se encuentra cerrada para albergar la partida y meta del Maratón el domingo siguiente. Desde el bus podemos divisar el Palacio Bellevue y la Columna de la Victoria.

Por la tarde voy a la Expo a retirar el kit, y ver algunas de las novedades que se ofrecen. La primera impresión que se tiene es que no es mucho mayor que la expo del Maratón de Santiago. Sin embargo, es bastante más ordenada, y posee una mayor variedad de productos y marcas. Los precios son normales, y no encuentro grandes ofertas. Es el primer día de la expo y hay bastante gente. Según el relato de otras personas del grupo de Carrera Internacionales, la cantidad de personas va aumentando con el correr de los días.

El viernes intentamos retomar el turismo. Regresamos junto al Reichstag, y comenzamos a pasear por el tiergarten paralelo a la strasse des 17 juni, vemos el Monumento a la Guerra Soviética, una gran obra escultórica y arquitectónica que conmemora la lucha del pueblo soviético contra el nazismo. Pasamos junto a un campanario que posee un fabuloso carillón, el cual escuchamos por algunos minutos. Continuamos hasta el Palacio de Bellevue, para continuar hasta la columna de la Victoria. Luego de cruzar bajo la rotonda que la circunda, entramos al recinto de la columna y visitamos su museo. Para posteriormente ascender por sus escaleras hasta sus 2 miradores; uno a mediana altura, y el otro en la cima, justo bajo la escultura de la victoria. Por el camino podemos además ver algunos grupos escultóricos dedicados a prohombres de la historia Prusiana y alemana como Bismarck. Por la tarde una iglesia dedicada a la familia llama nuestra atención. La visitamos y podemos apreciar las diferencias entre el catolicismo y el luteranismo. La austeridad de su altar, los vitrales con motivos centrados exclusivamente en la figura de cristo y sus enseñanzas, y la presencia de ofrendas de frutos del campo (frutas y verduras) en el altar, propios de alguna festividad de primicias, son los principales elementos que llaman nuestra atención. Además del gran órgano de tubos que desde las alturas del fondo de la iglesia domina el recinto. Imagino alguna obra de Bach sonando en ese lugar y la imagen de divinidad se completa absolutamente.

El sábado nos levantamos temprano. Ese día se desarrollaba un evento previo a la maratón; una corrida de algo más de 4 kilómetros desde Charlotteburg hasta el Estadio Olímpico de Berlín. Ese que hizo construir Hitler para mostrar la superioridad del pueblo Alemán para las olimpiadas de 1936, y que vio los éxitos de Jessie Owen (y la ira del Fuhrer). Entramos trotando al recinto del estadio como verdaderos maratonistas (por el túnel) y damos la vuelta olímpica. Luego ascendemos hacia donde se ubicaba el fuego olímpico, y nos sacamos algunas fotos. después nos convidan algunas cosas para comer: Berlinés, leche chocolatada, croissants, plátanos, manzanas y yogurt. Los que podemos consumir en los alrededores del recinto.

Por la tarde, o lo que resta del día, lo dedicamos a descansar y prepararse para el gran evento. En la noche compartimos la cena de pastas. Un gran buffet de ensaladas, pastas y frutas nos recibe en los comedores del hotel. Comemos con gusto, y hasta podría decir con un toquecillo de gula. Después a relajarse, e ir a dormir.

El domingo lo inicio a eso de las 6. Los rituales habituales e ir a tomar desayuno antes de las 7. Trato de ser conservador y cuidadoso en lo que como; cuesta. A las 7:30 nos reunimos con el resto del grupo de Carreras Internacionales, y partimos en tren a la Haupbahnof. a pocos metros de allí, se encuentra el recinto cerrado donde se concentran todos los servicios para los maratonistas: Guardarropía, baños, y algunos puestos con agua. Algunas personas ofrecen plásticos para cubrirse. La noche anterior ha comenzado a llover, y aunque ya solo sea una llovizna intermitente, es mejor protegerse.

Cerca de las 8:30 u 8:45 comienzo a dirigirme a los corrales de encajonamiento. Van desde la A a la H. los cuales largaran en 3 olas sucesivas a las 9:15, 9:30 y 10. A mí me toca (según mis tiempos de presentación) la H, la del perraje. Los con tiempos de 4:15 horas o más, o que es su primer maratón. Somos la tercera ola. Mientras esperamos vamos viendo en las pantallas gigantes la presentación de los corredores elite y su largada. Mientras esperamos la segunda ola, vemos los avances de los punteros que van a un ritmo extraordinario. Mientras tanto, trato de avanzar lo más posible de manera de posicionarme dentro de un grupo más rápido que yo, de modo de no ser detenido en la partida por los corredores más lentos. Segunda ola. Como una marejada mi grupo avanza para llenar el espacio que los 7 corrales anteriores ocupaban. Finalmente quedo a unos 50 metros del arco de largada.

Faltan algo así como 10 minutos. Se respira la emoción, sonrisas nerviosas en los labios, y movimientos de las extremidades para mantenerse activos. Reviso el programa de seguimiento de mi carrera en el teléfono, y que el reloj tenga su GPS activado y funcionando. Por los parlantes anuncian que faltan 90 segundos. Activo el teléfono con ese retraso y me lo meto al bolsillo. Ahora la cuenta regresiva: 10, 9, …, 3, 2, 1 partimos. El grupo se mueve lentamente, casi con letargo. Debe haber pasado como 1 minuto antes que pase el arco y comience instantáneamente a correr. Me siento extraordinario, y mi ritmo lo refleja. La masa sube por la Strasse des 17 juni, en dirección a la Columna de la Victoria, la que rodeamos por ambos lados Paso el primer kilómetro antes de los 6 minutos. Ese paso lo mantendré durante la primera hora.

El grupo se mueve muy parejo y bastante compacto, pero no hay roce. Procuro mantenerme sobre la Línea Azul, y por lo general lo logro. Cada poco un grupo musical está tocando. Bossa Nova, Rock, Jazz, no importan los estilos, la maratón es una fiesta de la ciudad y sus habitantes. A los lados se ubica la gente alentando, no se entiende por lo general el idioma, pero es una inyección permanente de ánimo. Este ambiente festivo se mantendrá durante toda la carrera, y sin exagerar, no hay 100 metros en que algún grupo de personas no se ubique con sus carteles y sus gritos, o tan solo con una mesa, y una cervezas y cosas para comer. Veo bandera de muchos países, pero llaman mi atención la gran concurrencia de mexicanos, y publico de los países nórdicos. También, los corredores con motivos: Contra el Alzheimer, la demencia senil, o la Esclerosis Múltiple. También los hay por una hija o una abuela enferma o que murió prematuramente. Todo es pasión y alegría.

A los 5 kilómetros aparece un punto de hidratación. Busco el isotónico y para cuando descubro que no hay ya el agua ha pasado. ¨mala suerte¨ pienso para mis adentros, tendré que aguantar hasta el próximo. Este llega aproximadamente en el kilómetro 8 o 9. Primero agua, agarro un vaso y tomo un sorbo. Después viene el té, boto el agua y tomo te. Esta frio a temperatura ambiente. Algunos metros más adelante, esta finalmente el isotónico. Dejo el té y bebo un vaso completo de esto último. Es una marca local que no conocía con un leve toque cítrico. La gente se agolpa frente a cada puesto de hidratación. Pareciera que, aun cuando las mesas están bien servidas, estas podrían ser muy cortas para la cantidad de gente, o que esta no entiende la lógica de distribución y se detiene a buscar. En todo caso, frente a cada puesto los corredores debemos bajar nuestro ritmo.

Cerca de los 12 kilómetros consumo mi segundo gel. El primero como siempre fue antes de partir. En el puesto de los 15, tomo agua, algunos sorbos. Por lo general evito el agua, ya que he tenido muy malas experiencias estomacales en carrera con este líquido. Pero quedo con “el paso cambiado”, y los geles debo apoyarlos con un poco de agua, ya que los puestos impares (5, 15, etc.) solo tiene agua. Y el plan es mantener los geles cada aproximadamente 10 kilómetros.

Sigo a buen ritmo. Paso los 20 kilómetros un minuto pasado las 2 horas. Me siento bien, y me ilusiono con una nueva marca para la distancia. Al pasar la mitad de la carrera, noto que me he retrasado 1 minuto, lo que le achaco al tiempo perdido en la hidratación. Siento que mantengo mi ritmo, y como siempre, corro por sensaciones. Para el kilómetro 25 me mantengo dentro de ese mismo rango de retraso, lo que me tranquiliza.

Cerca del kilómetro 27 me doy cuenta de que tránsito por un barrio absolutamente pueblerino. Casas de 2 a 3 pisos, con techos de 2 aguas, y maderas verdes y blancas delimitando la zona bajo esas aguas. La carrera ha transitado ya por barrios históricos y de edificios de oficinas o empresas. Ahora estamos donde vive la gente.

Me deleito viendo este anacronismo. Sin embargo, siento que no avanzo. Los kilómetros pasan más lentos. Decido adelantar el siguiente gel, por lo que aprovecho un abastecimiento en el kilómetro 28. Como ven, los puestos no están siempre en los múltiplos de 5. Volvemos a lo normal, fachadas corridas, hormigón, y avenidas más anchas. Me parece reconocer el barrio de la iglesia de la familia. Continuamos. He decidido disfrutar cada momento más que vivir para el reloj, por lo tanto, solo lo mirare en los controles cada 5 kilómetros. En los 30 ya tengo 15 minutos aproximadamente acumulados sobre los 6 minutos por kilómetro. Mi meta son los 7 minutos por kilómetro, por lo que todavía vamos muy bien.

Al acercarme al kilómetro 35, estoy en las cercanías de mi hotel. Zona conocida y caminada, con muchos comercios de marcas cara, y muy anchas avenidas. Pasada la boca calle que lleva al hotel está el control de los 35. Llevo 4 horas 20 aproximadamente. El llegar sub 5 horas todavía es posible, pero difícil. En un puesto en el kilómetro 37 tomo un poco de isotónico y un gel. En el 38 unas promotoras de Red Bull me convidan un vaso. Trato de apretar el paso, pero siento que me quedan pocas reservas. Nada duele realmente, solo un calorcillo en los cuádriceps y cansancio en la espalda. Ni siquiera esa sensación de “¿Quién me mando a meterme aquí?”. En algún punto antes de los 40 un pensamiento fugaz cruza por mi mente: “Si la Ángeles y el Seba estuvieran aquí con sus bicis, estarían sacándome ese trote que me falta”. Pero no están, y las piernas pesan.

A cada giro sueño con ver la Puerta de Brandemburgo, pero no llega. Paso el kilómetro 40 y decido no guardarme más. Aprieto el paso, el reloj dice que puedo lograrlo si me sacrifico esos últimos 2 kilómetros. Van 4:48 horas. Comienzo a adelantar a algunos corredores. De pronto visualizo la Puerta. Miro el reloj y se ha detenido. – No importa – Corro apuntando al arco del centro. Veo un fotógrafo justo antes de cruzarla y le grito “foto”, no sé si me la saca. Continúo corriendo, sé que me quedan esos últimos 195 metros. La gloria pasa sobre mi cabeza al cruzar el arco y elevar los brazos. No se mi tiempo… lo estimo alrededor de las 5 horas…. No importa.

Gradualmente voy bajando la velocidad y comienzo a caminar. Miro a mi alrededor, Todos sonríen emocionados. Unos 100 metros más adelante un grupo de lolitas reparten las medallas de finisher. Camino hacia ellas y la recibo en el cuello con una sonrisa. Luego, salgo hacia el parque cerrado, voy en busca de mi ropa pues me encuentro empapado. Por el camino recibo una bolsa con plátano, manzana, una barra de proteínas y chocolate, y frutos secos. Mas allá recibo un gran vaso de cerveza sin alcohol. Camino, siento y disfruto de ese momento y esa emoción. Soy feliz…. Aun cuando no logre mi objetivo, pues estuve en Berlín y termine su maratón sin ninguna molestia. Soy feliz porque durante 5 horas me conecté conmigo mismo y sentí pasar cada latido en unión con esa humanidad y naturaleza que me rodeaba.

Con los días me he preguntado que paso que quede tan cerca de esa meta. Mi tiempo oficial final fueron 5:01 con algunos segundos. Y lo único que podría explicar esos pocos minutos de diferencia sería el tiempo perdido en la hidratación. No solo el grupo bajaba su ritmo en cada uno de estos puestos, sino que, los líquidos eran suministrados en vasos plásticos, los que no permiten el ser aplastados para usar esa forma de embudo que facilita correr y beber al mismo tiempo. Por consiguiente, en cada puesto debí detenerme y caminar mientras bebía. Este simple echo podría explicar fácilmente unos 7 minutos del tiempo de carrera. Lo otro podría ser ese algo que podríamos llamar “vértigo”; ver que se puede hacer algo que esta mucho mas allá de nuestras mejores expectativas, y auto sabotearse. La maratón es una prueba con una componente mental fundamental…. Debo seguir trabajando en eso.

Deseo agradecer a Pilar, mi esposa, por su compañía y aliento. A Sebastián que a la distancia estuvo atento a darme consejo. A todos los amigos de Andesteam, que se preocuparon y preguntaron por mí. A Rodrigo y los Amigos de Olimpo, que también en la distancia estuvieron dándome fuerza. Y a toda mi familia por entender a este “Loco que corre” ….

Andrés Reisz – Socio Andesteam

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