• ++56 9 62093179
  • andesteam@gmail.com

El Primer Maratón de Dafna #RapaNui

El Primer Maratón de Dafna #RapaNui

La idea de volver a correr el Maratón de Rapanui rondaba mi mente desde la primera vez que corrí en esas tierras en el 2016. Sin embargo, el alto costo que esta aventura tiene era un freno para intentarlo.

Pero todo cambio un par de días antes de embarcarme en septiembre de 2017 hacia el Maratón de Berlín. Una llamada de Rodrigo Salas me invitaba a que corriéramos en Rapanui con Dafna.  Mi respuesta no se hizo esperar ni 24 horas: “Ahí estaremos”.  La siguiente pregunta ya era mas compleja: “¿y en que distancia participaría Dafna?”.  Lo pensé y le dije: Anotémosla en los 42. Es el mejor lugar para debutar. (Además de que como otras veces he comentado,  este siempre fue el maratón donde yo hubiera deseado debutar), por otra parte, sino llegara a estar preparada, podemos bajarla a los 21, que es una distancia que ya ha corrido una multitud de veces

De regreso de Berlín comencé con su preparación. La idea era, en primera instancia, ir aumentando la cantidad de kilómetros que ella hacía semanalmente o al mes, sin llevarla aún a romper alguna de esas míticas barreras como la de los 30 kms.  En teoría, estaba seguro de su potencialidad para realizar la distancia, dado que durante 2017 ya había corrido dos veces la Vuelta a la Laguna de Aculeo, en buenos tiempos, y terminando en excelentes condiciones. De este modo, nos inscribimos en varias carreras (al menos 3 promedio al mes) entre octubre y diciembre, de las cuales al menos 1 al mes era un 21k. Adicionalmente, la sume a mi preparación para el Maratón Costa del Pacifico, que Yo correría en diciembre, y en el cual ella haría los 21.

En mi preparación para los 42 del MdS, ella participó como si fuese a realizar esa distancia. Incluso se sumó en los largos que realicé. La idea era generar un proceso muy gradual de acostumbramiento, en el que su organismo pudiera, sin mayor drama, asimilar la mayor distancia. En esta gradualidad se integraron como pruebas de preparación: El Medio Maratón de Valdivia a fines de Enero, Santiago 21K y la primera fecha de la Vuelta a la Laguna de Aculeo en Marzo, y la segunda fecha de esta misma prueba en Mayo, Además de múltiples pruebas de 10 o menos kilómetros entremedio.

Otro temas era el trabajo de preparación psicológica. Un maratón, así como toda prueba de larga distancia, se inicia corriéndolo con el cuerpo y se concluye haciéndolo con la mente. La capacidad de sobreponerse al cansancio, los dolores y la frustración, no es otra cosa que la prueba de que estamos preparados para superar esos limites que nuestra mente y cerebro ha asumido como ciertos y verdaderos.  Y del cual el famoso Muro no es otra cosa que su mayor demostración: El momento en que dejamos de correr con el cuerpo y lo comenzamos a hacer con nuestra mente.

Con la tranquilidad de haber hecho un trabajo serio. Mucho menos sistemático de lo que los especialistas recomiendan, pero muchísimo mas adecuado a las aptitudes y capacidades de Dafna, iniciamos nuestra aventura la madrugada del 31 de Mayo.  Esa primera vez en un avión, con sus ansiedades y expectativas quedo grabada en su memoria. Lo mismo, que las grandes extensiones de mar y nubes que pudo visualizar por la ventana del avión, y la imagen de esa diminuta extensión de tierra que de repente surgió ante sus ojos, y que de golpe tocaron las ruedas del avión con gran ruido y alaraca.

En tierra nos esperan Rodrigo y Marcela que nos informan que nuestro alojamiento ha cambiado al Hotel Hanga Roa, el mejor según dicen de la isla. Recibimos nuestro collar de flores, y nos trasladan en un minibús hasta el Hotel. A esta altura ya hemos trabado amistad con una corredora norteamericana residente en Punta Arenas, y un corredor mexicano originario de Puebla. Sara y Antelmo se convierten de este modo en nuestros acompañantes en esta aventura. Y conjuntamente con los Ricardo Gómez (padre e hijo), Mauricio Quintanilla, y algunos amigos más, en los cómplices de este viaje no solo físico, sino que también espiritual.

Esa primera tarde se va entre descanso, pasear por los alrededores, y un breve entrenamiento para estirar las piernas. Un chapuzón en la piscina cierra la actividad deportiva.  Procurar adaptarse a las 2 horas menos, no es tan difícil salvo por el apetito que surge mas temprano de lo debido. Nos acostamos relativamente temprano, al día siguiente nos espera un tour por la isla, que sin ser excesivamente completo nos permite visualizar buena parte de los atractivos de Rapanui.

Esa tarde acordamos con Sara y Antelmo que al día siguiente iremos a ver el amanecer en Tongariki. Y como para esto se requiere arrendar un vehículo, aprovecharemos de visitar algunas de los lugares que no vimos el día anterior. La jornada es extenuante pero sumamente satisfactoria. Se aprende y se comparte, se disfruta el saberse unos privilegiados en el medio del Océano Pacifico, recibiendo los influjos del Mana.

Al regreso corresponde retirar el kit de competencia, y participar de la charla técnica y la tallarinata.  El largo día y el cansancio, sumado a la ansiedad de quien por primera vez enfrentara un desafío, del que muchos le han hablado y comentado, hacen presa del estómago de Dafna. Un agüita de hierbas, e irse a acostar a continuación son la clave para superarlo.

La largada el domingo es a las 10:15, por lo que nos levantamos a las 7 para poder desayunar tipo 8.  Un poco de reposo a continuación, y partimos caminando con mucha calma hacia la partida. Allí saludamos a los antiguos y nuevos amigos. Abrazos y buenos deseos.  Buenas Vibraciones. La ocasión de disfrutar se sobrepone mayoritariamente a las ansias de competir. Fotos y serfies acompañan la espera, y alguna que otra broma. Minutos antes de la hora señalada Rodrigo nos llama a encajonar. Todas las distancias parten juntas. Los 5 K recreativos para los niños. Los 10 y 21 para los mas avanzados. Y los 42 para los valientes y aventureros. Estos últimos debemos ubicarnos delante de todos para tener una salida más cómoda.  Rodrigo nos reitera las instrucciones del día anterior. Los segundos transcurren y un espíritu poderoso nos cubre. Una emoción inmensa que se comparte y se respira. Cuenta regresiva desde 10 y partimos.  El grupo bastante compacto se lanza en dirección al cementerio. Luego sube hacia la calle principal, y por esta después de algunas cuadras volvemos a girar para retornar del otro lado del arco de partida y lanzarnos por la costanera radiantes a la aventura.

 

En mi mente se van cumpliendo y corroborando las etapas clásicas que en cada carrera manifiesta Dafna. Una entrada en ritmo en que se queja de cansancio. Seguida de un comenzar a buscar el ritmo de carrera que mas le acomode.  En eso ya alcanzamos y superamos los primeros 2 puestos de hidratación. Bebemos en cada uno de ellos algo de Gatorade, y en el segundo de ellos, el de los 10 kilómetros, agregamos un gel. Procuramos correr juntos, ella se retrasa o adelanta, pero esencialmente se mantiene cerca.  Se le nota ya mas relajada, que disfruta del lugar y la carrera. Las personas con las que nos cruzamos nos alientan.

Nos cruzamos con Antelmo que va muy bien aspectado retornando en los 21 kilómetros.  Aproximadamente en el kilometro 15,5 vemos venir al primer corredor de los 42 K que retorna. Deberemos esperar casi un kilometro antes que nos encontremos con los corredores que lo escoltan.  La prueba ya solo es para los maratonistas.  Corremos en pequeños grupos. Con nosotros van 2 corredores de Hong Kong,  uno de los cuales había conocido y conversado con él la noche anterior en la tallarinata.  Transmiten gozo y entusiasmo en su actitud. Disfrutan el correr y el estar ahí.  Aproximadamente en el kilometro 18 se nos abre el paisaje. 180 o más grados de océano se presentan ante nuestros ojos. Comienza la gran bajada hacia Anakena. Aproximadamente 3 kilómetros  de abrupto descenso que nos acercaran a la famosa y bella playa. Un ultimo kilometro y medio nos deja frente al cono del retorno.  En medio de esta bajada nos encontramos con Sara, es la primera mujer en el maratón, posición que mantendrá hasta la meta.

En el cono de retorno hay un puesto de hidratación adicional. Nos ofrecen plátano y lo comemos. También se ubica el único baño del recorrido, el que aprovechamos.

Comenzamos el retorno. Nos cruzamos con varias personas que habíamos adelantado,  las que nos saludamos y alentamos.  Dafna se queja de cansancio por lo que el trote es muy suave. Al enfrentar la subida simplemente caminamos. Todos a nuestro alrededor lo hacen, no tiene mucho sentido desgastarse. Se procura mantener un buen ritmo.  Superada la subida, retornamos al trote. El cuerpo está más repuesto, y los ritmos mejoran.  Dafna engancha con una señora con la que nos conocimos en la subida y se adelanta un poco. Rápidamente la dejamos atrás (pero pisándonos los talones).  Se le ve relajada y disfrutando.

En el puesto de hidratación del kilómetro 30 consumimos, además del Gatorade, un gel, el cuarto de la jornada. Las sensaciones son bastante dispares; Yo ya siento los rigores de los kilómetros recorridos, el cansancio muscular acecha. Dafna se ve sumamente entera y lo demuestra asumiendo un ritmo y una actitud muy activa. A partir de este punto se mantiene delante de mí. Normalmente unos 100 a 200 metros. Cuando nota que he quedado muy atrás, baja el ritmo o simplemente camina, retornando a su carrera cuando me acerco. Muy gradualmente la distancia va aumentando, de modo que al acercarnos a la zona del aeropuerto, aproximadamente en el kilómetro 38, estimo ya vamos distanciados en cerca de un kilómetro, pues ya casi no logro verla.

Al aproximarme al último puesto de hidratación en el kilómetro 40, la veo en la distancia, detenida mirando hacia atrás. Cuando me ve retoma el trote, no se apura mucho, parece querer que me vaya acercando. Paulatinamente vamos quedando a algunos cientos de metros.

Al enfrentar la costanera, el kilómetro final, la aliento para que apure al paso y llegue a la meta. Finalmente, al visualizar la meta frente a ella, corre y la cruza riendo, recibiendo los aplausos y felicitaciones de los que están allí.  30 segundos aproximadamente después llego Yo.  La felicito y le pregunto cómo se siente. – “Bien, me gusto”- es la respuesta. En broma le propongo que la corramos de nuevo. – “Vamos”- responde sin dar lugar a duda alguna.

Después de beber varios vasos de hidratante, y comer unos plátanos, nos sentamos en una roca en la playa con las piernas en el agua. El masaje de las olas y su temperatura es muy reconfortante.  Conversamos sobre sus sensaciones. Se le ve feliz y entera, mucho más preocupada de donde están sus amigos, que del cansancio, que ciertamente tiene, pero no le produce ninguna molestia. Transmite alegría y entusiasmo. Le pregunto si le gustaría correr otra maratón en el futuro.  – “¿Contigo? ¿Dónde? Si”- Costa del Pacifico será el siguiente desafío. Tenemos 6 meses para seguir preparándonos.

Para terminar, solo me queda agradecer. A Sebastián Villarroel, el Coach de Andesteam, por su preocupación y consejo tanto en los entrenamientos como en el día a día.  A Rodrigo Salas y Marcela Sarmiento de Olimpo Producciones, por la invitación y el cariño que siempre nos han prodigado, y por mantener un evento tan mágico. A Mauricio Quintanilla por haber sido un partner tan bueno en todo este proceso de preparación, y por acompañar con sus fotos en Corredor Promedio cada uno de esos momentos competitivos, especialmente los de este Maratón.  A Magaly, Fernando y Marcela, nuestros compañeros de equipo que estuvieron en la Isla de Pascua, participando en las diversas pruebas, y alentándonos en los primeros y últimos kilómetros de carrera.  A los Ricardos, a Sara, a Antelmo, y a todos esos amigos con los que pudimos compartir antes, durante y después de la carrera, especialmente por el cariño y el aliento hacia Dafna, con lo que convirtieron esta experiencia deportiva en una experiencia de vida y compañerismo. A mi familia, y a todos los que estuvieron atentos a como se desarrolló este día mágico. En resumen, agradecer a la vida por permitirme compartir esta pasión con tanta gente, y especialmente con Dafna.

 

Andrés Reisz – Socio Andesteam

¡Comparte!
Jessica Medina