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Desafío Poqui – Los Misterios #TrailRunningDoñihue

Desafío Poqui – Los Misterios #TrailRunningDoñihue

El sábado recién pasado, 1 de julio,  participe en una prueba que convino varios de los grandes atractivos que puede tener el Trail; una prueba desafiante, un paisaje hermoso y una buena causa para estar allí.

El Desafío Poqui – Los Misterios es una prueba en formato travesía que se inicia a los pies del cerro Poqui,  bajando por el cerro Los Misterios y finalizando en la Plaza de la comuna de Doñihue, organizado a beneficio de los hermanos Olguín, para que puedan participar en los 330k de Tor de Geants 2017.

En esta aventura participé junto con mis amigos Jessica Medina y Mauricio Quintanilla con quienes viajamos juntos desde Santiago temprano en la mañana. Allá se nos unió Luis Concha con lo que completamos el equipo Andesteam.

El día había amanecido muy frio pero con un pronóstico de más de 20 grados, por lo que el vestuario tuvo que tener esto en cuenta.  Considerando la distancia y la altimetría informada, y los puestos de hidratación ofrecidos, llevaba algunos geles y barras de proteína y la mochila a media carga con Isorade.

Luego de retirar el kit en el gimnasio municipal, nos subimos a los buses que nos llevarían al punto de partida. La primera novedad fue que debido a las condiciones del camino, el bus nos dejó a como un kilómetro de la partida por lo que debimos caminar aprovechando de realizar un primer precalentamiento.  Cerca de las 10 de la mañana se nos entrega la charla técnica con un panorama de lo que debemos esperar encontrar por el camino.  En términos simples tenemos una primera parte en la que luego de una breve aproximación a los faldeos del cerro Poqui enfrentaremos una fuerte pendiente que en aproximadamente 4 kilómetros nos llevara de los 300 a los 1100 msnm. De allí continuaremos con un recorrido mayoritariamente ascendente hasta el kilómetro 10 donde encontraremos el primer puesto de hidratación a unos 1300 msnm.  A partir de ese punto todo debería ser bajar por los siguientes 9 kilómetros, para llegar al pueblo y recorrer algo más 1 kilómetro por asfalto para terminar en la Plaza de Armas de Doñihue.

Terminada la charla se da la largada.  Parto con calma pero a buen ritmo. Me encuentro con un camino con bastantes piedras y erosión, húmedo por las lluvias de las semanas anteriores, pero con una vegetación frondosa y bella. Luego de avanzar 2 kilómetros decido sacar los bastones para apoyar el avance y reducir el esfuerzo sobre las piernas. El sendero ya ha comenzado a ascender, y transcurre dentro de cursos erosionados por el agua, los que pueden variar entre 1 y 2 metros de profundidad. La tierra se siente húmeda pero por lo general no es barro, por lo que no cuesta tener una buena tracción en nuestros pasos. Esta estructura de la ruta nos acompaña hasta casi llegar a la cima del Poqui.  Ahí se nos abre el paisaje de la zona central en todo su esplendor.

Nos vemos rodeados de una vegetación dominada por los arbustos autóctonos de la zona: Espinos, Quebrachos, Boldo, Litre, y Colihue.  Los senderos están bien marcados, pero son estrechos y están bastante cubiertos por la vegetación, que por decirlo poéticamente nos acaricia las piernas, e incluso más arriba.  Siento que los kilómetros pasan demasiado lento. Procuro aprovechar cada oportunidad para trotar un poco, sin embargo, lo estrecho y accidentado no permiten mucho.  El marcaje con cintas azules produce dos efectos: Por una parte, las cintas contrastan contra la vegetación o el color del suelo. Sin embargo, cuando alguna de ellas se mira desde abajo, se pierde en el cielo.

Cuando ya nos acercamos al kilómetro 9 nos cruzamos con una persona de la organización quien nos consulta por nuestro abastecimiento de agua, y nos previene que en el punto de hidratación este se ha agotado, por lo que sugiere manejar nuestras mínimas reservas con discreción.  Considerando todas las condiciones esto es bastante difícil, pero se hace el esfuerzo.  Un poco más de un kilómetro más adelante nos encontramos con el puesto de abastecimiento en el que se encuentra mi amiga Leslie Andrea (la Chiky), quien con su amplia sonrisa nos da aliento. Finalmente hay agua de la que trato de beber bastante.  Realmente es un jugo aguado, que más allá de la recuperación de líquido no aporta mucho a la perdida de sales o energía. No importa, algo es algo y “peor es mascar lauchas” como dicen en el campo.  Además hay unos trozos de manzana, los que engullo con avidez.

Comienza el regreso, el descenso, lo hago con Dominga Oteiza, con quien nos hemos estado siguiendo desde hace un rato. Marco la ruta y ella me sigue. Cada cierto rato nos acercamos y conversamos un poco. Algo mas allá nos encontramos con Mauricio Quintanilla que saca fotos para Corredor Promedio, quien se nos une y acompaña.

El descenso esta algo más despejado. En una primera parte, la ruta es algo más amplia y con menos ramas cortando el paso. Sin embargo, ahora es el barro el que nos empieza a acompañar, especialmente en la zona más baja. Se buscan alternativas para sortear las partes más resbalosas.  Poco antes de llegar al segundo (y último) punto de hidratación, en una bella bajada con pastos verdes, paso a llevar una ramita de espino. Las espinas atraviesan la zapatilla y hieren mi pie obligándome a detenerme y retirar las espinas que se habían quedado pegadas.

Ya en el puesto bebo algunos vasos más de jugo (esta vez muy sabroso), y comienzo la zona final de la prueba por el asfalto. No me siento del todo bien. El calor, el esfuerzo y la falta de líquidos han hecho mella en mí. Camino y troto alternadamente ese último kilómetro, la verdad es que no producirá ninguna diferencia en el resultado final me digo para mí mismo. Cruzo la meta cuando ya han retirado toda la infraestructura. Cansado pero feliz.  Me reciben las sonrisas de Chiky y Dominga… y un vaso de Coca Cola helada….

En resumen tuvimos una bellísima y dura carrera, en que gozamos y sufrimos con las caricias de la naturaleza, de las que nuestra piel tiene recuerdos. Nos acompañó un día soleado que ilumino un paisaje glorioso.  A pesar de los problemas con la hidratación, fue una prueba casi redonda.  No nos queda más que agradecer la invitación y esperar que en el futuro nuevamente tengamos ocasión de visitar los cerros de la sexta región.

Andrés Reisz – Socio Andesteam

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