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Segunda Fecha #Aculeo2017

El sábado pasado participé, como vengo haciéndolo desde hace 3 años en forma ininterrumpida, en la segunda fecha de la Cofradía de la Laguna de Aculeo.  Toda la semana previa estuve entre temiendo y añorando que lloviera. No es que este loco, ni que me guste ducharme con ropa, sino que el ambiente que se vive en esta prueba es tal que uno quisiera vivirlo en sus diferentes manifestaciones. Y una de ellas que no me ha tocado experimentar es correr alrededor de la laguna con lluvia.

Sin embargo, la lluvia que azotó a buena parte de la zona central de Chile en los días previos, se detuvo y dio paso a un bello día, tibio y hasta un poco soleado.  Obviamente que el camino de tierra estaba un tanto inundado, pero también, ese mismo hecho le otorgaba una belleza sobrecogedora.

Comenzamos el día con nuestro desayuno tradicional, y partimos con Mauricio Quintanilla de Corredor Promedio hacia la Laguna con tiempo y muchas energías a pesar de no haber dormido muy bien la noche anterior.

Al llegar allá me percate que había olvidado traer mi mochila de hidratación, por lo que improvise una solución con una botella plástica que llene con jugo.

Poco antes de las 10 encajonamos todos los asistentes y escuchamos la tradicional arenga de Rodrigo Salas.  Luego la partida, y nos lanzamos a la  aventura. Los primeros kilómetros las piernas me pesaban bastante, por lo que todos mis esfuerzos se centraron en mantener el ritmo planificado, y sortear las pozas de agua.  Al llegar a la subida del kilómetro 4 “enganche primera” y comencé a distanciarme del grupo de 4 a 5 personas con las que iba. No es que me volviera loco y empezara a correr, sino que comencé a sentirme bien y deje que eso se reflejara en el placer de recorrer esa ruta.

Ensimismado por las sensaciones perdí un poco la noción de tiempo y espacio, y en cierto momento me encontré llegando al pavimento.  En este punto correspondía consumir mi segundo gel. Como varias veces ya he dicho aquí comienza una segunda carrera, la que tiene por meta esa “eterna recta” que va del puente Pintué hasta la meta en el camping Los Aromos.

Paso al trote por el puesto de abastecimiento, en donde me detengo unos instantes por 2 vasos de hidratante y un plátano.  Retomo el trote. Algo más allá me encuentro con Mauricio.

Conversando van pasando los kilómetros. Cuando faltan no más de tres siento que se me agotan las pilas. No hay molestias ni dolores, tan solo esa sensación de que se acabó el combustible. El último gel, el tercero, debería haberlo tomado unos tres a cuatro kilómetros antes, pero lo había postergado por tener el estómago medio revuelto.  Me lo trago junto con el saldo de jugo que queda en la botella, y procuro mantener el paso hasta que esta carga entre en circulación.

Poco antes de volver al camino de tierra ya me siento mejor.  Entramos hacia la meta, y paso bajo ella en algo más de 3 horas. No es mi mejor tiempo, pero me deja bastante satisfecho.

Al momento de la premiación me informo que he llegado tercero en mi categoría.

Andres Reisz – Socio Andesteam

15k para recordar #WingsForLife

Ya se hizo habitual levantarme temprano los días domingo, pero hoy el despertador suena antes de lo de costumbre. No me demoro ni un minuto en salir de la cama y comenzar con el ritual de preparación. Aunque en realidad, tengo todo listo desde ayer, así que sólo falta revisar un par de detalles, y esperar la hora para partir.

Pocos minutos antes de las 7, suena mi teléfono. Es Carlitos Román, que con la amabilidad que lo caracteriza, viene a buscarme para dirigirnos hacia el Parque O´Higgins, lugar definido como punto de partida, de la versión 2017 de Wings for Life World Run. Nunca me había llamado la atención este extraño formato de corrida. Eso de que la meta te persiga, me pone un tanto nerviosa. Si no fuera por Roxy, que me animó a participar, no estaría acá.

Desde que me inscribí, hasta ahora, el entusiasmo y la ansiedad han ido en aumento, quiero ver qué tan lejos puedo llegar. Las semanas previas, traté de ponerme las pilas en los entrenamientos, porque mi idea es, que el auto meta no me alcance antes de los 10 kilómetros. Distancia máxima que he estado corriendo, el último tiempo.

Con Carlitos, ya llegamos al parque, y a pesar que nos cuesta estacionar, estamos bien en la hora. Al rato nos encontramos con Andrés, y luego con Roxy y Magaly. Hacemos un poco de calentamiento, para seguir las indicaciones de los profes, y aprovechar de capear el intenso frío de la mañana. Como siempre la buena onda y el compañerismo del equipo, se hacen sentir. Conversamos un rato, comentamos cuantos kilómetros espera hacer cada uno, tomamos una foto y nos ponemos de acuerdo para juntarnos al regreso.

Faltan aproximadamente 10 minutos para que den la largada, ya estamos encajonados, y suena mi teléfono. Una grata sorpresa, es mi papá, que me avisa que viene llegando al parque, acompañado de mi sobrino de 6 años (mi fan N°1). Se levantaron temprano, y caminaron una distancia no menor, sólo para venir a desearme suerte. Pasan y pasan los minutos y no aparecen, empiezo a ponerme nerviosa y un tanto triste, porque mi sobrino siempre ha tenido la ilusión de verme participar en alguna de las corridas, de las que tanto le he hablado. A un minuto de la largada, al fin llegan, sólo me alcanza el tiempo para darles un beso, y tomar una foto para el recuerdo. Ellos se ven felices, con una cara de orgullo que nunca voy a olvidar. Me siento como si fuese un atleta de elite, a punto de correr un maratón…jajaja

A las 8 en punto, dan la largada, partimos juntas con Roxy y Magaly. Los primeros 5 kilómetros trato de hacerlos a un buen ritmo, porque sin haber revisado el circuito, imagino que no hay grandes subidas, y que el recorrido no será pesado. Pero me equivoco, los primeros kilómetros no son nada de fáciles. Al kilómetro 8 ya me siento cansada. Llego a pensar, que con suerte voy alcanzar el kilómetro 10.

Quizás, la emoción y el entusiasmo de la partida, hizo que comenzara más rápido de lo que debía. Pero al cruzar el kilómetro 10, de a poco empiezo a recuperar la energía, y me mentalizo en que todo lo que haga de ahí en adelante, será más que bueno, y habrá valido el esfuerzo.

Llego al kilómetro 10, y me siento en condiciones de ir por más. Como escucho entre los corredores, que el auto meta no está muy lejos, apuro el ritmo para avanzar unos 2 kilómetros. Paso el kilómetro 12, pero la meta aún no me atrapa. No me queda otra que seguir adelante, aunque mis piernas casi no me responden. No sé cómo logro avanzar hasta poco más allá del kilómetro 14, cuando escucho que ahora sí que viene el auto meta… En ese momento me acuerdo de las palabras de Sebastián, en el último entrenamiento…”corre fuerte, dale con todo”.

¡Y así lo hice, corrí lo más fuerte que pude, hasta que la meta me alcanzó!

 

Gloria Alvarez – Socia Andesteam

#mds2017: Mucho más que correr

Pensé mucho en si debía o no correr. Hice solo la mitad del entrenamiento y la tristeza de la temprana partida de mi sobrino me hizo pensar que sería tal vez irrespetuoso asistir a una fiesta deportiva.

Pero fui. Quise poner a prueba mi mente más que a mi cuerpo y quise dar una señal a los que seguimos acá de que debemos continuar y sí, que debemos celebrar la vida cada vez que podamos.

Los primeros kilómetros se disfrutaron. Correr con amigos y con el espíritu que se estaba viviendo fue muy gratificante. El clima estaba ideal, soleado pero fresco.

Ya en Av. Matta dejé que Daniel Escalona se adelantara. Se notaba su mejor preparación y que yo debía dosificar. Sinceramente espero que en una próxima oportunidad podamos repetir lo del año pasado e ir codo a codo hasta el final.

Llega el kilómetro 10, y voy bien. En Antonio Varas nos alcanzaron “volando” los punteros de los 21k. Es increíble verlos pasar.

Luego Procuro, Los Leones, cruzamos los otrora fatídicos 17km, mi checkpoint personal después de Lima el 2014. Viene Macul, Rodrigo de Araya y los primeros 20 km. Sigo bien, aunque ya noto un poco de desgaste.

En Vespucio empiezan los temores, serán un poco más de 10 km de subida pasando por la parte que menos me gusta del recorrido. Los primeros signos de dolor de piernas aparecieron acá. Mucho antes que el año pasado, cuando empecé a sufrir desde el kilómetro 33.

Fue duro, pero pude llegar sin demasiado daño a mi primera meta. Si bien no había entrenado lo suficiente, sabía que podía llegar a Escrivá de Balaguer.

El camino de bajada fue muy doloroso y de éxitos y fracasos. Pude mantener el paso, mucho más lento que al principio, pero también cedí en algunos puntos a la tentación de parar… Pero en mi mente había mucho en juego por lo que siempre pude retomar el trote sin dejar pasar mucho tiempo.

Es increíble el apoyo de la gente al lado del camino. Sin conocerte te alientan en un tono con el que es difícil no sentirse un poco héroe en medio de una hazaña… Bueno, y en realidad es así, cada uno en su hazaña personal.

Me encuentro con amigos. Después de mucho tiempo de intentarlo  finalmente corro un tramo junto a Daniel  Muñoz lo que me alegró mucho. Más tarde me apoyan, cuando casi se termina Andrés Bello, Sebastián y Ángeles. No pude devolverles su entusiasmo porque voy ya medio vacío, pero internamente agradezco mucho su apoyo.

Avanzo por Alameda, aun más lento que antes. Cada paso duele, pero hay que terminar. Al llegar a Plaza Italia se empieza a sentir el calor, pero el alivio del tunel de agua y el cada vez más sonoro apoyo de la gente ayudan.

jesus

Los últimos metros son confusos. Muchos sentimientos se mezclan con el cansancio. Me emociona como los distintos equipos de corredores se colocan a cada lado formando un pasadizo estruendoso y abrigador. Identifico a Javier Sandoval del equipo e incluso gente del Banco. Es una sensación difícil de describir pero paga todo el esfuerzo hasta el momento.

Un revoltijo de emociones me acompañan en la meta. Una voz en mi cabeza me dice levanta los brazos y lo hago, pero también alguna lágrima moja los ojos al mismo tiempo que una sonrisa trata de dibujarse en mi cara.

Valió la pena, el esfuerzo y el dolor. Cruzando la meta vencí a la mente y más importante aún, honré a la vida.

 

Jesús Figueroa – Socio Andesteam

#mds2017: Más que una simple meta

Cuando el destino te pone las cosas cuesta arriba es fácil rendirse en el camino y no terminar lo que se empezó. Con esta premisa tuve que lidiar los 10 meses que antecedieron a la MDS 2017.

La vida, caprichosa como de costumbre, se me puso difícil hace más menos un año. Problemas y más problemas fueron aconteciendo en el 2016, un mes eran dilemas familiares, otros de salud, al otro laborales etc. En fin fue complicado; pero como siempre el deporte ayuda a sobrellevar el estrés y siempre está ahí como amigo fiel.

Dentro de tanta tormenta, por fin hubo un momento de paz a principios de diciembre del año pasado y fue ahí donde decidí inscribirme a la MDS y correrla con la camiseta de mi equipo ANDESTEAM.

El coach me apoyo y rápidamente me puse al día con los entrenamientos, pero una vez más el destino me tenía preparadas más sorpresas. A mediados de febrero una lesión vieja en mi pierna izquierda reapareció, haciendo que frenara los entrenamientos para ir a rehabilitación kinésica. Con cuidado seguí adelante, pero como si no fuera suficiente a tres semanas de la carrera tuve un accidente y mi rodilla derecha se lesiono, sumado a otros problemas familiares, el panorama se veía negro.

A esas alturas, con la moral en el suelo, cualquiera se habría rendido. De hecho, lo considere una opción, pero… lo que no te mata te fortalece…. O quien no se arriesga no gana dicen por ahí; entonces (con la testarudez que me caracteriza) continué, conversamos con el coach, bajé el volumen de trote y le echamos para adelante con fe.

Llego el gran día:

Mi amiga Roxana me paso a buscar a las 6:50 AM para llegar al punto de encuentro con el team. Ahí estaban: Sebastián, Miriam, Dafna, Angeles, Mauricio, Carlos, Javier, Daniel, Carlitos, Magaly, Jesus, Luis, Andres, Gloria, Victor y Jessica (llego después). Todos felices y ansiosos en esta gran fiesta.

A las 8:35 dieron la largada y luego de un abrazo fraterno de Carlitos y de Javier, me fui a la aventura. Los primeros 5k los corrí rápido, con ansias de hacerlo lo mejor posible, pero con miedo a que mis rodillas no aguantaran.

Los siguientes 10k los corrí tranquila, era camino conocido; Av.Matta- Campo deporte- Pocuro- Av.Providencia… son mis lugares a diario, así que me sentía en casa.

Sin molestias graves y con el espíritu inquebrantable me lance en los últimos 6k. Sin medirme corrí lo más rápido que pude. Estaba tan feliz de haber sobrepasado tantas barreras, sin dejarme doblegar por las situaciones tristes de la vida, que no pensaba en nada más que correr con todas mis fuerzas.

Así llegue, completa, sin dolores y con una satisfacción tan profunda que mi alma se regocijaba de alegría.

1 hora 58 min: mi mejor tiempo en 21K

Definitivamente mi mejor meta, no solo deportiva, sino que de compromiso, perseverancia y convicción conmigo y de las cosas que puedo concretar.

giss

 

Lo logré

Agradecimientos infinitos a mi familia, a los coach y por supuesto al team (ANDESTEAM) por apoyarme siempre.

Las siguientes palabras son para ellos:

Si bien la meta se logró completar, no puedo hacer oídos sordos a las señales que me da el cuerpo. Estoy cansada de cuerpo y mente, necesito descansar y respirar por un momento, para volver al equilibrio físico y mental, por lo tanto, desde hoy me tomaré un break, iré al doc, descansare, me hare fuerte y cuando esté lista física y emocionalmente volveré.

Gracias por todo, sigan siendo este equipo de grandiosas personas, Nos veremos pronto.

Con Cariño.

Gissela Cabrera Ramos.

#mds2017: Gracias totales!

Sábado 01 de abril 11 horas. Estación Mapocho. Luego de 3 años de ausencia en esta gran fiesta llego a retirar mi kit de competición, como siempre un ambiente increíble invade el recinto, necesitaba sentir esa energía para terminar de convencerme que este año era mi reaparición, número 3153 sería el que me acompañaría  a recorrer Santiago.

Sabía que la noche sería larga pero esperaba que amaneciera luego para llegar al punto largada Cuando anuncian que estamos a minutos de partir , florecen un montón de emociones, entre alegría e incertidumbre pero el cañonazo anuncia que era hora de entregarlo todo , un recorrido conocido y una planificación hasta el kilómetro 21, desde ahí solo apelar a la experiencia de correr otras maratones.

 Kilómetro 30. Lugar donde por fin sentí la satisfacción de que si lograría mi objetivo y aparecen los agradecimientos a tanta gente que te apoya,  consejos y palabras de aliento.

Baquedano centro neurálgico de celebraciones se transforma en mi último masaje para llegar digno a los 42 es ahí donde mi gordo querido aparece como un ángel, reactivación muscular y a dejar lo que quedaba, 2 kilómetros me separaban de mi logro y ahí vamos escuchando a la gente, viéndolos pasar con sus medallas,  lucían  lindas con un cinto de muchos colores yo quería la mía y no dejaría que se me fuera de las manos, la meta a 100 mts, pisteando como un campeón, puño en alto, corazón hinchado y un gran grito de victoria.

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Por fin el cronómetro me decía 04:25:45  es el peor tiempo que he podido hacer, pero es el tiempo más disfrutado en maratón de santiago.

Orgulloso de mi equipo. Gracias ANDESTEAM! gracias FAMILIA! gracias AMIGOS!

GRACIAS TOTALES!

 

Victor MardonesSocio Andesteam

#mds2017 : Superando límites

Esta venía a ser la tercera vez que enfrentaba el Maratón de Santiago, y el quinto Maratón que corría.  En cada uno de ellos he adquirido algo de experiencia y he ido superando mis propias marcas. Sin embargo, y dado que esta distancia tiene mucho más de mental que las distancias menores, cada vez ha sido una experiencia nueva.

En esta ocasión creo que venía físicamente mejor que nunca, y mi confianza estaba muy bien aspectada dados los resultados obtenidos en todas las pruebas en que he participado en el último tiempo.

El domingo me levante tranquilo, y luego de tomar mi desayuno habitual, partí junto con mi hija Dafna hacia la Alameda. Ella iba por su tercer Medio Maratón de Santiago, y su séptimo u octavo 21 K.  Al llegar nos juntamos con nuestros amigos de Andesteam, y yo partí a realizar los rituales previos a toda carrera (dejar las cosas en guardarropía, ir al baño,  hacer un poco de calentamiento y estiramiento, etc.).

Son las 7:45 y ya estoy en el encajonamiento, luego de haber consumido un primer gel acompañado de un poco de hidratante que me había convidado Sebastián Villarroel. Me ubico según el tiempo que espero hacer, con la gente de “más de 4 horas”.  Los minutos pasan y la temperatura tanto física como anímica es muy agradable.  Cuenta regresiva y se da la partida, el grupo casi ni reacciona, se comienza a mover muy lentamente primero, y luego va aumentando. En cuanto se puede comienzo a trotar, paso el arco de partida y adopto un ritmo que siento cómodo y pausado.  Sin embargo, comienzo a adelantar a muchos corredores.  Yo no me preocupo de ello, corro de acuerdo con mis sensaciones y procuro mirar el reloj tan solo para tener algunas referencias para este relato.

Al entrar por Boucheff el grupo a mi alrededor se ha estabilizado,  ese será aproximadamente mi grupo de referencia por los siguientes 10 kms al menos.  Primer puesto de hidratación, una banda tributo a Queen interpreta Breakthru. Van 27 minutos. Consumo 2 vasos de Gatorade al trote, y continúo.  Tomar la caletera de la Autopista Central hasta Avenida Matta, y comenzar el primer ascenso.  La sombra de la arboleda en el bandejón central se agradece, y el aliento de la gente que nos grita es un aliciente más para continuar.

Poco antes de llegar a Vicuña Mackenna veo a Mauricio Quintanilla de Corredor Promedio sacando fotos,  me cruzo para aparecer en una, y casi no lo logro.  Ahí queda mi primera foto del día, un saludo al paso.

Continuamos por Grecia. Poco antes de llegar al kilómetro 10, y al segundo puesto de hidratación consumo el segundo gel, y otros 2 vasos de hidratante.  Han transcurrido 56 minutos desde la partida. Me siento perfecto,  alegre y energizado. Al tomar Campo de Deportes un Dj toca música Disco, para mis adentros pienso en lo variada y agradable que ha sido la música en ruta.

El Transito hasta Pocuro se siente como un mero trámite. En la esquina de Antonio Varas con Pocuro veo a mi amigo Osvaldo Villalobos, lo saludo al paso y el fuerte golpe de manos que nos damos me transmite el ánimo y la buena onda para asumir esa segunda subida del día.  Llegar a Los Leones saludando a varios niños que desean una palmada de ánimo. Damos la vuelta y enfrentamos el tercer puesto de abastecimiento, aquí cargo algo más de un vaso al trote, y a mantener el ritmo. De aquí en adelante los puestos deberían estar cada 3 kilómetros, y la temperatura se sigue percibiendo como muy agradable.

Los corredores a mi alrededor parecen ser los mismos, y en las veredas se agolpa el público que nos anima.  Como otras veces se escucha el grito de alguien: “Falta poco”.  No puedo dejar de pensar – Si tan sólo llevamos un tercio del camino –  No importa, mi cuerpo ha reaccionado perfectamente, y he decidido ajustarme al plan de alimentación e hidratación, y gozar del viaje lo más que se pueda.

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Al pasar frente al Mc Donald de Grecia me imagino lo agradable que seria que salieran a pasarme una hamburguesa. Casi sin darme cuenta llegamos a Rodrigo de Araya. Decido postergar el tercer gel para el kilómetro 21, para así complementarlo con un par de vasos de hidratante. Paso ese punto de control en 2:05 horas, un tiempo similar (incluso levemente menor) que el realizado en mi último medio maratón, pero ahora tan solo estoy a mitad del recorrido. Recibo una esponja con agua que estrujo sobre mi cuello para refrescarme.  Ahora solo falta enfrentar una breve subida por Avenida Grecia, dar la vuelta a la rotonda y empalmar con Américo Vespucio. Hasta aquí las calles han sido casi solo para nosotros, ahora deberemos compartirlas con los automovilistas.

Al cruzar Larraín miro el reloj, van aproximadamente 2 horas y media. En cada puesto de abastecimiento bebo un vaso de hidratante al paso. Continuo sintiéndome muy a gusto, aun cuando no puedo negar que ya percibo algunos signos de cansancio, principalmente en las pantorrillas. Nada grave.  Casi en el cruce con Tobalaba y Príncipe de Gales, alguien está regalando trozos de plátano, no parece ser de la organización del evento. Elijo uno que parece no estar demasiado verde, y arrojo la cascara al suelo junto con las muchas otras que cubren el pavimento. Alguien comenta con sus amigos que es como en el Mario Kart para darse un impulso.

Pasando Avenida Colon saco de mi bolsillo una barra de cereal y le doy un mordisco.  Comienzo a sentir algún tipo de sensación de “hambre”, y sé que debo reaccionar a tiempo.  Me cuesta masticarla y tragar por lo que decido guardar el resto para cuando tenga líquido a mano.

Al aproximarme a la Kennedy consumo el cuarto gel, el que acompaño con 2 vasos más de Gatorade en el puesto del kilómetro 30. El cansancio en las piernas ha ido aumentando, y algunos micro calambres se han presentado en ubicaciones poco habituales. Realizo algunos cambios en la zancada para atenuar las molestias, lo que funciona bastante bien.  Hasta aquí me siento mucho mejor que en los años anteriores. Sin embargo, consciente o inconscientemente sé que me aproximo a la parte en que siempre me ha tocado sufrir: la última subida por Francisco de Aguirre.

No bien giro en la esquina de Francisco de Aguirre  siento un fuerte pinchazo en un muslo, el cual es acompañado de un calambre en el gemelo de la otra pierna. Decido caminar un poco, e ir haciendo algunos movimientos de elongación y soltura para que ceda la molestia. Al llegar a Luis Carrera, procuro lentamente retomar el trote. Los dolores son soportables pero amenazan agravarse por lo que hasta el siguiente puesto de hidratación combino el caminar a paso rápido con un trote suave.  Ya bajo el paso sobre nivel de Américo Vespucio con Escrivá de Balaguer, donde se ubica el punto de abastecimiento,  me detengo y consumo con calma 2 vasos de hidratante y uno de agua. Me mojo la cabeza con una esponja y decido recomenzar el trote.

Ya en Avenida Bicentenario, aproximadamente frente a la municipalidad de Vitacura me encuentro con María de los Ángeles Córdova quien anda en bicicleta.  Me acompaña y alienta, y me convida una Red Bull. La bebo mientras troto.  Poco más allá se nos une Sebastián también en bicicleta.  Los dos me acompañaran hasta casi llegar a la meta.

Pasando Andres Bello con Vitacura encontramos a Mauricio Quintanilla sacando fotos.  Se ubica a mi lado y trotamos juntos.  La conversación distrae y ayuda a ir superando los kilómetros.  Mentalmente llevo una cuenta regresiva: faltan 7 kilómetros.  Él se detiene o adelanta cada tanto para fotografiar a los corredores o saludar a alguien. Franqueado por mis tres amigos llego hasta el giro que se da para tomar Providencia. Mauricio se despide, y Yo me detengo unos instantes a beber en el puesto de hidratación que está allí. Un par de vasos, y a continuar. Restan tan solo 3 kilómetros.

Cuesta recomenzar, nuevamente las piernas comienzan a pesar y doler.  Se puede continuar pero es difícil acelerar el paso. Ángeles me grita: “Puedes lograrlo, las 5 horas están ahí mismo,  no puedes ceder ahora”.  Sebastián también me presiona y alienta. Son dos “Pepe Grillo” que me reiteran lo que ya se: La meta está al alcance de la mano, y el objetivo que me había fijado para cumplir en los maratones de este año 2017 puedo lograrlo en el primero de ellos.

Plaza Italia. Pasar bajo unos surtidores para refrescarse más por un asunto lúdico que por que realmente sienta calor. Tomar la Alameda, la gente con que nos cruzamos, sean corredores o público, corean los gritos de Ángeles. – Dale Andres… Tu puedes –  La meta está cada vez más cerca, lo sé y mi cuerpo lo sabe. Llegar a Mac Iver es como un instante. Entrar al último tramo, la zona del encajonamiento. Esos últimos 195 metros. El reloj marca algo más de 5 horas. Apretó el paso lo más que mis piernas dan. Gozo esos instantes eternos. “El dolor es pasajero, la Gloria es eterna” leí en un cartel durante el recorrido.  Elevo los brazos y cruzo la meta,  he roto mis propios límites.   Continúo en movimiento hasta encontrarme con una joven que me sonríe y pone la medalla de finisher en mi cuello.  Creo que Yo también le sonrió y agradezco…

Finalmente he superado el Maratón en que más sufro. Fueron 5:02:47 horas de vivir una ruta, y compartir con los demás corredores. De recibir el apoyo de un público que, creo seriamente, se asombra y admira de que existan personas que deseen llevar sus cuerpos al límite y enfrentar una distancia que ni siquiera pueden imaginar lo que es: 42 kilómetros.  Gracias al trabajo previo realizado, al esfuerzo del día, y el apoyo de tanta gente, especialmente mis amigos Ángeles, Sebastián y Mauricio, logre superar con creces las expectativas que tenía para esta ocasión.  Ahora solo queda recuperar el cuerpo, y comenzar a planificar los siguientes desafíos que se tienen para este año. Romper la barrera de las 5 horas está a un paso…

Deseo agradecer a todos los que me han ayudado para lograr este éxito. A mis padres y familia por apoyarme y alentarme. A los amigos y amigas de Andesteam, por mostrarme mis fortalezas y debilidades, y superarlas conmigo. A Osvaldo Villalobos por darme su aliento en esos kilómetros iniciales; Amigo espero verte en las pistas pronto y recuperado. A Ángeles y Sebastián por presionarme y alentarme esos últimos 8 o 9 kilómetros, sé que este día iba a rebajar mi mejor tiempo en la distancia, pero sin Ustedes no lo habría hecho tan bien. A Mauricio que normalmente esta y me acompaña en ese punto exacto de la carrera en que se necesita a alguien que te marque un ritmo y te distraiga del cansancio, y que eternice ese instante con una excelente fotografía.

A todos… Gracias…

Andrés Reisz – Socio Andesteam