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Nuevos desafíos #TriatlóndeArica

Desde comienzo de año venía pensando en que me gustaría realizar una carrera de largo aliento en un lugar nuevo, que me diera la oportunidad de seguir conociendo Chile y disfrutar del circuito.

Arica fue el destino escogido y me inscribí en el medio ironman (N°10 de mi carrera deportiva),  primera versión de los evento Tougman (productora de triatletas.cl), en esa región. Distancia que siempre es dura por lo que hay que llegar con buenos volúmenes de entrenamiento y sin lesiones, para cubrir los 1.9 kms de nado, 90 kms de ciclismo y 21 kms de trote.

Además este tipo de competencias deportivas siempre son una gran oportunidad de poder viajar, conocer nuevos amigos y lo mejor de nuestro lindo país.

 

Las últimas semanas de preparación fueron un poco complicadas con el clima de Santiago, frío intenso y contaminación , mala combinación para entrenar en exteriores, de modo que la mayoría de los entrenamientos fueron indoor y los últimos días previos a la carrera me los tomé con un poco de más  de calma para llegar descansado a la competencia.

 

Ya ese día domingo, con un clima cálido, me junto con unos amigos (Danae y Pablo, del club San Bernardo), y nos dirijimos al parque cerrado, donde aproximadamente eran unos 300 triatletas. 60 íbamos por la distancia completa.

 

Al momento de calentar en el segmento de natación, el agua estaba muy helada, lo que confirma que en nuestras costas de norte a sur no tenemos aguas cálidas, así que haciendo varias entradas y salidas cortas, logro entrar algo en calor.

Ya en la largada el circuito de natación no era nada de fácil, traté de mantenerme en un grupo, donde la navegación era importante para no perder el rumbo, y ya saliendo del agua venía la parte de ciclismo, donde el enfoque era ir pillando y manteniendo un ritmo constante en los 90 kms, lo cual pude lograr y a la vez, disfrutar de los hermosos paisajes que ofrecía el circuito (flora y fauna).

En la parte del trote había que completar 4 giros. La fuerza mental fue uno de los factores más importantes, ya que la energía con 3- 4 horas de competencia comienza a bajar y es sólo la experiencia y la motivación por cruzar la meta lo que nos lleva a cruzar los límites físicos.

Los 2 primeros giros fueron a un ritmo bueno, pero los últimos 2 giros, fueron más  cabeza y corazón, logrando cruzar la meta en un tiempo de de 4:45 horas,  lo que me deja muy conforme con mi rendimiento.

 

Aprovecho de agradecer a mi equipo Andesteam, del cual soy entrenador. Los chicos son los mejores alentándome a seguir compitiendo y me ven como un  modelo, donde cualquier meta es posible gracias al trabajo, esfuerzo y pasión que le dedicamos.

También a mi pareja Ángeles, que siempre me apoya en todo momento. Esta vez extrañé sus gritos de aliento y su campanita que me despierta en los momentos críticos de carrera, pero en mi mente y corazón estuvo toda la carrera junto a con mi pequeño Gaspar.

Por último agradecer también a las marcas que apoyan a nuestro equipo, Scientific Body con hidratación y suplementos deportivos, Sportsalud que nos mantiene sanos con todos sus cuidados y la tienda el Bunker con sus productos deportivos de primera categoría.

 

Sebastián Villarroel – Coach Andesteam

El Primer Maratón de Dafna #RapaNui

La idea de volver a correr el Maratón de Rapanui rondaba mi mente desde la primera vez que corrí en esas tierras en el 2016. Sin embargo, el alto costo que esta aventura tiene era un freno para intentarlo.

Pero todo cambio un par de días antes de embarcarme en septiembre de 2017 hacia el Maratón de Berlín. Una llamada de Rodrigo Salas me invitaba a que corriéramos en Rapanui con Dafna.  Mi respuesta no se hizo esperar ni 24 horas: “Ahí estaremos”.  La siguiente pregunta ya era mas compleja: “¿y en que distancia participaría Dafna?”.  Lo pensé y le dije: Anotémosla en los 42. Es el mejor lugar para debutar. (Además de que como otras veces he comentado,  este siempre fue el maratón donde yo hubiera deseado debutar), por otra parte, sino llegara a estar preparada, podemos bajarla a los 21, que es una distancia que ya ha corrido una multitud de veces

De regreso de Berlín comencé con su preparación. La idea era, en primera instancia, ir aumentando la cantidad de kilómetros que ella hacía semanalmente o al mes, sin llevarla aún a romper alguna de esas míticas barreras como la de los 30 kms.  En teoría, estaba seguro de su potencialidad para realizar la distancia, dado que durante 2017 ya había corrido dos veces la Vuelta a la Laguna de Aculeo, en buenos tiempos, y terminando en excelentes condiciones. De este modo, nos inscribimos en varias carreras (al menos 3 promedio al mes) entre octubre y diciembre, de las cuales al menos 1 al mes era un 21k. Adicionalmente, la sume a mi preparación para el Maratón Costa del Pacifico, que Yo correría en diciembre, y en el cual ella haría los 21.

En mi preparación para los 42 del MdS, ella participó como si fuese a realizar esa distancia. Incluso se sumó en los largos que realicé. La idea era generar un proceso muy gradual de acostumbramiento, en el que su organismo pudiera, sin mayor drama, asimilar la mayor distancia. En esta gradualidad se integraron como pruebas de preparación: El Medio Maratón de Valdivia a fines de Enero, Santiago 21K y la primera fecha de la Vuelta a la Laguna de Aculeo en Marzo, y la segunda fecha de esta misma prueba en Mayo, Además de múltiples pruebas de 10 o menos kilómetros entremedio.

Otro temas era el trabajo de preparación psicológica. Un maratón, así como toda prueba de larga distancia, se inicia corriéndolo con el cuerpo y se concluye haciéndolo con la mente. La capacidad de sobreponerse al cansancio, los dolores y la frustración, no es otra cosa que la prueba de que estamos preparados para superar esos limites que nuestra mente y cerebro ha asumido como ciertos y verdaderos.  Y del cual el famoso Muro no es otra cosa que su mayor demostración: El momento en que dejamos de correr con el cuerpo y lo comenzamos a hacer con nuestra mente.

Con la tranquilidad de haber hecho un trabajo serio. Mucho menos sistemático de lo que los especialistas recomiendan, pero muchísimo mas adecuado a las aptitudes y capacidades de Dafna, iniciamos nuestra aventura la madrugada del 31 de Mayo.  Esa primera vez en un avión, con sus ansiedades y expectativas quedo grabada en su memoria. Lo mismo, que las grandes extensiones de mar y nubes que pudo visualizar por la ventana del avión, y la imagen de esa diminuta extensión de tierra que de repente surgió ante sus ojos, y que de golpe tocaron las ruedas del avión con gran ruido y alaraca.

En tierra nos esperan Rodrigo y Marcela que nos informan que nuestro alojamiento ha cambiado al Hotel Hanga Roa, el mejor según dicen de la isla. Recibimos nuestro collar de flores, y nos trasladan en un minibús hasta el Hotel. A esta altura ya hemos trabado amistad con una corredora norteamericana residente en Punta Arenas, y un corredor mexicano originario de Puebla. Sara y Antelmo se convierten de este modo en nuestros acompañantes en esta aventura. Y conjuntamente con los Ricardo Gómez (padre e hijo), Mauricio Quintanilla, y algunos amigos más, en los cómplices de este viaje no solo físico, sino que también espiritual.

Esa primera tarde se va entre descanso, pasear por los alrededores, y un breve entrenamiento para estirar las piernas. Un chapuzón en la piscina cierra la actividad deportiva.  Procurar adaptarse a las 2 horas menos, no es tan difícil salvo por el apetito que surge mas temprano de lo debido. Nos acostamos relativamente temprano, al día siguiente nos espera un tour por la isla, que sin ser excesivamente completo nos permite visualizar buena parte de los atractivos de Rapanui.

Esa tarde acordamos con Sara y Antelmo que al día siguiente iremos a ver el amanecer en Tongariki. Y como para esto se requiere arrendar un vehículo, aprovecharemos de visitar algunas de los lugares que no vimos el día anterior. La jornada es extenuante pero sumamente satisfactoria. Se aprende y se comparte, se disfruta el saberse unos privilegiados en el medio del Océano Pacifico, recibiendo los influjos del Mana.

Al regreso corresponde retirar el kit de competencia, y participar de la charla técnica y la tallarinata.  El largo día y el cansancio, sumado a la ansiedad de quien por primera vez enfrentara un desafío, del que muchos le han hablado y comentado, hacen presa del estómago de Dafna. Un agüita de hierbas, e irse a acostar a continuación son la clave para superarlo.

La largada el domingo es a las 10:15, por lo que nos levantamos a las 7 para poder desayunar tipo 8.  Un poco de reposo a continuación, y partimos caminando con mucha calma hacia la partida. Allí saludamos a los antiguos y nuevos amigos. Abrazos y buenos deseos.  Buenas Vibraciones. La ocasión de disfrutar se sobrepone mayoritariamente a las ansias de competir. Fotos y serfies acompañan la espera, y alguna que otra broma. Minutos antes de la hora señalada Rodrigo nos llama a encajonar. Todas las distancias parten juntas. Los 5 K recreativos para los niños. Los 10 y 21 para los mas avanzados. Y los 42 para los valientes y aventureros. Estos últimos debemos ubicarnos delante de todos para tener una salida más cómoda.  Rodrigo nos reitera las instrucciones del día anterior. Los segundos transcurren y un espíritu poderoso nos cubre. Una emoción inmensa que se comparte y se respira. Cuenta regresiva desde 10 y partimos.  El grupo bastante compacto se lanza en dirección al cementerio. Luego sube hacia la calle principal, y por esta después de algunas cuadras volvemos a girar para retornar del otro lado del arco de partida y lanzarnos por la costanera radiantes a la aventura.

 

En mi mente se van cumpliendo y corroborando las etapas clásicas que en cada carrera manifiesta Dafna. Una entrada en ritmo en que se queja de cansancio. Seguida de un comenzar a buscar el ritmo de carrera que mas le acomode.  En eso ya alcanzamos y superamos los primeros 2 puestos de hidratación. Bebemos en cada uno de ellos algo de Gatorade, y en el segundo de ellos, el de los 10 kilómetros, agregamos un gel. Procuramos correr juntos, ella se retrasa o adelanta, pero esencialmente se mantiene cerca.  Se le nota ya mas relajada, que disfruta del lugar y la carrera. Las personas con las que nos cruzamos nos alientan.

Nos cruzamos con Antelmo que va muy bien aspectado retornando en los 21 kilómetros.  Aproximadamente en el kilometro 15,5 vemos venir al primer corredor de los 42 K que retorna. Deberemos esperar casi un kilometro antes que nos encontremos con los corredores que lo escoltan.  La prueba ya solo es para los maratonistas.  Corremos en pequeños grupos. Con nosotros van 2 corredores de Hong Kong,  uno de los cuales había conocido y conversado con él la noche anterior en la tallarinata.  Transmiten gozo y entusiasmo en su actitud. Disfrutan el correr y el estar ahí.  Aproximadamente en el kilometro 18 se nos abre el paisaje. 180 o más grados de océano se presentan ante nuestros ojos. Comienza la gran bajada hacia Anakena. Aproximadamente 3 kilómetros  de abrupto descenso que nos acercaran a la famosa y bella playa. Un ultimo kilometro y medio nos deja frente al cono del retorno.  En medio de esta bajada nos encontramos con Sara, es la primera mujer en el maratón, posición que mantendrá hasta la meta.

En el cono de retorno hay un puesto de hidratación adicional. Nos ofrecen plátano y lo comemos. También se ubica el único baño del recorrido, el que aprovechamos.

Comenzamos el retorno. Nos cruzamos con varias personas que habíamos adelantado,  las que nos saludamos y alentamos.  Dafna se queja de cansancio por lo que el trote es muy suave. Al enfrentar la subida simplemente caminamos. Todos a nuestro alrededor lo hacen, no tiene mucho sentido desgastarse. Se procura mantener un buen ritmo.  Superada la subida, retornamos al trote. El cuerpo está más repuesto, y los ritmos mejoran.  Dafna engancha con una señora con la que nos conocimos en la subida y se adelanta un poco. Rápidamente la dejamos atrás (pero pisándonos los talones).  Se le ve relajada y disfrutando.

En el puesto de hidratación del kilómetro 30 consumimos, además del Gatorade, un gel, el cuarto de la jornada. Las sensaciones son bastante dispares; Yo ya siento los rigores de los kilómetros recorridos, el cansancio muscular acecha. Dafna se ve sumamente entera y lo demuestra asumiendo un ritmo y una actitud muy activa. A partir de este punto se mantiene delante de mí. Normalmente unos 100 a 200 metros. Cuando nota que he quedado muy atrás, baja el ritmo o simplemente camina, retornando a su carrera cuando me acerco. Muy gradualmente la distancia va aumentando, de modo que al acercarnos a la zona del aeropuerto, aproximadamente en el kilómetro 38, estimo ya vamos distanciados en cerca de un kilómetro, pues ya casi no logro verla.

Al aproximarme al último puesto de hidratación en el kilómetro 40, la veo en la distancia, detenida mirando hacia atrás. Cuando me ve retoma el trote, no se apura mucho, parece querer que me vaya acercando. Paulatinamente vamos quedando a algunos cientos de metros.

Al enfrentar la costanera, el kilómetro final, la aliento para que apure al paso y llegue a la meta. Finalmente, al visualizar la meta frente a ella, corre y la cruza riendo, recibiendo los aplausos y felicitaciones de los que están allí.  30 segundos aproximadamente después llego Yo.  La felicito y le pregunto cómo se siente. – “Bien, me gusto”- es la respuesta. En broma le propongo que la corramos de nuevo. – “Vamos”- responde sin dar lugar a duda alguna.

Después de beber varios vasos de hidratante, y comer unos plátanos, nos sentamos en una roca en la playa con las piernas en el agua. El masaje de las olas y su temperatura es muy reconfortante.  Conversamos sobre sus sensaciones. Se le ve feliz y entera, mucho más preocupada de donde están sus amigos, que del cansancio, que ciertamente tiene, pero no le produce ninguna molestia. Transmite alegría y entusiasmo. Le pregunto si le gustaría correr otra maratón en el futuro.  – “¿Contigo? ¿Dónde? Si”- Costa del Pacifico será el siguiente desafío. Tenemos 6 meses para seguir preparándonos.

Para terminar, solo me queda agradecer. A Sebastián Villarroel, el Coach de Andesteam, por su preocupación y consejo tanto en los entrenamientos como en el día a día.  A Rodrigo Salas y Marcela Sarmiento de Olimpo Producciones, por la invitación y el cariño que siempre nos han prodigado, y por mantener un evento tan mágico. A Mauricio Quintanilla por haber sido un partner tan bueno en todo este proceso de preparación, y por acompañar con sus fotos en Corredor Promedio cada uno de esos momentos competitivos, especialmente los de este Maratón.  A Magaly, Fernando y Marcela, nuestros compañeros de equipo que estuvieron en la Isla de Pascua, participando en las diversas pruebas, y alentándonos en los primeros y últimos kilómetros de carrera.  A los Ricardos, a Sara, a Antelmo, y a todos esos amigos con los que pudimos compartir antes, durante y después de la carrera, especialmente por el cariño y el aliento hacia Dafna, con lo que convirtieron esta experiencia deportiva en una experiencia de vida y compañerismo. A mi familia, y a todos los que estuvieron atentos a como se desarrolló este día mágico. En resumen, agradecer a la vida por permitirme compartir esta pasión con tanta gente, y especialmente con Dafna.

 

Andrés Reisz – Socio Andesteam

El Triatlón más duro de Chile #TriSanJuan

A mediados de año nos llegó la información del Tri San Juan de la Costa, del cual no teníamos mucha información, pero cómo una de las ventajas del deporte es que te permiten conocer,viajar y disfrutar de nuevos lugares , nos motivamos en ir a competir a esta hermosa Triatlón.

No teníamos mucha idea en donde se ubicaba el circuito “San Juan de la costa” , ni menos “Bahía Mansa” sin embargo  revisando el mapa  este lugar se ubica a unos 63 km de la costa de Osorno: un lugar no muy conocido, lleno de lindos paisajes, bosques, harto calor , subidas y bajadas, y un mar frío y cautivante.

Desde ahí comenzamos a entender  porqué lo llaman el “triatlón más duro de Chile”. Una carretera de altas pendientes y fuertes curvas; un mar que no supera los 10 grados y un duro circuito de trote…con este panorama ya comenzamos a entender  de lo  que se trataba… el día anterior de la carrera pude probar el circuito y dar fe de lo duro que sería, por ello sólo quedaba concentrarme y  dar lo mejor de mi.

En cuanto a la preparación de la  carrera continuó con normalidad desde noviembre (cumpliendo con los entrenamientos de natación , circuitos de subidas en el ciclismo y marcando buenos ritmos de trote) , pero durante el mes de enero a causa de una caída en mtb, tuve que estar un par de semanas sin hacer buenos entrenamientos por un fuerte golpe en las costillas.

 La estrategia de carrera era salir bien del agua , sin perderse , hacer buenas transiciones, promediar una buena velocidad en el ciclismo para recuperar lugares y en el trote a realizarlo con todas las fuerzas posibles para ir pillando a triatletas en las subidas. El plan se cumplió casi por completo, pero en momentos faltaba la concentración de ir pendiente del circuito y no del paisaje , era complicado no mirar maravillado los increíbles paisajes.

Llegando 15° en la general y 6to en la categoría, con un tiempo de 2:25 , quedé muy conforme y entusiasmado para las próximas competencias que se  vienen, con ganas de seguir entrenando y exigiendo a mi cuerpo, ya que la motivación esta muy alta.

 Doy gracias a mi pareja que me acompaña en todo momento y aperra junto a mí en estos desafíos, que me alienta y motiva para seguir mejorando y esforzándome por los objetivos a cumplir, y a todo el equipo Andesteam que nos motivan y entregan sus palabras de aliento, donde da gusto ponerse la camiseta del equipo y mojarla a concho.

Sebastián VillarroelCoach Andesteam

Empezar bien el año #21k #Valdivia

Este año vuelvo a correr la media maratón de Valdivia. En esta ocasión también me acompaña mi hija Dafna, y el viaje lo realizamos en bus antes para tener tiempo para conocer más la zona. Partimos el viernes por la noche y regresamos el domingo al anochecer.

Al llegar a Valdivia, pasado las 8 de la mañana, un rico desayuno en la terminal nos recibe. Después pasear un poco para hacer hora para el check in en el hostal. El día esta tibio, y cada rincón que miramos nos recuerda nuestra anterior visita.

Ya en el hostal, un descanso y hacer hora para almorzar e ir a retirar el kit. Conversar con los amigos, Mauricio, Marcela, Rodrigo. Ir a ver la torre del péndulo en la costanera, y explicarle a Dafna, que las variaciones de posición de un Péndulo de Foucault prueban la rotación de la tierra. El suelo gira bajo el péndulo. ¡Que paradigmático concepto!

Pasear por Valdivia, comer temprano e irse a dormir para tener las fuerzas para correr a la mañana siguiente.

A las 6 ya estoy en pie. Ducharse para despertar, ponerse la ropa que se dejo preparada la noche anterior. Tomar el desayuno que se nos dejo servido. Salir con tiempo para ir al encuentro del bus que nos llevara a Niebla, frente al cuartel de bomberos, al punto de partida.

Las fotos de rigor. Los saludos y abrazos a los amigos y conocidos. Todos los rituales se van cumpliendo. Estamos atentos a las instrucciones de Rodrigo, por lo que unos 10 minutos antes de la hora ya estamos encajonando. Escuchamos su habitual arenga, el saludo de los antiguos, a los que debutan en la prueba. Un minuto. Nos deseamos suerte. Le digo a Dafna que procure mantenerse a mi lado y no retrasarse.

Partimos. Un paseo por Niebla. Vamos entre calentando y a un buen ritmo, todos muy juntos, disfrutando de una mañana esplendorosa. Al salir de Niebla, después de unos 2 kilómetros, empezamos a bordear el rio Valdivia. Dafna se entusiasma a ratos y se adelanta un poco, luego cambia de ritmo y retorna a mi lado. En una de esas se queda atrás. No me preocupo en un principio, pues, normalmente se mantiene cerca. Pero, al rato ya no la veo y regreso a buscarla. La cara de asombro de los corredores que me ven correr devuelta me da un poco de risa. Unos 300 metros más atrás me la encuentro y retomamos juntos la carrera. Alguien que nos conoce comenta: “Grande Papa”. Disfrutamos esos momentos juntos, compartiendo una pasión. Llevamos algo más de 4 kilómetros.

Kilometro 5, primer puesto de hidratación. Tomo 1 vaso de isotónico acompañado de mi primer gel, el que no había consumido antes de partir. Seguimos juntos.

Poco a poco Ella se adelanta. Solo algunos metros. La veo avanzar y después mirar hacia atrás, como pidiendo mi aprobación para desatarse. No digo nada, pero la dejo hacer. Lentamente va ganando distancia. Al llegar a los 10 kilómetros, ella ya ha dejado el segundo puesto cuando voy llegando. 2 vasos de isotónico y a continuar. Ya siento bastante calor. Disfruto de mirar como un grupo de corredores nos adelantamos mutuamente en la medida de que el camino sube o baja.

Procuro mantener un ritmo mas o menos parejo. Dafna ya me ha sacado cerca de 200 metros para cuando paso por el tercer puesto de abastecimiento. 2 vasos y un gel, lo normal considerando la temperatura y la distancia.

Al ascender por el puente del rio Cruces me encuentro con Mauricio Quintanilla de Corredor Promedio sacando fotos. Desde la cima veo que Dafna ya salió del puente y se aleja. Parece disfrutar la ocasión como hace mucho no la veía. La geografía del camino ya casi no me permite seguirla con la vista por un buen rato.

Al cruzar el Puente Pedro de Valdivia puedo visualizar la meta, llevo poco menos de 2 horas, pero nos falta recorrer buena parte del centro de la ciudad, llegar hasta frente del terminal de buses y retornar por la costanera. Son más de 2 kilómetros.

Faltándome unos 300 metros para el retorno frente al terminal me cruzo con Dafna, radiante ya retorna. Le hago un gesto con la mano que ella me regresa.

El regreso se hace largo. En la marca de los 20 kilómetros hay un último puesto de abastecimiento. En otras ocasiones habría pasado de él, ahora aprovecho de consumir un vaso de isotónico. Después aprieto el paso. Visualizo la meta. Poco antes de eso escucho que anuncian la llegada de Dafna por los parlantes. No alcanzo a verla, pero sé que ya llego.

Antes de cruzar el arco de meta elevo los brazos y sonrío. Ha sido una bellísima carrera desde todos los puntos de vista. La primera carrera del año, con un día maravilloso.

En la meta, como es tradicional, nos espera una cerveza artesanal Calle Calle y unos choripanes. Mientras, descanso y disfruto de estos productos anuncian la llegada de un corredor muy especial: un corredor que recibió un trasplante doble de pulmones, y que ha completado la prueba en algo mas de 2 horas y media. Mas tarde puedo conversar un poco con él, y expresarle mi orgullo de poder compartir tan bella ocasión con alguien que demuestra ese nivel de compromiso y valor.

En resumen, una jornada para recordar y atesorar. Espero poder repetirla el próximo año en su décima edición junto a un grupo de mis compañeros de Andesteam.

Andrés Reisz – Socio Andesteam

112K en un día: #24HorasPista

Como me “gradué” de loco que corre.

Hace un año publique en las páginas de Corredor Promedio un artículo titulado 100 kilómetros en un mes, en el que daba cuenta de mi participación en 4 carreras en el transcurso de 30 días, las que sumadas daban algo más de 100 kilómetros. Este año logré hacer algo más entretenido.

Este año  participé de una de las pruebas más desafiantes: 24 horas en pista, evento organizado por Olimpo que se desarrolla en la pista atlética del Colegio Sagrados Corazones de Manquehue en la comuna de Vitacura.

La competencia invita a recorrer la mayor distancia posible alrededor de una pista atlética en el lapso entre las 19 horas del día sábado y las 19 horas del domingo, es decir, en 24 horas. Las reglas son bastante simples, se debe recorrer la pista en el sentido que corresponda a cada horario (se cambia cada 4 horas) al ritmo que se desee, y se puede descansar lo que cada uno requiera.

Mi participación nació de una humorada que quise hacerle al padre de Ricardo Gómez, a quien deseaba desafiar a que participáramos en duplas. Al final decidí asumirla como uno de los 5 grandes desafíos 2017.

Durante el último mes me di a la tarea de diseñar con Mauricio Quintanilla, mi amigo corredor, y con el apoyo de Sebastián Villarroel, Coach de Andesteam, una estrategia para obtener un buen resultado. Luego de mucho darle vueltas, llegamos a la idea de que se debería procurar alternar periodos de trote con otros de descanso activo (caminata), y que esto se debía hacer desde el primer momento de la carrera, evitando dentro de lo posible el “correr por sensaciones” o entusiasmarse demasiado al principio. Las proporciones no estaban claras. ¿Debemos dar una cantidad de vueltas trotando y después otras caminando? ¿o el parámetro debe ser por tiempos? Después de algunos ensayos prácticos concluí que una buena idea era darse un tiempo de trote (por ejemplo 30 o 40 minutos), y luego, el descanso considerarlo en vueltas. Además, durante ese periodo se debería dar la hidratación, el consumo de geles y otros alimentos, y las salidas al baño. Además, el plan indicaba que trataríamos de llevar adelante esta estrategia en bloques de 6 a máximo 8 horas, para luego descansar entre 1 y 2 horas.

Los días previos a la prueba estuve tranquilo. Entrenando mas volumen que velocidad. Mejoré mi hidratación, y dormí más. Como reaccionaría a una prueba tan distinta a todas las que conocía era una incógnita. La primera prioridad era disfrutar del desafío tranquilo y feliz.

El día sábado estábamos convocados a las 16 horas para la charla técnica, el control médico, y la entrega del kit. El pronóstico del tiempo era  mucho calor, y por tanto, todos nuestros planes debían ajustarse a esta condición. En la medida que se acercaba la hora, una cierta ansiedad me ataca. Nada grave, sólo la emoción de estar por enfrentarme con lo desconocido.

Minutos antes de las 19 nos llaman a encajonar. Partiremos girando en sentido antihorario. La temperatura ambiente, bordea los 30 grados por lo que inicio con una polera sin mangas. Casi puntualmente se da la largada. Todos trotamos comenzando a calentar. Saco mis cuentas y decido que partiré con trotes de 40 minutos alternados con caminatas de una vuelta. Al terminar esos primeros 40 noto que una vuelta es mucho y lo reduzco a la mitad. He consumido antes de partir un gel Hammer y 500 cc de Isorade de Uva. En el primer descanso activo me tomo 2 vasos de Isoride. En la segunda pausa, consumo otro gel y 2 a 3 vasos de Isoride. Continúo con este esquema por las primeras 2 horas y media. 40 minutos de trote por media vuelta de caminata. Mantengo un ritmo de aprox. 6 min/km, es decir, alrededor de 2:30 minutos por giro.

Sudo mucho, y el sudor me comienza a irritar los antebrazos y axilas. Consigo que me pasen un poco de pomada que he llevado y la aplico mientras avanzo.

Poco después de reiniciar el trote después de la cuarta pausa veo llegar a Sebastián con Ángeles. Les cuento que voy bien, y que cuando se cumplan las 3 horas me gustaría cambiar de polera y consumir unas barras de cereal. Esto implica un cambio en el módulo de las vueltas, pero me pareció que debía “atender a los consejos del Coach”. Cuando paro, consumo una barrita, Isorade de piña muy dulce que me han preparado, y me cambio la polera. Luego retomo mi plan.

Nos acercamos a las 4 horas, y Sebastián me informa que cumplido ese plazo debo detenerme, descansar y comer algo. Me ofrece pasta instantánea (Maruchan) y acepto. Me cuesta tragar un poco, pero finalmente logro consumir la porción. Una barra chocolatada me ayuda a endulzar la boca. Ahora a retomar el trote, pero antes una pasada al baño. La pausa no alcanzo a los 20 minutos. Hasta ese momento llevo 32 kilómetros.

Cumplidas las 5:45 horas completo los primeros 42 kilómetros. Un maratón en menos de 6 horas y no tengo ninguna molestia – pienso para mis adentros – No está nada mal. En las graderías solo están los asistentes de carrera, y ni siquiera muchos de ellos se ven. Decido salir a cambiarme de polera nuevamente al cumplirse las 6 horas. Son la una de la madrugada. Estando en la carpa aprovecho de tomarme una bebida energética y sacar mi IPod para escuchar música. Pongo un listado de canciones especialmente preparado para correr; mucho rock: Metallica, Black Sabbath, Ozzy, Mago de Oz. Los ritmos que sé me permitirán prolongar el trote durante la noche. Considerando el calor pronosticado para el día siguiente, el plan se ha modificado a tratar de hacer el máximo durante la noche y las horas de la mañana.

Considerando el nivel de cansancio, decido aumentar gradualmente los lapsos de caminata que voy intercalando, primero prolongándolos a una vuelta completa, y luego a 2 y 3. Al rato me descubro caminando y sin mucha intención de retomar el trote. En mi cabeza una idea me asalta: “Mientras más caminas, más difícil es volver a correr”. Por suerte la solución me llega desde el IPod. Comienza a sonar la canción Danza del Fuego de Mago de Oz, un tema que se inicia muy suave y calmado, y que repentinamente cambia de ritmo. Sin más me digo, cuando acelere la canción voy a correr. Dicho y hecho. Nuevamente estoy trotando, una inyección de energía surge desde la música y trato de aprovecharla. Por la siguiente hora intercalo el trote con algunas vueltas de caminata.

Al cumplirse las 8 horas nuevamente volvemos a girar como al principio. Los giros en sentido contrario me han parecido extraños, casi antinaturales. El volver a la “normalidad” me facilita por un rato mantener buenos ritmos mientras troto (7 a 8 minutos por kilómetro) pero cada vez que camino estos decaen y me cuesta volver.

Al cumplirse las 9 horas ya es poco lo que puedo trotar. Me mantengo caminando y escuchando la música. Canto y pienso en cualquier cosa. Nos damos aliento entre los pocos que permanecemos dentro de la pista. Llevo algo más de 60 kilómetros. Me planteo como objetivo estar al menos 1 hora más. Comienzo a sentir sueño y cabeceo. La temperatura ambiente ha bajado mucho, y el sudor en la polera se enfría. Cumplidas 10 horas me doy cuenta que en la última hora no he hecho mucho más de 1k, por lo que decido irme a dormir. Antes de acostarme me cambio la polera. Son las 5 de la madrugada.

Despierto a las 6:15. Ya ha amanecido. Me desperezo, cambio las zapatillas y regreso a la pista. El reloj de la carrera indica que ya llevamos 11:25 horas de carrera. Camino algunas vueltas para entrar en calor. Siento mucho frío por lo que decido retomar el trote en cuanto pueda. El nuevo cambio de dirección me encuentra justo bajo el arco de meta trotando. El descanso ha sido muy reponedor. En mi fuero interno decido que a las 8 tomare desayuno, mientras tanto tratare de sumar la mayor cantidad de kilómetros que se pueda.

A las 9 o 9:30 llega Luis Concha, el otro entrenador del equipo, me alienta en cada vuelta y está atento a mis requerimientos. Al rato se le suman Carlos Román y Javier Sandoval, dos amigos de Andesteam. Entre los 3 forman una barra que me mantiene en movimiento y motivado. En algún momento les pregunto cuanto llevo; 82 kilómetros. Ya supere mi primera meta, los 80 que me había fijado como mínimo ha recorrer. Fue en algo así como 15 a 16 horas. Carlos y Javier se van, al rato también Luis. Cerca de las 12 aparece Alejandro Figueroa. Los Amigos de Andesteam se turnan para acompañar, o envían mensajes de aliento que se reproducen por los altoparlantes. He superado los 90 kilómetros, pero el cuerpo ya da señales de fatiga. Me duele la espalda, los hombros, la cintura.

18 horas. Decido descansar y almorzar. Me siento con Mauricio en la zona del quincho y pido un maruchan de pollo. Esta vez puedo tragar bien. Bebo coca cola. Converso con Mauricio y con otros participantes que están por ahí. En eso llega Esteban Brufau con su polola, compartimos un rato mientras descanso.

Cuando estoy a punto de retornar a la pista regresan Sebastián con Ángeles. Les comento de mis molestias en la espalda, y me ayudan a elongar. Mientras me ayudan a estirar y flexibilizar llega Magaly Castillo.

Bastante más aliviado regreso a la pista a eso de las 14 hrs. Al entrar llevo 93 kilómetros recorridos. Luego de un par de vueltas de calentamiento caminando decidimos atacar la siguiente meta: completar los 100 kilómetros. Comienzo a trotar y contar las vueltas. En las graderías a mi barra se han unido Myriam y Gloria. Las energías que me entregan y la cercanía del objetivo deseado me hacen dar mucho más de lo que Yo creía posible. Troto sin pausas. Cada 4 a 5 vueltas bebo un par de vasos de hidratante. Cada otro tanto, Sebastián me moja la cabeza, el cuello y los antebrazos con agua fría. Los 100 kilómetros se alcanzan casi al mismo tiempo que superamos las 20 horas de carrera y cambiamos por última vez el sentido de giro.

Nuevamente me doy un descanso. Comer un sándwich, tomar coca cola, refrescarse. Visualizar que se hará en las 4 horas que nos quedan. Decido ir por los 110. Mientras estoy en eso, pasan mis padres a visitarme. Sebastián, Ángeles, Myriam y Gloria ya se han ido. Carlos ha regresado y acompaña a Magaly.

Al regresar comienzo a caminar, trato de ir rápido pero ya me cuesta mantener un trote consistente. Las piernas pesan, la espalda refleja el cansancio. La mayoría de los participantes se mantiene solo caminando. En nuestras cabezas hay una cuenta regresiva, y ahora todo está en nuestra cabeza y corazón. Voluntad es la consigna. A pesar de todo se avanza, se siente que las vueltas se van sumando y los kilómetros acumulando. Caminamos juntos, conversamos y nos felicitamos. Hay alegría por los logros alcanzados. Antes de comenzar Rodrigo nos dijo que nosotros éramos los protagonistas y los héroes de la jornada; ahora todos lo sabemos en el alma.

Cerca de las 17:30 horas, aparece Jesús Figueroa con su hijo. Cruzo algunas palabras con él. Recibo su aliento y cariño. El saberse acompañado es un incentivo invaluable para continuar.

Faltando media hora para el final, Magaly y Carlos me comentan que ya supere los 110 kilómetros. Sonrió y les digo: “Entonces ahora vamos por los 112”. Veo en sus caras incredulidad. Sé que están ahí alentándome, como los amigos incondicionales que son, aun cuando pueda parecer loco el someterse a tales esfuerzos. Veo su sonrisa tras cada vuelta completada, y escucho sus gritos de aliento.

 

Mientras camino converso con Ricardo y la Feña, y con otros corredores de quienes no recuerdo sus nombres. Anuncian por los altavoces que entramos en los últimos 5 minutos. Mentalmente calculo que alcanzare a completar mi objetivo.

Paso bajo el arco de meta quedando poco más de un minuto de la prueba, sé que acabo de completar los 112 kilómetros. Sonrio, y les hago un gesto a mis amigos en las graderías. Aun camino, pero es a un ritmo de marcha. 30 segundos gritan. Comienzo a correr. Lo doy todo por alcanzar un punto imaginario que se encuentra a algo así como media vuelta más adelante. Veo a otros hacer lo mismo. Todo es energía y dicha. Resuena una cuenta regresiva y la orden final: “deténganse y permanezcan donde quedaron”. He llegado a ese punto. He superado los tres cuartos de vuelta.

Rodrigo va recorriendo la pista, registra cuanto logro avanzar cada quien, y los que ya han sido controlados deben seguirlo. Mientras esperamos nos saludamos desde nuestras posiciones, nos felicitamos por el éxito. Estoy entre los que más lejos llegaron en ese último giro, solo 3 personas me superan. Cuando el grupo me alcanza, los aprovecho de abrazar.

Ahora falta el último ritual. Nos van nombrando y corremos hacia la meta. Nos espera la cinta de la victoria y el abrazo de Marcela Sarmiento con la medalla de finisher. Serán tan solo 80 metros, pero tienen el sabor de la gloria. Al cruzar la meta grito mi alegría y sonrío con toda el alma. Abrazo a mis amigos, y recibo el cariño de todos los que ahí estamos.

Estoy cansado. Me duelen los músculos y las articulaciones, pero siento que podría continuar, que lo hecho no ha agotado todas mis reservas, que se ha logrado todos los objetivos soñados con creces, y en forma inteligente, que los limites se los pone uno, y están ahí para superarlos.

Ahora sólo queda agradecer. A Rodrigo, Marcela y todo el equipo de Olimpo por la organización y la logística de un evento tan maravilloso. A Mauricio por ayudarme a construir la estrategia de carrera, y por haber estado durante las 24 horas siendo mi respaldo y ayuda. A Sebastián y Ángeles, y todos los amigos de Andesteam que estuvieron alentándome y ayudando. A los que enviaron sus mensajes, y a los que enviaron su energía. Especialmente a aquellos que asistieron y gritaron desde las graderías. A Magaly y Carlos que se quedaron hasta el final, con una preocupación que rallaba en lo paternal. A mis padres que inesperadamente llegaron a verme hacer lo que sé les parece una locura. A mi familia que estuvo preocupada por mí. A la vida que me ha permitido aprender de cada carrera tanto dentro como fuera de las competencias.

Hay un verso, creo que de un argentino, que habla de “esos locos que corren”. Para aquellos que lo han escuchado, recordaran que muestra la incomprensión o desazón de aquellos que no corren ante esos bichos raros que corren para llegar a donde mismo, y ser felices con sus propios logros y el sudor de sus cuerpos. En 24 horas de pista creo haberme titulado de Loco, de un auténtico y radiante Loco que Corre.

Antes de comenzar estas 24 horas desafié a Ricardo Gómez padre a que me acompañe el próximo año 2018 a correr aquí en duplas. La pelota está en su cancha.

Andrés Reisz – Socio Andesteam

Mis primeros 10K #maratondeviña

En verano dos amigas me propusieron la idea de inscribirnos en un grupo en el Parque Araucano para hacer ejercicio, gracias a esto como conocimos Andes Team, hablamos con Sebastián  y Luis, los profes, y nos propusieron una clase de prueba. Desde ese entonces he estado en el Grupo, ya han pasado aproximadamente 7 meses de entrenamiento y tenía el desafío de correr mis primeros 10K. Dicha carrera sería la Maratón de Viña.

Con Gloria nos fuimos el sábado, un día lluvioso, pero en realidad lo que me preocupaba era no saber si lograría correr los 10K. Retiramos el Kit en la tarde y programamos todo para irnos temprano el domingo a la carrera.

Llego el día, había mucha gente y mientras largaban los 42K y los 21K me puse a calentar haciendo los ejercicios aprendidos en los entrenamientos.  Hacía mucho frío y a las 8:30 hrs. nos dieron la partida, debo reconocer que al principio no me gustó mucho la carrera porque eran demasiadas personas, no podías avanzar y te pasaban a llevar cuando te adelantaban. Sin embargo, seguimos corriendo.

Era un lugar hermoso, además contaba con un clima favorable así que se dieron las condiciones para que la carrera no fuera complicada, durante el trayecto te encontrabas con la banda de la marina y más adelante una batucada. No hay mejor sensación que la de sentirte que te daban ánimo, además de que muchos otros corredores daban su apoyo y eso te motivaba aún más. No me detuve. Mantuve el ritmo. Me sentí bien. No estaba demasiado cansada y me di cuenta que el esfuerzo durante el entrenamiento había valido la pena.

Ya cerca de la meta me emocioné porque lo estaba logrando y la verdad no me sentía mal. Al contrario, estaba realmente emocionada y creo que incluso hubiera podido correr un poco más.  Llegué a la meta después de una hora con 9 minutos, no sé si el tiempo es bueno o no, pero nada me quitará mi sonrisa.

Creo que por primera vez recibí mi medalla con orgullo, y minutos después me reuní con los otros integrantes del grupo que habían asistido a la carrera. Me felicitaron, contaron su experiencia, elongamos y nos sacamos fotos.

Fue una buena experiencia, en donde me sentí apoyada por mis compañeros de Andes Team, así que no me queda más que agradecer a los profes por sus exigencias, consejos y ánimo durante los entrenamientos y a cada uno de los integrantes por haberme recibido bien en el grupo y por todo su apoyo.

Ahora comienzan los nuevos desafíos, bajar mi tiempo en los 10K y  empezar a prepararme para mis primeros 21K.

Deysi Lizana ToledoSocia Andesteam 2017