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Race Reports

Maratón Internacional de Viña del Mar – Jesus Figueroa

Las preocupaciones. Todas las tenemos aunque a algunos nos afectan de manera distinta que a otros. A mí, por ejemplo, me atacan el estómago.

Estos días no he estado libre de ellas y buscando un relajo empeoré las cosas. Resulta que un estómago apretado no recibe bien ciertas comidas y bebidas. Cosa que comprobé el jueves por la noche, pagando los platos rotos el viernes antes de la carrera. Estuve complicado. Incluso fui al doctor pensando que era apendicitis. Por suerte no, “sólo” una gastritis agravada por mi colon irritado.

Comento esto porque mi participación en esta carrera se vio afectada por este hecho. Para bien y para mal. Pero al final de cuentas con balance más que positivo.

Afectó para mal porque la recomendación médica era no correr y el sentido común decía lo mismo. Pero ya tenía todo listo: inscrito hace meses, el departamento arrendado, mi familia lista, la de mi hermano también. Así que decidí correr igual, pero con precaución.

Viña es muy lindo y correr por su borde costero es un privilegio. Además, ese fin de semana estuvo precioso y en particular el domingo amaneció más que agradable para correr.

Los de 42k fueron los primeros en partir a las 7:30 hrs. Nosotros, junto a los de 10k partimos a las 8:00 hrs (excelente horario). Había mucha gente, y se notaba aún más por lo angosto del espacio del encajonamiento. En un paisaje que solo se ve en estas carreras masivas un caudal de poleras naranjas tiñeron Borgoño encaminándonos hacia Valparaíso.

Al comenzar tenía buenas sensaciones, aunque iba con preocupación de sentirme mal por un súbito dolor de estómago o tal vez por estar aún deshidratado, así que seguía corriendo sin exigirme al máximo. Todo esto mientras disfrutaba de la vista de la playa, de la batucada, la banda de naval y del ambiente en general.

Ya por Jorge Montt comencé a ver a los primeros de 10k en venir de vuelta después de girar en la rotonda de 15 Norte. ¡Qué rápidos! Yo aún no llegaba al cuarto kilómetro. Solo en Lima había corrido un circuito en el que enfrentas a los que ya vienen de regreso. Es en cierta manera un golpe para la mente… A ellos les falta menos. Pero por otro lado, de alguna manera te sientes parte de su hazaña.

Pasados los primeros 5 km y el primer punto de hidratación converso con un señor que me dice que estos son sus quintos 21k del año y que espera hacer menos de 2 horas. Yo le respondo que va bien, que vamos a muy buen ritmo. Y de pronto le tomo el peso a la situación, ¡Vamos a un muy buen ritmo! Y voy hablando sin mayor dificultad y sintiéndome muy bien. “Nos vemos” le dije. “Dale, yo voy bien para mi categoría”, me responde y yo le grito de vuelta, “yo no en la mía”. Y claro, para mi categoría iba leeento, pero para mí estándar iba bien, mejor de lo planeado.

No me entusiasmé, solo aceleré un poco. Pero la preocupación comenzó a irse. No podía ser de otra forma, la vista ayudaba: pasaba frente al casino (donde comencé a ver en sentido contrario a los punteros de los 42K y un poco detrás a Gustavo Jofré), crucé el puente sobre el Marga Marga, luego pasé por el Sheraton Miramar, luego por el reloj de Viña, todos lugares muy lindos. Me sentí afortunado de estar ahí corriendo.

En Avenida España el sol empezó a calentar. Por suerte no por mucho tiempo. Unas nubes y la brisa mantenían fresco ese tramo, lo que se agradecía porque nos enfrentábamos a unos pequeños desniveles que igual te comen las piernas.

Más adelante, me parece que en el kilómetro 8, me crucé con Sebastián. Venía concentrado por lo que no creo que haya distinguido mi grito de aliento. Excelente carrera la de él. Gran rendimiento también de Rosales y Niño a quiénes vi antes del regreso con cara de estar dándolo todo.

Después del retorno que para nosotros estaba entre el kilómetro 9 y 10 (los de 42 seguían hasta la Universidad Federico Santa María) seguía bien. Cansado, por supuesto, pero no agotado. Quedaban energías para deshacer el camino.

El regreso fue más duro, obviamente, ya que empieza la batalla con la mente. Y no solo lo notas tu, lo ves a tu alrededor. Ves como quienes corren en grupo alientan al que se va quedando atrás y como otros parecen apretar los dientes y seguir.

¿Qué positivo me trajo mi inoportuno achaque estomacal? Bueno, la reflexión respecto de uno de sus orígenes, las preocupaciones. Me di cuenta como incluso en el planteamiento de esta carrera estaban ahí estorbándome, haciendo que me preguntara si estaría bien correr, si era bueno llevar un ritmo lento o rápido. En fin…

Dos hecho concretos vinieron a mi cabeza. Uno, estaba disfrutando la carrera y mucho, más allá del paisaje, lo estaba pasando bien. Y dos, a pesar de todo estaba haciendo mi mejor carrera en esta distancia.

Esto último no es casualidad. He mejorado, lo noto. También lo veo en mis compañeros de equipo. El entrenamiento, los consejos del coach y la constancia de estos meses han tenido efecto. En lo mental y en lo físico.

Antes de terminar tuvimos que pasar por el lado de la meta lo que sicológicamente es un golpe. Había que seguir varios metros más y luego devolverse… Uff pero ya estaba ahí.

Terminé en 1:43, mi mejor tiempo hasta el momento lo que me dejó más que contento.

Espero poder aplicar lo que aprendí en mi día a día. Preocuparse es bueno hasta cierto nivel porque estas alerta y te movilizas cuando debes, pero hay que manejar la línea en que ya no es sano.

Pasada esa línea solo queda confiar en el trabajo que hiciste y en las horas invertidas preparándote y, claro, disfrutar del camino. 

Jesus Figueroa

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Maratón de Buenos Aires – Esteban Brufau

Una marca de 3hs 38 que me deja sensaciones mixtas.

La lógica se impone. ¡Así es! Si durante los entrenamientos nunca mantuviste un ritmo de 4.50 por km por intervalos largos, ¿por qué el día de la maratón lo podrías hacer? La mística del ambiente ayuda, y mucho, pero no te hace 15 segundos mas rápido durante 42K. Eso fue lo que me pasó en la Maratón de Buenos Aires.

El entusiasmo por correr en la ciudad de la furia era grande, mmm… yo diría muy grande. Viví en Buenos Aires algunos años y muchos recuerdos tienen raíces en esta enérgica ciudad que difícilmente pasa desapercibida. Ciudad que va del orgullo a la vergüenza en una vuelta de esquina y sin avisar.

Si además, a esto le sumas que iba acompañado de un primo hermano, en realidad más hermano que primo, el combo emocional era fuerte.

Pero, el contexto anímico no lo es todo. Por algo hay que entrenar disciplinadamente al menos 3 a 4 meses y varios días a la semana sacrificando familia y happy hours. En mis dos maratones anteriores siempre fui conservador y lograba realizar una carrera de menos a más, lo cual te permite usar mejor el estanque de energía y disfrutar bien la carrera. Esta vez, fue de más a menos, y bastante menos. Mi ritmo promedio fue de 5.06, muy en línea con el ritmo que buscaba aunque con una amplitud demasiado grande, muy superior a lo deseado, pasé de 4.44 en el kilómetro 13 a 5.40 en el kilómetro 40. Mis piernas aguantaron bastante bien el ritmo hasta el km 25, luego comenzaron a abandonarme lentamente, se pusieron más pesadas y tuve que poner a trabajar la cabeza para persuadirlas de que mantengan el ritmo exigente debajo de los 5 min. Podría decir que del km 0 al 25 fue pura piernas, del 25 al 34 mucha cabeza y luego cuando ya no quedaba mucho puse corazón a morir… Las piernas se habían ido. Se cumplió mi hipótesis del PiCaCor, piernas, cabeza y corazón, ingredientes claves y necesarios en ese orden para completar estas carreras largas.

No obstante los desafíos de la carrera, el paseo turístico no deja de ser muy atractivo. Los bosques de Palermo, la Av Libertador, el monumento a los Españoles, la 9 de Julio, el Obelisco, Av Corrientes y sus teatros, el imponente edificio de la Aduana, la Casa Rosada, la Catedral, Av de Mayo, la Bombonera, Puerto Madero y nuevamente Palermo completan un tour que la vale la pena recorrer.

La organización, algo austera. Creo que la de Santiago tiene más color.

Ahora, el asado con fernet post maratón que me comí bien se merece un relato aparte… Para la próxima.

Nota adicional para la reflexión: hay un grupo de runners en Argentina que se llama “Correr ayuda”, muy cierto, no? Completa la frase como mas te parezca: Correr ayuda a …. 

Esteban Brufau

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Triatlón Rapel – Sebastian Villarroel

Esta fecha del triatlón de Rapel se me presentaba como un fuerte desafío personal, ya que en las últimas versiones no llegaba muy entrenado o por lesiones no me lograba acomodar, más encima en la última competencia que fue Puerto Velero no había terminado la carrera así que tenía que dejarlo todo.

En la primera largada del día me tocó competir lo que fue muy atractivo, por la cantidad y calidad de los triatletas, donde el objetivo era andar a fondo durante todo la carrera. En un comienzo la natación estuvo bastante dura, ya que salieron a un ritmo muy fuerte y no pude aguantar el ritmo, saliendo con algunos minutos de desventaja, en el ciclismo le di con todo descontando tiempo y alcanzando a otros grupos, donde alcancé buenas velocidades y a un ritmo parejo. Con un transición rápida salgo a correr con toda mi fuerza donde el circuito se me hizo muy corto y pude dar alcance a varios de mi categoría y casi alcanzando al grupo de punta, llegando a la meta con 1:03 horas, la cual es mi mejor tiempo personal en la distancia sprint.

También esta competencia fue muy grata ya que varios amigos del equipo se encontraban compitiendo y nos íbamos apoyando durante el circuito.

Por ultimo mencionar que se van alcanzando objetivos pasó a paso apuntando a Pucón 2015, donde quedan varias competencias las que me motivan a seguir entrenando de manera constante y fuerte. 

Sebastian Villarroel

 Galería de fotos Triatlón Rapel.

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Triatlón Rapel – Pablo González

Siendo aproximadamente las 5:00 hrs. del domingo 28 de septiembre dimos inicio a la jornada, tratando de levantarnos ya que nos habíamos programado para salir a las 5:45 hrs. y no tener inconvenientes para llegar a la carrera. Lo que más nos costó fue levantar a los niños ya que para ellos era absolutamente inusual despertar a esa hora. Afortunadamente logramos salir de casa a eso de las 5:45 hrs. y emprendimos el viaje. Llegamos aproximadamente a las 8:00 hrs. al parque cerrado y comenzamos con los preparativos.

El agua estaba helada o quizás la falta de entrenamiento en piscina o de competencias me afectó… Es decir, me cagué de frío…!!!

Al salir del agua, creo que en último lugar… Me sentí muy mareado, pero peor cuando llegué al parque cerrado, me sentí como si me hubiera tomado unos cuantos “ronaldos” o como si hubiese salido a carretear con Montenegro…

Luego de finalizar la transición más larga de la historia en este tipo de competiciones, me subí al bólido para tratar de cumplir con los próximos 20 km. en forma diga, sin grandes pretensiones, solo en forma digna…

En la tercera o quizás la cuarta vuelta del ciclismo comencé a sentirme un poco mejor arriba de la bicicleta, pero lamentablemente ya había que bajarse para comenzar con el trote.

En esta segunda transición, creo no fue tan lenta como la anterior, ya me sentí mucho mejor con la carrera en general.

No había competido desde Pucón y lamentablemente por temas laborales tampoco había podido darle continuidad al tema de los entrenamientos, como al coach quizás le hubiese gustado. Me sentí bien a partir de la segunda vuelta del trote, a pesar que el ritmo que llevaba se parecía más bien a un calentamiento que a ritmo de competencia…

Creo que finalicé la carrera en 1:19′, muy contento de haber terminado y más feliz aún de poder cruzar la meta de la mano con mi hijo, que finalmente es la satisfacción más grande que tengo cuando termino competencia y mi familia puede acompañarme.

Cada vez que he competido en un triatlón, durante la carrera me pregunto a qué vine y qué cresta hago practicando este deporte.

La satisfacción que se siente después de cruzar la meta, responde a cabalidad todas estas interrogantes…

A prepararse mucho mejor para las que siguen.

Un abrazo a todos… 

Pablo González

 Galería de fotos Triatlón Rapel.

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Triatlón Rapel – Giss Cabrera

DIVERTIDO Y EMOCIONANTE son las palabras que describen a la perfección mi primera experiencia en el triatlón Rapel 2014.

Luego de haber pasado una semana completa de nervios e inseguridades, llegó el día sábado a las 18:00 y la fila era enorme para retirar los kits. De a poco comenzaron a llegar mis compañeros de equipo y los nervios empezaron a disminuir,  mas la ansiedad se hacia cada vez más grande.

No me di cuenta, y ya había que irse a dormir… Dejamos todo listo con Karim; bicicletas, casco, poleras, calcetas, bloqueador, botellas, traje de agua, etc.

A las 8:00 ya no pude seguir durmiendo, así que me levanté, tomé desayuno y me dije a mí misma: “VAMOS GISS, NO HAY VUELTA ATRÁS, HAY QUE DISFRUTARLO”, y así lo hice, de ahí en adelante lo pasé muy muy bien, nos encontramos con los compañeros de equipo nuevamente, uno que otro saludos a gente conocida y directo al parque cerrado. Bicicleta lista, traje de agua puesto, casco, lentes, zapatillas y alimentación en su lugar, las fotos de rigor (primer triatlón) y directo al agua.

En el agua se me quitaron todos los achaques. Junto con Evelyn calentamos, nos reímos, y listo, a nadar se ha dicho!!!

Me tiré tranquila y nadé a mi ritmo todo el tiempo, se me dificultó la orientación desde la segunda boya hasta la orilla, pero nada más. Saliendo del agua se me complicó la cosa con el traje, no encontraba el velcro y tuve que salir con él puesto.

Recuerdo que iba corriendo y escucho una voz “hermana acá esta tu bicicleta!!!” jajajajaja, me había pasado, error de novato, de vuelta a mi lugar tomé mi bici y salí con toda la energía que mis amigos y familiares me daban al alentarme.

Primera vuelta bien, segunda vuelta mejor, porque llegó Evelyn a darme energías, trate de seguirla en el ritmo hasta que no puede más, tercera vuelta y me sentía muy feliz, pensaba en que era primera vez que iba sin miedo bajando tan rápido, así que la cuarta vuelta se me hizo muy corta.

Hasta aquí todo perfecto, ninguna molestia, dolor o algo parecido. Salí corriendo y casi llegando al primer cono, comenzó una puntada al lado izquierdo, que no me dejó correr tranquila hasta la tercera vuelta, menos mal, por que no quería llegar con cara de dolor a la meta.

Le puse toda la energía a la vuelta final y listo TAREA CUMPLIDA!!!

Tiempo final: 1 hora 29 minutos 05 segundos, cuarto lugar de mi categoría.

DIVERTIDO y EMOCIONANTE es todo lo que describe mi primera experiencia en el triatlon!

Nada más que agradecer a la vida por darme la oportunidad de conocer este deporte tan lindo, por estar en un equipo fantástico y por tener una familia incondicional. 

Giss Cabrera

 Galería de fotos Triatlón Rapel.

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Km Vertical – Jesus Figueroa

Esta carrera me mantuvo con curiosidad desde que supe de ella. Un formato que no conocía y que sonaba muy entretenido. Me preguntaba qué tan dura sería y si estaría en condiciones de enfrentar un desafío así.

Por fortuna el cambio de fecha me permitió no solo ir, sino que prepararme un poco, con lo que tuve oportunidad de responder mis dos interrogantes.

Para no esperar tanto, la respuesta a la primera pregunta: la carrera fue durísima. Si llevara un registro de subidas pesadas, ésta ganaría hasta ahora. El segundo lugar lo tendría la última subida del trail en Lampa, por lo inoportuna que fue, pero el km vertical lidera mi (aún escueto) ranking por la dificultad sin tregua que ofreció.

Til Til nos recibió con buen tiempo, aunque poco antes de comenzar la carrera, algunas nubes comenzaron a cubrir intermitentemente la cima. Cima que, según datos oficiales, estaba a 4 kms de distancia y con un desnivel positivo de 1.100 mts.

Después de un primer tramo que permitía correr empezamos a “trepar” el cerro. El ritmo bajó inmediatamente ajustándose a la fuerte pendiente. Traté de mantener un paso que no me alejara mucho de quién iba delante y que no facilitara que me pasaran. Así me mantuve durante los primeros 45 minutos. Incluso logré adelantar a un par de corredores.

Ya después comencé a tener problemas y tuve que bajar el ritmo. Vino un tramo en que se pudo descansar un poco. Era una oportunidad de volver a correr, pero ya no podía. Aproveché eso sí de tomar agua y un gel. Si bien me recuperé un poco, ya estaba muy cansado y pensando en que no quería más.

Me llama mucho la atención como uno olvida lo que se siente en esos momentos. Es como si después de cruzar la meta todos los artilugios de la mente para disuadirnos de continuar desaparecieran de pronto, tan rápido como llegaron. Tanto así, que después vas y te anotas en otro desafío igual o más complicado aún.

Cosa buena en todo caso. Estoy llegando a la convicción que de estas pruebas se sale fortalecido no solo físicamente. De alguna manera se “entrena” la entereza, la voluntad y la mente.

Desde donde estaba, ya se veía con claridad la cima. Inevitablemente mientras más te acercas, más imponente y lejos se ve. Pero es solo una impresión, ya estaba ahí, quedaba poco.

El terreno cambió. El sendero con arbustos y ramas afiladas dio paso a piedras y matorrales pequeños. En la bajada el diálogo que llevas con el camino fue algo más violento. Quedé con varias heridas en piernas y brazos.

Tenía ganas de hacer el último tramo a un ritmo más exigido. Lo intenté, pero la pendiente era cada vez más fuerte y ya no me quedaban fuerzas.

Quedando unos 200 mts me topé con los primeros en bajar. Cuando los vi, la pregunta “¿Cuánto falta?” se instaló en mi pensamiento. Una parte de mi se negaba a hacerla. Era exteriorizar la lucha que mantenía con mi mente. Pero necesitaba saber que detrás de esa roca estaba la meta, así que cedí y pregunté. Sí, estaba en los últimos metros.

Finalmente me tomó 1 hora y 22 minutos. Mucho más de lo que imaginaba. Pero lo importante es que lo había conseguido.

¿Estaba preparado para algo así? No, no lo suficiente. Pero valió la pena intentarlo y comprobarlo. 

Jesus Figueroa

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