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Race Reports

Maratón Costa del Pacífico – Andres Reisz

Para cerrar este año de running, la elección desde casi principios de este año fue participar en los 21 kms de la Maratón Costa del Pacifico de Olimpo Producciones. Esta prueba que se desarrolla en la quinta región, tiene la particularidad de tener partidas distintas para sus 3 distancias (10, 21, y 42 kms), las que se ubican todas desde Concón hacia el norte, y una meta única ubicada frente al sector 3 de Reñaca. La partida se realizó en forma simultánea para las 3 distancias a las 7:30 de la mañana del domingo 7 recién pasado.

Para llegar a estos puntos de partida, la organización dispuso de buses que se comenzaron a llenar a eso de las 5:30 para puntualmente salir a las 6. Por lo que ya a las 6:30 nos encontrábamos en medio del camino, rodeados de bruma y de un frío húmedo. Las cosas de abrigo se habían quedado en el bus para ser entregadas en guardarropía en la meta.

Después de realizar algunos trotes suaves como calentamiento, y más que nada como manera de combatir el frío. Unos 10 minutos antes de partir me ubiqué a unos 10 metros del arco de partida. El sol tímidamente comenzaba a iluminar, y con sus rayos oblicuos ayudaba a mantener el cuerpo caliente.

Una vez iniciada la carrera asumo el ritmo planificado y comienzo a adelantar a los muchos corredores que típicamente se colocan muy adelante pero que tienen velocidades muy inferiores a las de las personas que naturalmente conforman la vanguardia. Los primeros aproximadamente 11 km, es decir, hasta entrar en Concón, transcurren entre arboledas, por un camino que serpentea paralelo a la costa, la que a ratos puede divisarse a un par de cientos de metros a nuestra derecha, las subidas y bajadas se suceden, pero no llegan a ser un problema, ya que son mucho menores que las expectativas que yo tenía. Logro mantener un ritmo adecuado y acorde con lo planificado, aprovechando los puntos de hidratación regularmente situados cada 5 kms, para tomar un par de sorbos de hidratante.

A partir de Concón, la ruta va por la costanera, y el mar se ve y se siente cercano y omnipresente. El ruido de las olas renueva mis energías, y sirve en conjunto con la música en mis oídos para marcar un ritmo de carrera un poco mayor que el que traía anteriormente. Los siguientes 3 a 5 kilómetros todo sigue igual, me siento contento ya que voy mucho mejor de lo que tenía visualizado. Pero en algún momento comienzo lentamente a sentir algunas molestias estomacales, el sabor del desayuno me sube a la boca, y este conjunto de malestares me obligan a disminuir la velocidad. Faltando menos de un kilómetro para la meta me veo obligado a solicitar al conserje de un edificio que me facilite un baño.

Ya más aliviado, finalmente paso la meta, el resultado final está lejos de lo que esperaba, pero demuestra que estoy preparado para enfrentar los desafíos planificados para el próximo año.

La mayor enseñanza que puedo sacar de lo acontecido, es que se debe tratar de no modificar las costumbres alimenticias previamente a una carrera.

Deseo una vez más agradecer a todos mis compañeros de Andesteam por alentarme a continuar mejorando en el running, y a aceptar nuevos desafíos. Especialmente debo hacer extensivo este agradecimiento al Coach Jorge Acosta, que cada día nos insta a ser más y mejores a través de sus consejos e indicaciones. 

Andres Reisz

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Trichallenge Pichidangui – Andrés Torres

Como primer triatlón todo resulta nuevo, los preparativos previos, la llegada al parque cerrado, la ubicación de tu bicicleta, todo.

El día amaneció perfecto para todo aquel que disfruta del deporte, la gente estaba entusiasmada y cuando llegué ya muchos se encontraban calentando en el agua, traté de apresurarme para calentar aunque mi largada era media hora más tarde que los del tri 50,2. Entré al agua a calentar y la verdad que estaba casi congelada, la cara dolía al nadar y los pies casi no se sentían. Luego de un rato entrando y saliendo del agua ya se sentía un poco mejor y se podía nadar de mejor forma. Luego de las fotos de rigor junto a mi polola y amigos se dio la largada. Los primeros metros no estuvieron muy bien, nadar entre mucha gente y cuidándote de que no te llegue una patada o un manotazo me preocuparon en demasía y estaba más preocupado de eso que de nadar, pero luego de los 100 metros iniciales me largué y comencé a nadar con mayor confianza y a un buen ritmo, incluso comencé a pasar otros competidores en el resto de la etapa. La transición 1 la sentí muy cómoda y rápida, el ciclismo estuvo muy parecido al circuito camino al Toyo en el Cajón del Maipo, con un mix de subidas, bajadas y planos donde el pedaleo de fondo jugaba un rol determinante en el tiempo. Luego de salir rápido de la segunda transición, comencé un trote a un buen ritmo pensando que lo podría mantener hasta el final de la carrera, pero el cansancio y el calor que ya estaba haciendo a esa hora me pasaron la cuenta y decaí mucho en los últimos 4 kilómetros. Al final llegué a la meta en 2:28 hrs. completando así mi primer triatlón, aquel que uno recuerda por siempre.

Quiero agradecer a todos aquellos que día a día me motivan con su aliento, consejos y cariño, a los muchachos de Andes Team, al coach y en especial a mi polola Cris que siempre está ahí apoyándome en todo. Ahora a seguir entrenando para el Promocional que se viene en Iquique y para seguir mejorando día a día. 

Andrés Torres

 Foto cortesía de Trichile.

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Boost Santiago – Andres Reisz

Este domingo 30 de noviembre se corrió una de las pruebas que en el papel parecía de las más extrañas en cuanto a su planteamiento, la Adidas Boost Santiago. 6 distancias (7, 9, 12, 13, 14 y 15 kms) distintas sobre un sistema de recorridos que se superponían en gran medida y diferían en los ajustes para lograr las distintas distancias. Esto en sí mismo no es lo extraño, sino que al inscribirse uno no lo hacía en una distancia dada, sino que esta decisión se tomaba durante la carrera. Para mí era la pesadilla de todo controlador, pues me parecía muy difícil de lograr un buen control, y en un tiempo prudente para entregar los resultados.

Finalmente, lo que efectivamente se realizo fue muchísimo más simple, 2 circuitos que al combinarse y reiterarse permitían obtener las 4 distancias que finalmente se realizaron (7, 9, 13 y 15 kms).

Yo desde un principio iba por los 15, por lo que debí recorrer 3 veces el circuito que se iniciaba dentro del Parque O’Higgins, saliendo hacia Rondizzoni, bajaba hasta Abate Molina, para retornar por Blanco Encalada y Av. Viel hasta Rondizzoni nuevamente. El último giro se modificaba levemente al virar desde Blanco Encalada por Club Hípico al sur, para entrar al Parque O’Higgins por el acceso poniente al Movistar Arena.

Este evento para mí era un entrenamiento largo para el Maratón Costa del Pacifico del próximo fin de semana, por lo que ensayé el mantener un ritmo lo más parejo posible que me permitiera completar el recorrido completo y aún mantener una reserva de energías como para completar al menos un giro completo adicional. Esta estrategia se cumplió a cabalidad, tanto así, que en cada giro logré ir superando a otros corredores que habían ido “fundiéndose”.

Otra de las particularidades de este evento, fue el hecho de que aun cuando la partida se ubicó en la explanada del Parque, un lugar de acceso público, la meta se ubicó dentro del recinto del Movistar Arena, adonde no se permitió el acceso de ninguna persona que no estuviera inscrita, lo que impidió que algunos fotógrafos pudieran captar las imágenes de la llegada. No es la primera vez que un evento deportivo restringe el acceso a los inscritos a sus espacios de abastecimiento y descanso, pero si la primera vez que yo veo que se limita el acceso del público en general a la llegada de los deportistas a la meta.

En resumen, un evento distinto, que en el papel se veía mucho más interesante de lo que fue, pero que bien valdría la pena considerarlo para el próximo año si es que se repite. 

Andres Reisz

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Trichallenge Pichidangui – Sebastian Villarroel

Estas últimas semanas se venían duras con sobrecarga de trabajos, ya que apuntamos en llegar en las mejores condiciones a la Triatlón de Pucón 2015, donde la triatlón de Pichidangui aparecía en mi calendario para ir adaptando la distancia y para conocer y compartir con los amigos del equipo.

El escenario de la carrera según lo que nos habían informado era una natación en el mar bien tranquila, un ciclismo con mucho viento y un trote plano, lo que en la realidad se cumplió en la primera parte de la carrera.

Esta vez en la largada y parque cerrado se apreciaban muchos triatletas lo que personalmente me motiva aún más, durante el calentamiento de la natación con el agua muy fría comenzamos a adaptarnos a la temperatura y a ayudar a Rodrigo Niño en su primera triatlón dándole algunos típs.

Ya en la largada salieron los punteros a un ritmo muy fuerte donde mi ritmo no es el mejor, pero donde me había enfocado en mantener un ritmo y seguir en lo posible al grupo en el cual me sintiera más cómodo, donde fueron 2 giros y una larga transición con escaleras donde alcancé a más competidores.

Realizando una rápida transición al ciclismo pude alcanzar un buen ritmo en el duro circuito con varios repechos y fuertes subidas, lo cual me permite ir alcanzando y recuperando lugares, donde el promedio de velocidad estuvo bien parejo 32 km por hora, considerando las subidas y bajadas con un fuerte viento que movía la bicicleta.

Ya en la última parte del trote salí muy fuerte a correr en un terreno de tierra y bien inestable, donde las carreras y entrenamientos de cerro me jugaron positivamente, ya que logré sostener un buen ritmo durante toda la etapa del trote el cual tenía su dificultad logrando completar en un poco más de 1 hora esta etapa y llegando a la meta con buena energía y satisfecho por mi rendimiento realizando un tiempo de 3:47 horas, ya que esta distancia era nueva para mi y de un circuito que no conocía.

Por último dar las gracias a todos los que me apoyaron y dieron ánimo en la carrera, a Jorge por sus consejos y a los amigos del equipo que nos motivan y acompañan en seguir mejorando en todas las competencias. 

Sebastian Villarroel

 Imágenes cortesía Trichile.

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Altos de Lircay – Jessica Medina

Después de un par de semanas con molestias en el tibial izquierdo, tenía muchas dudas sobre correr los 28k del Circuito Trail Running de Latitud Sur Expedition en Altos de Lircay. Pero lo habíamos planeado con demasiada antelación para cancelar a última hora, de todas formas ¿qué era lo peor que podía pasar? ¿Ir más lento de lo habitual?

Salimos de Santiago el viernes en la tarde y llegamos como a las 23:00 hrs al Refugio, apenas a 100 mts de la línea de largada. Al comenzar a reunir las cosas para el día siguiente noto que mis compañeros vienen mil veces más preparados y me pongo nerviosa, para rematar se me quedó el seguro de la bolsa de agua de modo que debo improvisar con un par de botellas en mi mochila. Me voy a dormir un poco desanimada, pero cansadísima, me duermo rápido.

En la mañana apenas ver el resto de los corredores y el bello entorno que nos rodea aumenta mi adrenalina. En el calentamiento noto los músculos un poco tensos, pero no me preocupa, al menos la pierna no me duele.

Dan la partida y todo el mundo sale muy rápido adelantándome. Yo prefiero ir a un ritmo que pueda mantener, aunque vaya más lento, porque quedan muchos kilómetros.

Antes del km 2 tengo ambos pies acalambrados. Sin embargo, los calambres en la planta del pie me son habituales, sigo tranquila pensando que de a poco y a medida que avance se irán disipando.

Subo a paso cauto, pero esforzado. En el km 6 el primer puesto de agua y recién noto que ni he tocado mis botellas, tomo un vaso de isotónico y sigo subiendo hasta que en el km 7 y medio un calambre fuerte en la pantorrilla me bota al piso. Todavía no estoy ni remotamente fatigada de modo que el exceso de calambres en apenas el inicio de la carrera probablemente se deba a fallas en mi dieta, sobretodo falta de hidratación. Pienso en eso y tomo el primer sorbo de mi mochila y un par de gomitas por si acaso. Otro corredor que me adelanta amablemente me ayuda ponerme de pie, estirar y retomar porque siento las piernas cada vez más tiesas.

Avanzo con pasos cortos, pero fuertes, tratando de mitigar los calambres que ya suben por los muslos, cuando un corredor mayor me pasa y me aconseja: “… apoya los talones, eso te ayudará con los calambres en la planta del pie”. Y tiene razón, aunque mis piernas siguen tiesas puedo avanzar mejor de esa manera.

Salgo del bosque de la reserva para iniciar el ascenso a la cima donde el sol pega fuerte. La vista es maravillosa. Pienso que si voy a ir despacio al menos puedo sacar un par de fotos. Calculo que no estaré de vuelta antes de 5 horas, de modo que guardo el único gel que me he conseguido para cuando llegue a la mitad del recorrido.

Subo lento, pero sin parar. Arriba, pasado el km 10 hay nieve y una hermosa vista de los volcanes. Me animo, saco unas fotos y dos corredores me adelantan deslizándose por la nieve. Guardo mi teléfono y los sigo rápido para no quedar atrás. La nieve me parece la mejor parte, y aunque resbalo en tramos el impulso hace que aumente la velocidad. Me parece que el esfuerzo de la subida, no se compara con la tremenda vista y sensación de inmensidad de estar acá arriba. Por primera vez en todo el camino y pese a que entre los tramos de nieve hay pequeños ascensos rocosos, adelanto corredores y acelero.

Apenas siento la distancia entre los kilómetros 10 y 14, pero casi llegar al 15 apoyo mal el pie y ahí viene, otro calambre fuerte en la pantorrilla, al piso otra vez. Me levanto rápido, abro mi único gel y trago un sorbo de agua. Miro mis botellas, y además del vaso de gatorade en el punto de hidratación todavía no alcanzo a vaciar una botella de 500 ml. ¡Qué malos hábitos los míos! Ni siquiera ahora que voy full acalambrada recuerdo tomar más líquido. Decido terminar al menos lo que queda en la botella antes de seguir.

De este punto en adelante el camino es mayoritariamente bajada, así que acelero. Está claro que mis piernas decidieron no soltar hoy e ir acalambradas hasta el final, mientras antes llegue a la meta, mejor será. A esta hora mucha gente va subiendo, saludando y dando ánimos. Avanzo largo rato sola y me topo apenas un par de corredores, una chica que se ha torcido el tobillo y otro que camina cansado.

Me detengo apenas un minuto en el puesto de hidratación por un plátano y un par de vasos de agua. Desde el km 17 el dolor en el tibial ha vuelto y siento palpitar la pierna en cuanto me detengo. Me concentro en seguir trotando toda la bajada porque mientras más lento me vaya, más tiempo prolongaré la carrera y no sé cuánto más aguante los calambres.

Km 22, 23,24. Solo quiero llegar y el sendero tiene mucho ripio suelto. Tengo las piernas fundidas y me voy dando ánimos en voz alta, total no hay nadie cerca. Calculo que, a esta hora, mis compañeros del team ya llegaron y que a mí me falta poco. Los últimos km son eternos, pero cuando veo que mi reloj marca el 27 sé que en cualquiera de las próximas curvas estará la meta.

Un par de chicos que sube me grita que quedan 200 metros, acelero con ganas y paso un último par de corredores que no había visto en todo el camino. Llego a la meta y sigo de largo hasta el refugio. Necesito poner las piernas en agua fría porque el tibial izquierdo me arde con fuerza, apenas me detengo los calambres en la pantorrilla y muslos se acentúan y agradezco estar de regreso.

¿Que aprendí esta vuelta? Que mi entrenamiento debe ser integral, y que si no logro concentrarme en algo tan básico como hidratarme bien previo a la carrera, difícilmente lograré mejorar o alcanzar mis objetivos.

De todos modos termino feliz, porque este recorrido fue particularmente lindo, y porque logré llegar segunda en mi categoría (aunque la primera me haya ganado lejos) y obtener mi primera medalla, cuando hace apenas dos años atrás no habría imaginado que era capaz de completar un circuito como este. 

Jessica Medina

 Galería de fotos Trail Running Altos de Lircay by Berghaus.

 Imagen principal gentileza Paolo Avila.

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Corrida Santander Techo – Jesus Figueroa

Esta vez tocó sufrir.

Con una oferta tan amplia de carreras este año, se me juntaron dos a las que quería ir pero en fechas muy cercanas. Viña me tincaba mucho y el esfuerzo del traslado junto al trazado merecían correr 21km. La Santander, que se corría la semana siguiente, fue la primera carrera en la que participé por lo que tiene una connotación especial para mi y tocaba además subir la vara, sino sería mi tercera vez corriendo 10km.

Al principio la lógica hizo que el plan no sonara bien pero luego me pareció un buen apronte para los 28km del trail de Lircay que pretendo correr a inicios de noviembre. Más tarde supe que Rodrigo Niño también haría “el doblete” así que terminé de animarme.

La carrera que congregó más de 8.000 personas mostró los elementos de todo gran evento: ambiente, animación estruendosa, mucha gente en la calle, auspiciadores, etc, pero noté un par de cosas que deben mejorar: la disposición en que pusieron los baños fue fatal. Había una cola larguísima. Las distancias cortas deberían largar al final. Y la partida debería ser más temprano.

Cerca de las 9.30 partimos junto a los de 5 y 10km. Nuevamente quedé bien atrás por lo que tarde casi 3 minutos en llegar a la partida.

La subida de Santa María es siempre pesada, más aun con el sol pegando de frente. Como me había propuesto tratar de igualar el tiempo de Viña, traté de mantener un ritmo un poco exigido.

Quizá eso me jugó en contra. Sumado al calor y a la exigencia acumulada.

La bajada por Los Leones costó. Comencé a sentirme agitado. De hecho cuando cruzamos Simón Bolívar, pasó por mi mente la idea de irme a la casa de mis padres que viven cerca de ahí. Borré rápido la idea. No llevaba ni 10 kms y aún tenía ánimo… Aunque se estaba esfumando con cada paso.

La bajada por Macul, ya más tapada por arboles me calmó un poco. Pero no pude acelerar.

Cuando llegué a Rodrigo de Araya, cerca del km 13, empezó la parte mas difícil para mi. Ya no quería más.

Que efectiva puede ser la mente a veces. Quería parar. Fue difícil luchar con la voz interna que decía, más fuerte que de costumbre, que no quería volver a pasar por esto. No iba bien y la situación no mejoró. Pero había que soportar.

Ya avanzada la mañana y mientras pasaba por Vicuña Mackenna había mucho auto y los bocinazos ya eran agresivos. Claro, en unos minutos se jugaría el clásico y la gente quería llegar.

En Santa Rosa llegando a Santa Isabel, un poco agobiado por el calor comencé a ver la luz. No quedaba mucho y si bien no pude correr mas rápido, sí conseguí no bajar demasiado el ritmo.

Costó… Más de la cuenta. Llegué en un poco más de 1:47 hrs. Nada mal en mi estándar, pero fue a un precio alto.

Rescato la lección ganada respecto de escoger bien las batallas y la oportunidad que tuve de “entrenar” la mente al haber seguido sin rendirme a pesar de que esta vez haya tocado sufrir. 

Jesus Figueroa

 Imágenes gentileza Runchile.

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