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Race Reports

Avanzando…

Esta fue mi segunda maratón. De la primera, en Lima el 2014, me quedaron muchas enseñanzas y satisfacciones y la sensación de que tenía mucho por mejorar.

Esta segunda ocasión disfruté mucho el proceso de preparación porque a diferencia del 2014 tuve la oportunidad de hacer el entrenamiento casi completo con el equipo. Y correr en grupo, con amigos, se hace más fácil, más entretenido y también más “productivo”.

Como siempre me entretuve mucho hablando con quien me escuchara de la carrera y del entrenamiento. Eso sí, tuve piedad de mis cercanos y solo hablaba en caso de que me preguntaran. Compré un nuevo reloj, renové zapatillas, probé nueva nutrición. En fin, aproveché esos detalles que me encantan.

El fin de semana de la carrera me di el gusto de disfrutar de la Expo, de mi primera foto de equipo-pre-maratón, de recibir mi polera de Andesteam. Lamenté mucho no poder compartir la tallarinata con el equipo, pero problemas personales me complicaron. En su lugar pude aprovechar del apoyo que mi familia y amigos me dieron el sábado.

El domingo fue un día precioso. Con calor, claro, pero un lindo día a fin de cuentas. Escenario perfecto para la fiesta que fue esta maratón. Qué lindo fue ver a tanta gente corriendo. Muchos de ellos los 42k. Era notorio que se estaban batiendo récords de convocatoria.

La organización impecable, al menos, lo que pude apreciar. Hasta acrobacias de aviones hubo.

No quedó mucho tiempo para calentar. La hora pasó rápido y hubo que encajonar. Perdí de vista a varios del equipo y partí junto a Karim.

Disfruté los primeros kilómetros. Alameda, Matta, Grecia, me sentía bien. Tuve que parar a “pits” en el kilómetro 11 ya que antes de partir no pude pasar por segunda vez al baño (como es mi costumbre). Elena y Mateo me esperaron en el kilómetro 14. Mis padres y mi hermano Marco estaban en el 16. Me sentí feliz de que me acompañarán y que fueran parte de mi aventura. Me alejé de ellos esperando que Mateo pudiera entender lo que hacía papá y lo que significaba este esfuerzo.

Pasé los fatídicos 17 que en Lima marcaron el punto en que todo se complicó. Me sentía bien, según mi plan.

El apoyo de la gente fue constante. Algunos eran más tímidos, otros gritaban sin empacho. Algunos en bicicleta acompañaban a sus amigos dándole ánimo y recitando frases “sabias” que nos servían a todos. Un caballero me sorprendió cuando antes de doblar en Rodrigo de Araya nos gritó “van de los últimos”. Su acidez me sacó una carcajada.

A esa altura había identificado a alguien que parecía llevar mi ritmo. Así que me pegué a él. Del resto del equipo no sabía. Supuse que los punteros (Rosales, Esteban, José Luis, Niño) ya me debían llevar ventaja, aún no pillaba a Daniel (y nunca lo hice) así que asumía que iba bien y a Karim lo había dejado de ver hace un rato. A Andrés no lo pude ver, pero sabía que iría a su ritmo.

Ya en Vespucio comenzó la parte dura. Me vino lo que me pasa en carreras largas. La sensación de que la bencina se está acabando. Las piernas respondían, no me sentía especialmente agitado, pero notaba como las energías se iban rápidamente.

Los kilómetros se empezaron a hacer largos y de a poco la cabeza comenzó a tomar control.

Es difícil describir lo que ocurren en esos kilómetros. No sé si les pasa a todos lo mismo, pero durante el último cuarto libré una lucha tremenda con mi cabeza que lo único que me decía era que parara.

En la bajada, pese a todo, me fue posible en tramos cortos retomar un mejor ritmo, pero ya iba en problemas, con mucha sed, calor y “tocado”.

En el kilómetro 37 me esperaba de nuevo Elena y Mateo. Los acompañaban Cori y Carlos. Me alegró mucho verlos. Le di un beso a Mateito y a la Chica, les arrebaté (literalmente) el Gatorade que me llevaron y seguí. Relativamente no quedaba nada, pero para mí era una eternidad.

Escuchaba a los demás que decían: “salimos de Andrés Bello y estamos”. Pero ese momento tardaba tanto en llegar. Sin embargo, ya en Alameda, supe que efectivamente queda menos.

En el último kilómetro a ambos lados del camino vi a los Andesteam. Escuché a Torres que me gritó que corriera para llegar antes de las 4 horas. Lo intenté. Maripan me escoltó un rato. Exprimí lo último que me quedaba, pero no era mucho, ja!. No logré llegar en menos de 4 horas, aunque me faltó poco. Pero quedé seguro de que lo había dado todo.

Si bien no logré el tiempo que quería siento que avancé, que mejoré, que valió la pena el esfuerzo y los sacrificios. Me encantó haberlo hecho y sé que no podría haberlo hecho mejor. Porque lo di todo, no me guardé nada. 

Jesus Figueroa

 Galería de fotos Maratón de Santiago 2015.

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Maratón de Santiago – La primera vez duele

Cuando hace un año terminaba de correr los 21 kilómetros en la Maratón de Santiago (MDS) con la satisfacción de haber cumplido con los objetivos propuestos, me planteaba un plan a 2 años para enfrentar el desafío de los 42,195 kms. Un maratón lo suponía un objetivo demasiado grande y deseaba darme un buen tiempo para asumirlo.

En lo que restó de ese año 2014, participé de diversas pruebas bastante rudas principalmente en el ámbito del trail, lo que acarreó que al conversar con mis compañeros de Andesteam sobre en qué distancia debería participar en la MDS 2015, se generó una verdadera operación de bullying por convencerme de asumir el desafió del maratón. Cada excusa fue resuelta con la buena voluntad y la ayuda de mis amigos de equipo hasta que al abrirse las inscripciones ya estaba convencido y me sumé inmediatamente.

Comencé con una preparación a conciencia, tratando de ajustarme lo mejor que mis tiempos disponibles permitían al programa de entrenamientos propuesto por el coach Jorge Acosta. En términos generales durante mis vacaciones en enero, los entrenamientos se realizaban 6 días a la semana, dejando tan solo uno para descansar. De regreso a Santiago, agregué a los 2 días habituales de entrenamiento con Andesteam, los sábados en que principalmente se realizaba trabajos de volumen, y 1 a 2 días adicionales en los que debía trabajar solo. Además continué durante febrero con los entrenamientos de natación, los que finalmente abandoné en beneficio del running.

De este modo fui adquiriendo la tranquilidad de que mi cuerpo estaba preparado para enfrentar responsablemente esta prueba. Además, fui testeando cada uno de los elementos que utilizaría ese día, desde las zapatillas y los short, hasta las calcetas o la ropa interior, para asegurarme que ninguno de ellos pudiera generar alguna molestia o problema.

Las últimas semanas fueron de tranquilidad y pensamiento positivo, no hubo nervios o miedo, sino que más bien de una ansiosa espera. El jueves 9 a mediodía fui a retirar mi kit, con lo que ya todo mi equipo estaba completo. El sábado en la tarde ordené todo para el día siguiente. A las 5 de la madrugada del domingo ya estaba en pie. Lavarse, vestirse y tomar desayuno. Partir hacia el centro, reunirse con los amigos, dejar las cosas en guardarropía, y a encajonar.

Me ubico en el encajonamiento en la pista de más al sur, está más vacía, por lo que asumo que me permitirá salir más rápido. Los minutos transcurren y el nerviosismo flota en el aire. Mucha alegría y emoción permea a todos. Cuenta regresiva y el disparo, la fila se empieza a mover lentamente, demasiado lento. Paso bajo el arco y empiezo a correr, el ritmo lo da el grupo, y se siente fabulosamente bien y cómodo. Se adelanta a algunos, y antes que nos demos mucha cuenta ya estamos en el parque O’Higgins, tomamos Rondizzoni y escucho los acordes de Back in Black, pienso “qué buena música tienen puesta”, avanzo un poco más y me doy cuenta que es una banda en vivo que realiza una perfecta interpretación. Primer punto de hidratación, un vaso de Gatorate sin detenerse, y a continuar.

Al virar en avenida Matta diviso a Sebastián Villarroel y Felipe Montenegro que me alientan con sus bicicletas al lado. La subida hacia el estadio nacional parece fácil y rápida, es territorio conocido y por ello no hay sorpresas. El público va en aumento, lo que sumado a que los números llevan nuestros apellidos, y a que muchos han individualizado sus poleras, hace que su aliento se personalice. “¡Dale Andrés!”, “tú puedes Reisz”, son gritos que escucho con desconcierto pero mucho placer.

Llegamos al primer punto de control a un ritmo incluso un poco mejor que el que teníamos proyectado. Tanto que pensé para mis adentros – Si pudiera continuar así, hasta la expectativa más optimista lograría superarla. Sin embargo, debería tratar de moderarme un poco porque corro el riesgo de fundirme-. Así y todo, me mantuve dentro de ese ritmo hasta llegar a Pocuro.

La subida por Pocuro continuo dentro de ese ambiente festivo que se pudo notar a lo largo de todo el recorrido del maratón. Doblamos por Los Leones, y a pocos metros está el tercer punto de hidratación. Como en los anteriores un vaso de Gatorade y a continuar. Entramos en tierra incógnita, de aquí para adelante comienza realmente el maratón, lo anterior lo había corrido anteriormente para los 21. La verdad es que para otras carreras ya había hecho los siguientes 2 kilómetros aproximadamente (hasta José Domingo Cañas). Por ahí alguien nos grita: “Ánimo ya llevan la mitad”. Nos sonreímos con una señora que va a mi lado y comentamos, “si con suerte llevamos poco más de un tercio”.

En el kilómetro 18 inesperadamente aparece el cuarto punto de hidratación, un vaso y poco más adelante tomamos Rodrigo de Araya. Comienza una nueva subida. Kilómetro 21, punto de control y de hidratación, un par de vasos de Gatorade, un gel, mojarse la cabeza y continuar el ascenso por avenida Grecia. Damos la vuelta alrededor de la rotonda y tomamos Américo Vespucio. Las piernas las siento levemente pesadas, nada grave, pero avisan que ya superamos la mitad del recorrido. Al pasar por el cruce con Larraín miro el reloj, 2 horas y media.

Continuamos. Solo la pista derecha de Vespucio está segregada para la carrera, pero los vehículos se mueven poco y lento. No hay sensación de riesgo. Los puntos de hidratación aparecen cada no más de 5 kilómetros, pero no están justamente en esas distancias, lo que los vuelve un poco aleatorios; no me puedo programar: “en 200 metros más hay agua, me voy a tomar ahora un gel”. Además, no veo abastecimiento en los puestos; no veo fruta ni algún otro sólido.

Al cruzar Colón me encuentro con Leslie (Chiki Gump) quien está alentando a los corredores, y que gentilmente se había ofrecido para acompañarme una parte del trayecto. Ella me da un nuevo impulso. Aumento el ritmo y además me entrega un nuevo aire al distraerme del stress que implica llevar tantas horas corriendo solo.

Ella me imprime una cadencia que es cómoda y sostenible, a la vez que se va adaptando a mis sensaciones y requerimientos. Nuevamente siento que el tiempo transcurre y los kilómetros van pasando. Me ayuda a visualizar o que viene: “pasado Vitacura viene Francisco de Aguirre, por ahí doblaremos, es la última subida, son solo un par de cuadras”. Llegamos a Luis Carrera, punto de control, llevamos poco más de 4 horas. Faltan aproximadamente 10 kilometros; – una hora más – pienso. – un poco más de lo planificado, pero totalmente dentro de lo esperado.

Comienza la bajada por Escrivá de Balaguer. Camino conocido, muchos entrenamientos y carreras han pasado por allí. La pesadez en las piernas va en aumento, y además pequeños micro calambres que vienen y van principalmente en los gemelos. A eso se le suma el sentir el estomago apretado (¿hambre?), configuran un cuadro que me hace ir más lento. El recuerdo de la segunda vez que corrí los 21 el año 2010, en que terminé demasiado acalambrado, me hace tratar de ser más conservador. Leslie me insta a tratar de trotar, a tratar de ir un poco más rápido. Alguien en bicicleta nos informa que en el kilómetro 36, pasado la rotonda, hay un puesto de abastecimiento con fruta, Esa ilusión permite mantener un ritmo de trote suave que cada vez se va pareciendo más a un caminar rápido. Ahora pienso que es posible que en ese momento haya estado enfrentando El Muro. Poco antes de llegar a ese puesto una pareja pasa y me ofrece un plátano. Lo como lento, paladeándolo y masticándolo con mucha calma y placer. El puesto solo tiene hidratante.

Decido caminar en vez de trotar, pues cada vez que intento elevar las rodillas para el trote siento esas descargas que son señales precursoras de los calambres. Estamos a la altura del Costanera Center, kilómetro 37. Cerca de Pedro de Valdivia un calambre en la pierna derecha completa me paraliza, al apoyarme en la otra para compensar se replica en la izquierda. Chiki me sostiene para que no me caiga y me dice: “sigue caminando”. Le hago caso y la crisis pasa. Los dolores ceden, solo queda el cansancio y quizás una sensación de que lo único que ahora importa es llegar a la meta, no importa cómo.

Pasada la estación Salvador del Metro, un bus escoba se detiene a nuestro lado – ¿los llevamos? – preguntan. La respuesta nace profunda del alma, del orgullo. “ni locos, no hemos recorrido 39 kilómetros para venir a subirnos a un bus ahora”. Nos informan que están por abrir Providencia al tránsito vehicular, que debemos apresurarnos o llegaremos cuando el evento haya concluido.

El orgullo puede más, y Leslie me presiona a comenzar a trotar nuevamente. Me fija metas cercanas, “ver esos 2 de allá adelante, tienes que pasarlos”. Ahora le toca a esa que va caminando, después a un padre que es alentado por su hija. Poco a poco se afirma el ritmo, poco a poco recupero la confianza y me olvido del cansancio. La adrenalina fluye y saber que se está cerca lo es todo. Casi sin darnos cuenta llegamos a Mac Iver, comienza la cuenta regresiva. Kilómetro 41, kilómetro 41 100 metros, van indicando los carteles. Solo faltan 1100 metros – pienso. Otro cartel, otro pensamiento 1000 metros. Así me voy acercando. Chiki me dice “No te apures todavía, guárdate para los 195 metros”. A último minuto me dice: “último objetivo, pasa a ese que va adelante”. Apresuro el trote, veo a mi hija, a Jorge, y a otros amigos que están al borde de la calle, me gritan, me dan ánimos. Ese momento transcurre rápido y en cámara lenta a la vez; adelanto al otro corredor y recorro esos últimos 30 metros que me separan de la meta, levanto los brazos y la cruzo… La sensación de paz y alegría me llena. No hay euforia, no hay urgencia por hacer algo (descansar, comer, hidratarse) solo la tranquilidad y la satisfacción de haber logrado lo que no pocos pensaban que era una locura…

Al día siguiente me llegó la siguiente frase: “Un maratón es como la vida, con altibajos, pero una vez que lo haz terminado sabes que todo es posible”. Sufrí algo más de lo que esperaba, sentí el cariño de simples desconocidos que por curiosidad o morbo salieron a las calles a vernos, y que se dieron el tiempo para dedicarnos esa palabra que se necesitaba para seguir adelante. Supe del apoyo de los amigos que me buscaron en la multitud de corredores para hacerme llegar su aliento. Y finalmente, sentí el premio por todo el trabajo realizado durante los últimos meses. El próximo año espero poder repetir la experiencia, con algo más de sabiduría y un poco menos de miedo.

Deseo en primer lugar agradecer el apoyo y la ayuda de Leslie que me obligó a dar ese 110 % que la comodidad o el cansancio de haber corrido solo no me habrían permitido lograr. Sé que habría llegado pero no en las condiciones en que lo hice. Además, deseo agradecer a Jorge Acosta por sus consejos, dedicación y preocupación. A Christian Rosales, Felipe Montenegro, Rodrigo Niño, Sebastián Villarroel, Mauricio Quintanilla y otros tantos amigos de Andesteam, por motivarme a intentar enfrentar este desafío; Sin su bullying no estaría aquí. Y finalmente a mi familia que me apoyó a pesar de que a veces les pudo parecer descabellado, loco o riesgoso. 

Andres Reisz

 Galería de fotos Maratón de Santiago 2015

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1° Vuelta a la Laguna de Aculeo 2015 – Andres Reisz

Muchas veces escuché que la Vuelta a la Laguna de Aculeo era una carrera distinta, cambiante, que cada vez que se participa en ella es una experiencia nueva. Esta era la tercera vez que participaba, y en las dos ocasiones anteriores había sentido una evolución positiva en mis resultados y en la experiencia general de mi participación. En esta ocasión, el objetivo era doble.  Seguir mejorando mis tiempos, y realizar un ensayo de los elementos que utilizaría en el Maratón de Santiago, en mi primera incursión en los 42,195 kms.

El día sábado 21 de marzo había amanecido caluroso al igual que toda la semana que lo antecedió. Llegué temprano a retirar mi kit. Y luego estuve paseando y realizando algún trabajo suave de elongación y soltura articular.

Foto cortesía Solo Running

Una vez iniciada la carrera asumí mi estrategia de obviar al resto de los corredores y llevar los ritmos que esperaba desarrollar en la MDS. Todo fue bastante bien hasta aproximadamente el kilómetro 10, en que la sensación de sequedad bucal comenzó ha agudizarse a pesar del insistente consumo que hacía de hidratante desde mi mochila de hidratación. La sensación de sed, me hizo pensar en la posibilidad de estar deshidratado y/o insolado. Sin embargo, salvo la sed y el calor agobiante no tenía ninguna otra molestia.

Obviamente, estas sensaciones a la larga llevan a que psicológicamente uno empiece a desgastarse, y comience a intentar modificar los patrones de carrera para minimizar estos malestares. En este caso, terminé realizando algunos tramos caminando a paso rápido en vez de correrlos.

El resultado final fue bastante decepcionante, ya que terminé con un tiempo extremadamente alto respecto de mis expectativas. Sin embargo, los aprendizajes fueron muchos, principalmente en cuanto a los cuidados con la dieta y la hidratación de los días previos.

Por otra parte, y para arreglarme el ánimo, el domingo 22, participé en la corrida Brooks, en la que me sentí estupendamente y logré mejorar mis tiempos.

Quiero agradece al coach Jorge Acosta, a Mauricio Quintanilla y a Magaly Castillo por ayudarme a analizar y comprender lo ocurrido durante la carrera.

A veces de lo malo se puede aprender mucho más que de los éxitos.

Andres Reisz

Desafío Senderos de los Volcanes 2015 – Jorge Acosta

Llegamos a esta carrera, por recomendación de uno de los integrantes del equipo (Andrés Reisz) quien la había realizado en la versión 2014, por lo que se propuso como carrera para asistir en equipo para la versión 2015.

Tratamos de organizarnos con tiempo pero a última hora sufrimos varios cambios en el contingente que asistiría. Al final de un grupo de 14 personas (entre corredores y acompañantes), asistimos 7 personas, 6 a competir y uno de ellos como acompañante. El viaje paso rápido entre charla y charla, para los cuatro que viajábamos en auto particular y aproximadamente a las 19:00 hrs. ya estábamos en Victoria, luego subimos hasta Curacautín, en donde estaba la organización, y se brindaba la charla técnica. Ahí mismo (Curacautín), nos alojaríamos en un internado junto a los demás corredores.

La charla técnica no aportó mucho, y generó bastante incógnitas, lo único que tuvimos claro es que partiríamos a las 10 AM, y que habría durante el recorrido de los 25km dos puestos de abastecimiento, uno solo con agua e isotónico, y otro con frutas secas y frescas aparte de agua.

Al día siguiente y ya en camino al parque Nacional Conguillio, pudimos observar lo maravilloso del lugar, y a medida que nos acercábamos nuestras expectativas por los senderos que recorreríamos aumentaba. Ya en el parque, nuestro grupo fue el primero en llegar y retirar el número de competencia para la distancia de 25km, pero todo era lento, por lo que la organización retrasó la partida para las 11 AM.

Llegó el momento, y luego de los saludos entre los corredores e integrantes del equipo Andes Team, se dio la partida para las dos distancias 25km y 10km, compartíamos algunos metros (400 a 500m) de recorrido y luego nos separábamos… Entrando en los senderos que cruzan este maravilloso parque, y en donde por algunas horas pudimos disfrutar correr entre un bosque majestuoso compuesto por araucarias, coihues, raulí, lengas, arbustos como la chaura, murta, helechos, colihues y por muchas especies más que no conozco.

Así recorrimos el bosque bajando y subiendo por los senderos que trasmitían una paz y tranquilidad increíble, y que en lo personal me permitían desconectarme de todo y pensar en volver con mi familia y recorrer el lugar nuevamente.

El circuito fue subiendo hasta llegar a las faldas del volcán LLaima, donde el bosque quedó atrás y comenzó la parte de montaña, y que fue bastante extenuante, al tener que subir por un acarreo volcánico que parecía como arena, y que hacía que cada paso fuera pesado al hundirse los pies en este suelo blando, como en el km 15 estaba la parque más alta del recorrido, luego era todo bajar, y volver al bosque para retomar algunos de los senderos que ya habíamos transitado.

La carrera, fue interesante, y el lugar valía la pena, llegué con tres horas y fracción a la menta, al final me pasó la cuenta el poco entrenamiento y el ritmo rápido que llevé los primeros 10km, los últimos km fueron duros pero más que nada por el agotamiento. Sensaciones que ya había vivido durante muchos años de competencias, pero ya sabía que hacer… Caminar y trotar de vez en cuando hasta cruzar la meta, el objetivo principal en esta ocasión.

Al final, llegamos todos los integrantes del equipo, todos contentos por su desempeño, y por el maravilloso lugar.

Ese día nos quedamos en carpa en el parque hasta el domingo, por la noche compartimos un asado con algunos corredores que hacían lo mismo, y con gente que vacacionaba en la zona. El domingo, tuvimos algo de tiempo para recorrer otros senderos antes de emprender el regreso a Santiago.

Fue una experiencia muy agradable, conocer un lugar hermoso, compartir momentos con amigos, y con gente recién conocida que tienen el mismo gusto por la naturaleza.

Así como el programa de la TV, lo recomiendo 100%, el lugar lo vale, ojalá que el año que viene se vuelva a realizar y que ya no seamos siete si no el doble.

Los invito a ver las fotos y videos subidos en las redes sociales del equipo ANDES TEAM. 

Jorge Acosta

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Desafío Sendero de los Volcanes 2015 – Rodolfo Maripan

Hace muchos años que practico montañismo, pero la verdad nunca me había propuesto hacer trail running básicamente porque he visto demasiada gente con operaciones de menisco, tendones rotos, pérdida total de cartílago, etc. haciendo montaña, “ni imaginar que le puede pasar a una persona que corre en cerro” decía yo.

Pues bien, me decidí correr el Desafío Sendero de los Volcanes en Conguillío para probar, la estrategia desde antes de pagar era andar a mi ritmo, siempre asistido por el reloj para no tener tanto daño físico y llegar seguro.

La primera incógnita era qué llevar y con qué me alimentaría, yo me conozco, sé que no consumo menos de 500ml por hora de agua, así que llevé la camelback de 2 litros de capacidad con 1 litro de agua, contando que utilizaría los puntos de abastecimiento. Adicionalmente opté por 3 geles — 1 por hora — así aseguraría el llegar bien a la meta.

Llegando la hora de carrera la segunda incógnita ¿uso bastones? finalmente decidí utilizarlos, al ser montañista para mí es natural su uso y a diferencia de otras personas no me molesta en lo absoluto. La gran ventaja de los bastones es que se puede repartir hasta el 40% de la carga corporal en el tren superior, lo que a la postre fue un gran acierto (me sentí como un 4×4).

La tercera incógnita: ¿Aguantaré? Al comenzar la carrera me sentí bien, fui a un ritmo relativamente exigido pero controlado (85%+), siempre midiendo mi respiración y frecuencia cardíaca, al inicio perdí al resto del equipo (no había pasado 1 minuto y ni los vi jajajaja), pero no me importaba, ya que la estrategia desde el minuto 1 sería andar a mi ritmo ya que el trail running es una disciplina totalmente desconocida (ni siquiera he corrido 25k en asfalto) así que no sabía como se comportaría mi cuerpo.

Las subidas las troté y algunas las caminé rápido durante la primera mitad, así aseguraría energía para el remate, siempre respirando bien, los bastones los mantuve contraidos hasta alcanzar los faldeos del volcán.

Al llegar al volcán los expandí mientras subía, aplicando pies de pato y llevando peso a mi tren superior comencé a subir de forma constante, pasé aproximadamente 10 personas, durante la bajada también apliqué bastones tanto para saltar como para hacer ramaz, bajé relativamente rápido pero controlado para asegurar la rodilla, el gran error fue no llevar polainas ya que los sedimentos volcánicos se acumularon en mi zapatilla haciendo la bajada muy sufrida, al llegar al punto de hidratación me saqué la arena, tomé líquido y continué trotando, decidí no parar ni caminar en los planos y subidas pequeñas, pero sí en los lugares más empinados.

Al terminar la última subida bajé trotando a paso largo, levantando rodillas, en ese momento estaba muy cansado y noté la falta de fondo, nunca había hecho en velocidad más de 20kms en toda mi vida, al llegar la parte más plana lo único que quería era terminar, trotando muy lento, no tenía la data del gps porque se me olvidó cargar el polar en la noche, solo tenía el ritmo cardíaco y estaba en 95%.

Pregunté a un niño de la organización cuanto quedaba, “1.5kms” me dijo… Excelente, empecé a apretar y pasar corredores, llegué al último punto antes de la meta y pregunté al siguiente joven: “1.5kms” dijo… ¿Cómo?… Los tipos no tenían idea, ahí traté de correr pero no podía mis piernas no daban, había gastado mi último recurso, empecé a caminar un rato, las pulsaciones no bajaban de 90%, cuando ya vi la meta comencé a trotar a 1 kmph, con mucho sufrimiento me voy acercando y viendo gente, veo a Magaly y me sentí aliviado, contento, 3:55 fue lo que marcó mi reloj, la verdad no me importaba mucho, finalmente había hecho mi primer 25k en trail, que finalmente fueron 28k porque para variar los de la organización calcularon mal la distancia.

Finalmente me saco los zapatos, la calza y me meto en el agua solo con la calza de compresión al agua del estero, la única forma de liberar un poco el ácido láctico que a esa altura en el único lugar que no existía era en mis uñas, pelo y córneas. 

Rodolfo Maripan

 Galería de fotos Desafío de los Volcanes.

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Cruzando el Bio Bio – Sebastian Villarroel

Motivado en ir a competir a Cruzando el Bio Bio, cerrando la temporada de triatlones, correspondiendo a mi 6° medio Ironman y de acuerdo a los comentarios, este circuito es uno de los más rápidos del sur de nuestro país.

Partíamos el domingo muy temprano instalando el equipamiento en el parque cerrado a eso de las 6:30 de la mañana con frío y muy oscuro, donde a las 7:20 hrs. partía la categoría ¼ Ironman donde competía Evelyn y Oscar y el ½ Ironman donde competía Rodrigo y yo.

La natación tenía lugar en la Laguna Chica de San Pedro, con una temperatura del agua agradable, pero producto del frío del ambiente comenzaba un poco entumecido esta primera etapa, donde en el segundo giro me sentí con más ritmo completando los 1900 mts de nado.

Saliendo del agua la transición era muy larga hasta llegar a la zona del parque cerrado (500 mts), para salir rápidamente a la etapa del ciclismo, donde la temperatura del ambiente estaba baja y corría bastante viento. El circuito del ciclismo tenía 6 giros de 15 kms cruzando el puente del Bio Bio lo que lo hacia atractivo por la panorámica, pero no era tan fácil por el tema del viento, logrando completar los 90 kms en 2:30 hrs y con las piernas fatigadas por el esfuerzo.

Ya en la etapa del trote con una rápida transición comienzo a sentirme cómodo corriendo logrando recuperar varios puestos, donde después de los 15 kms las fuerzas comienzan a decaer y a bajar el ritmo, donde ya camino para meta nos envían a dar otro giro más por un error de un banderillero, donde teníamos que seguir luchando contra el cansancio y tratar de llegar lo más rápido posible, logrando llegar a la meta con un tiempo de 4:38 horas que es mi mejor marca en esta distancia, quedando 11 lugar en la general y satisfecho por mi carrera.

Por último dar las gracias a mi familia que vive en Concepción y me apoyó y acompañó en esta carrera, y a la compañía de Evelyn, Oscar y Rodrigo al compartir la carrera y los entrenamiento correspondientes con Andesteam. 

Sebastian Villarroel

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