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Race Reports

El gusto de volver a Alhué

Esta segunda ocasión de visitar Alhué nos dio nuevamente la oportunidad de reencontrarnos con esa extraña comunidad que somos los corredores de trail. Aquí nos reencontramos con los amigos de los diversos clubes y las diversas latitudes.

En esta ocasión la meta personal era repetir los resultados del año anterior y, dentro de lo posible, mejorarlos; ya sea en sus tiempos o en la sensación final que se tuvo. A este respecto, creo que fue todo un éxito; principalmente por la sensación de haber hecho un esfuerzo más constante a lo largo del circuito, corriendo en sectores que anteriormente se habían tan solo caminado, a la vez que se terminó tanto en lo físico como en lo anímico mucho más entero.

Como el año anterior, nos organizamos para irnos el día anterior, alojando en el mismo hostal donde nos recibieron con idéntica calidez y familiaridad. La entrega del kit se podía realizar ese mismo día viernes lo que permitió una levantada previa a la carrera más pausada y tranquila.

Foto cortesía Solo Running

El nerviosismo era poco, principalmente porque ahora era un circuito conocido, y porque en esta oportunidad el clima había sido bastante más benigno: no hubo lluvia la noche anterior, ni el sol auguraba un día tan caluroso. Es decir, teníamos un día fresco pero no frío, de esos que me encantan para salir a recorrer la naturaleza.

A pesar de que la partida se retrasó bastante, el inicio de la carrera fue bastante ordenado. Primero con su recorrido por dentro de la Villa de Alhué, para luego comenzar el ascenso por los cerros circundantes. La estrategia en esta ocasión era intentar mantener el trote tanto en las subidas como en las demás condiciones, tratando de caminar tan solo en aquellos momentos en que la pendiente fuese muy fuerte o excesivamente prolongada.

Durante la primera hora, es decir, hasta algo pasado el primer punto de abastecimiento, se logró mantener un ritmo relativamente rápido y cómodo, adelantando a varios corredores que en las subidas iban caminando. A partir del punto de hidratación, comenzaba una zona de subidas y bajadas muy corribles, salvo por la atención que se debía mantener en las variantes en el camino, las que por lo general estaban muy bien señalizadas, o en algunas grandes rocas que se interponían en el camino. Esta condición se mantuvo hasta aproximadamente el kilómetro 10 o 12 en que se inició una subida con bastante mayor pendiente que la que recordaba o que había proyectado a partir de la información gráfica.

Está nueva condición implicó una reducción severa de los ritmos los que paulatinamente fueron convergiendo hacia un caminar bastante pausado. Al llegar a la cima, o más bien al punto más alto de nuestro trazado (porque los de 32k seguían subiendo), personal de la organización nos informa que solo quedan 3 kilómetros todos de bajada. Esta información nos da nuevos bríos, y comenzamos a correr en la bajada.

Al ingresar al pueblo nos sentimos bien y felices. Sin embargo, al pasar frente al cementerio, un principio de calambre nos avisa que debemos manejar mejor los ritmos y los esfuerzos.

Un último esfuerzo y enfilamos a la meta. Al cruzarla sabemos que hemos hecho una buena carrera y que el próximo año esperamos estar de nuevo allí… 

Andres Reisz

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El debut en la distancia madre

Esta fue mi primera maratón. Hace 4 años cuando empecé a entrenar nadando jamás me imaginé que iba a correr una maratón. Lo encontraba una locura.

De hecho la verdad me inscribí sin pensarlo mucho, a fines del año pasado estaba entrenando harto por el tema del triatlón en el que me había concentrado, por lo que tomé la maratón como “parte de mi entrenamiento”. Influido además por los muchachos de Andesteam que esta vez se inscribieron “en masa” lo que se puso como un desafío de equipo. Bueno y así fue… Después de correr la última triatlón a comienzos de marzo, recién me enfoqué en entrenar trotes largos, intercalados por la natación. Jorge me decía que no me preocupara mucho, que estaba bien entrenado. Con el fin de los días y se acercaba la fecha, me fui poniendo más nervioso. Llegar a los 35 km 3 semanas antes de la fecha fue una buena idea, un buen apronte, aunque corrí solo ese día.

No me puse una meta tan alta, considerando mi condición dije “3:30 hrs o menos”. Los días previos había calor, salvo por esos días de lluvia a principio de la semana, se auguraba un día pesado en temperatura.

Bueno llegó el día, preparar todo el día anterior como siempre y de madrugar para estar a tiempo. Nos encontramos con los muchachos en la hora propuesta -7:30 – e hicimos un buen calentamiento con Esteban, Rosales, Daniel y Oscar. Ya llegado el momento dijimos aprovechemos la bajada de ponerle más y pasar gente, partimos juntos Oscar se desapareció adelante y nos fuimos con Rosales, Esteban y Daniel.

Ya en el plano fuimos a buen ritmo 4:50 pero la gente te empuja a ir más rápido… Así como me sentí bien ya después del Parque O’Higgins me despegué y me fui corriendo solo “a mi ritmo”.

La verdad me sentí muy bien todo el recorrido, en el km 15 apareció Torres en su bici a apoyar, después Jorge, Seba y Montenegro, gran apoyo “on the road” del equipo.

Iba muy bien hasta el km 30 diría yo, el ritmo de Vespucio fue de 4:30 aproximadamente y creo que fue un poco apurado; ya que iba tan bien dije, a este ritmo puedo llegar en 3:15 hrs, calculaba que en la bajada después del km 32 iba a poder apurar. Craso error: no contaba con el dolor que apareció en todo el tren inferior desde la entrada al Bicentenario que me acompañó hasta el final: creo que ese fue mi famoso “muro”. Así que tuve que bajar el ritmo porque sino no llegaba. En el km 35 había un cartel muy chistoso que decía algo así como “Sonríe, nadie te obligó a estar aquí” lo que encontré muy cierto y por lo demás sirvió de ánimo para lo que quedaba: lo más duro. Los últimos kms se corrieron con cabeza y corazón, 1,5 km antes de la llegada al encajonar estaba Rodolfo M y la Eve, Rodolfo me empujó unos en unos 500 mts de ritmo a 4:00 que fue lo último que podía dar la verdad.

Pasé la meta en 3:21 tiempo total y bueno si bien me había ilusionado con un mejor tiempo durante la carrera, me deja más que conforme! Al terminar un masaje me ayudó a poder caminar digno al metro a encontrarme con Caro y mis niños. Aunque el dolor duró hasta el jueves siguiente, ya se olvidó y bueno, vienen nuevas metas en el futuro!

Agradezco infinito a todo el equipo por el apoyo, al super coach Jorge Acosta, pero más que nadie a mi Caro y mis niños que me apoyan con seguir haciendo estas locuras deportivas que me encantan. 

José Luis Leal

 Galería de fotos Maratón de Santiago 2015.

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Menos a más

La Maratón de Santiago MDS 2015 fue mi cuarta maratón, en 2013 había debutado en esta misma ciudad con mis primeros 42km. Aquella vez mi tiempo fue de 4:04, por lo cual mis recientes 3:31 me dejan bastante satisfecho. La mejora tiene una única explicación, constancia y progresión. Algo que difícilmente se puede alcanzar si no eres parte regular de un equipo de entrenamiento.

Vamos a la carrera. Llegué a esta maratón muy bien físicamente, ningún dolor ni molestia muscular y con la tranquilidad que la experiencia te da. Además, por primera vez, corría con partner, Christian Rosales, con quien compartimos el ritmo hasta el km 32. Correr en compañía es una gran ventaja, te ayuda a marcar el paso, mantener el ritmo y hasta da la sensación de que la carrera se hace más corta. Lamentablemente, y después de tanta grata compañía el muro de los 32 km fue más alto para mí y ya no pude mantener el ritmo. Las piernas, bueno lo que quedaban de ellas, pedían descanso… Pedían caminar!!! Pero mi objetivo de hacer 3.30, o mejor dicho 3.29.59, estaba muy cerca por lo cual seguí dando y dejando todo lo que me quedaba. Faltó poco, 1 min 16 seg específicamente. Tiempo insignificante muchas veces en la vida pero que ese día era un abismo, un océano repleto de tiburones blancos…

Nada que hacer, buscar la meta y levantar las rodillas para alargar el paso, como me gritaba Andrés Torres, quien brindó un valioso apoyo en toda la carrera.

Hablando de apoyo, además de varios integrantes del team que nos siguieron en bicicleta, capitulo aparte merece mi amigo Yuri que me acompañó, también en bici, desde el km 16 al 25 aproximadamente y de Juancho y mi familia que siempre me ve pasar en zona de muro (Luis Carrera y Escrivá de Balaguer).

Una nota final para la reflexión, en la semana post maratón, leí varios comentarios sobre la carrera y la actualidad del running en Chile, uno de ellos me dejó pensando. Últimamente se vive un boom de eventos en diferentes versiones y muchos de ellos de distancias largas… Distancias superiores a los 42km. Todas estas relacionadas al trail que de alguna manera hacen ver la maratón como un paseo dominguero. Ojo, a no confundirse, la dificultad o dureza de una carrera no está solo relacionada con la distancia sino también con el ritmo. Distancia y ritmo son los dos elementos a considerar tal como señala Luis Capdevilla en el siguiente articulo que recomiendo leer (http://carreraspormontana.com/noticias/hasta-donder).

Así que a no marearse, para los aficionados, un 10k en menos de 40 minutos puede ser bastante más meritorio que 50 km caminando y levantando flores por la cordillera.

Hasta la próxima. Vamos por menos kilómetros a mayor ritmo. Y recuerden que correr ayuda. 

Esteban Brufau

 Galería de fotos Maratón de Santiago 2015.

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Avanzando…

Esta fue mi segunda maratón. De la primera, en Lima el 2014, me quedaron muchas enseñanzas y satisfacciones y la sensación de que tenía mucho por mejorar.

Esta segunda ocasión disfruté mucho el proceso de preparación porque a diferencia del 2014 tuve la oportunidad de hacer el entrenamiento casi completo con el equipo. Y correr en grupo, con amigos, se hace más fácil, más entretenido y también más “productivo”.

Como siempre me entretuve mucho hablando con quien me escuchara de la carrera y del entrenamiento. Eso sí, tuve piedad de mis cercanos y solo hablaba en caso de que me preguntaran. Compré un nuevo reloj, renové zapatillas, probé nueva nutrición. En fin, aproveché esos detalles que me encantan.

El fin de semana de la carrera me di el gusto de disfrutar de la Expo, de mi primera foto de equipo-pre-maratón, de recibir mi polera de Andesteam. Lamenté mucho no poder compartir la tallarinata con el equipo, pero problemas personales me complicaron. En su lugar pude aprovechar del apoyo que mi familia y amigos me dieron el sábado.

El domingo fue un día precioso. Con calor, claro, pero un lindo día a fin de cuentas. Escenario perfecto para la fiesta que fue esta maratón. Qué lindo fue ver a tanta gente corriendo. Muchos de ellos los 42k. Era notorio que se estaban batiendo récords de convocatoria.

La organización impecable, al menos, lo que pude apreciar. Hasta acrobacias de aviones hubo.

No quedó mucho tiempo para calentar. La hora pasó rápido y hubo que encajonar. Perdí de vista a varios del equipo y partí junto a Karim.

Disfruté los primeros kilómetros. Alameda, Matta, Grecia, me sentía bien. Tuve que parar a “pits” en el kilómetro 11 ya que antes de partir no pude pasar por segunda vez al baño (como es mi costumbre). Elena y Mateo me esperaron en el kilómetro 14. Mis padres y mi hermano Marco estaban en el 16. Me sentí feliz de que me acompañarán y que fueran parte de mi aventura. Me alejé de ellos esperando que Mateo pudiera entender lo que hacía papá y lo que significaba este esfuerzo.

Pasé los fatídicos 17 que en Lima marcaron el punto en que todo se complicó. Me sentía bien, según mi plan.

El apoyo de la gente fue constante. Algunos eran más tímidos, otros gritaban sin empacho. Algunos en bicicleta acompañaban a sus amigos dándole ánimo y recitando frases “sabias” que nos servían a todos. Un caballero me sorprendió cuando antes de doblar en Rodrigo de Araya nos gritó “van de los últimos”. Su acidez me sacó una carcajada.

A esa altura había identificado a alguien que parecía llevar mi ritmo. Así que me pegué a él. Del resto del equipo no sabía. Supuse que los punteros (Rosales, Esteban, José Luis, Niño) ya me debían llevar ventaja, aún no pillaba a Daniel (y nunca lo hice) así que asumía que iba bien y a Karim lo había dejado de ver hace un rato. A Andrés no lo pude ver, pero sabía que iría a su ritmo.

Ya en Vespucio comenzó la parte dura. Me vino lo que me pasa en carreras largas. La sensación de que la bencina se está acabando. Las piernas respondían, no me sentía especialmente agitado, pero notaba como las energías se iban rápidamente.

Los kilómetros se empezaron a hacer largos y de a poco la cabeza comenzó a tomar control.

Es difícil describir lo que ocurren en esos kilómetros. No sé si les pasa a todos lo mismo, pero durante el último cuarto libré una lucha tremenda con mi cabeza que lo único que me decía era que parara.

En la bajada, pese a todo, me fue posible en tramos cortos retomar un mejor ritmo, pero ya iba en problemas, con mucha sed, calor y “tocado”.

En el kilómetro 37 me esperaba de nuevo Elena y Mateo. Los acompañaban Cori y Carlos. Me alegró mucho verlos. Le di un beso a Mateito y a la Chica, les arrebaté (literalmente) el Gatorade que me llevaron y seguí. Relativamente no quedaba nada, pero para mí era una eternidad.

Escuchaba a los demás que decían: “salimos de Andrés Bello y estamos”. Pero ese momento tardaba tanto en llegar. Sin embargo, ya en Alameda, supe que efectivamente queda menos.

En el último kilómetro a ambos lados del camino vi a los Andesteam. Escuché a Torres que me gritó que corriera para llegar antes de las 4 horas. Lo intenté. Maripan me escoltó un rato. Exprimí lo último que me quedaba, pero no era mucho, ja!. No logré llegar en menos de 4 horas, aunque me faltó poco. Pero quedé seguro de que lo había dado todo.

Si bien no logré el tiempo que quería siento que avancé, que mejoré, que valió la pena el esfuerzo y los sacrificios. Me encantó haberlo hecho y sé que no podría haberlo hecho mejor. Porque lo di todo, no me guardé nada. 

Jesus Figueroa

 Galería de fotos Maratón de Santiago 2015.

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Maratón de Santiago – La primera vez duele

Cuando hace un año terminaba de correr los 21 kilómetros en la Maratón de Santiago (MDS) con la satisfacción de haber cumplido con los objetivos propuestos, me planteaba un plan a 2 años para enfrentar el desafío de los 42,195 kms. Un maratón lo suponía un objetivo demasiado grande y deseaba darme un buen tiempo para asumirlo.

En lo que restó de ese año 2014, participé de diversas pruebas bastante rudas principalmente en el ámbito del trail, lo que acarreó que al conversar con mis compañeros de Andesteam sobre en qué distancia debería participar en la MDS 2015, se generó una verdadera operación de bullying por convencerme de asumir el desafió del maratón. Cada excusa fue resuelta con la buena voluntad y la ayuda de mis amigos de equipo hasta que al abrirse las inscripciones ya estaba convencido y me sumé inmediatamente.

Comencé con una preparación a conciencia, tratando de ajustarme lo mejor que mis tiempos disponibles permitían al programa de entrenamientos propuesto por el coach Jorge Acosta. En términos generales durante mis vacaciones en enero, los entrenamientos se realizaban 6 días a la semana, dejando tan solo uno para descansar. De regreso a Santiago, agregué a los 2 días habituales de entrenamiento con Andesteam, los sábados en que principalmente se realizaba trabajos de volumen, y 1 a 2 días adicionales en los que debía trabajar solo. Además continué durante febrero con los entrenamientos de natación, los que finalmente abandoné en beneficio del running.

De este modo fui adquiriendo la tranquilidad de que mi cuerpo estaba preparado para enfrentar responsablemente esta prueba. Además, fui testeando cada uno de los elementos que utilizaría ese día, desde las zapatillas y los short, hasta las calcetas o la ropa interior, para asegurarme que ninguno de ellos pudiera generar alguna molestia o problema.

Las últimas semanas fueron de tranquilidad y pensamiento positivo, no hubo nervios o miedo, sino que más bien de una ansiosa espera. El jueves 9 a mediodía fui a retirar mi kit, con lo que ya todo mi equipo estaba completo. El sábado en la tarde ordené todo para el día siguiente. A las 5 de la madrugada del domingo ya estaba en pie. Lavarse, vestirse y tomar desayuno. Partir hacia el centro, reunirse con los amigos, dejar las cosas en guardarropía, y a encajonar.

Me ubico en el encajonamiento en la pista de más al sur, está más vacía, por lo que asumo que me permitirá salir más rápido. Los minutos transcurren y el nerviosismo flota en el aire. Mucha alegría y emoción permea a todos. Cuenta regresiva y el disparo, la fila se empieza a mover lentamente, demasiado lento. Paso bajo el arco y empiezo a correr, el ritmo lo da el grupo, y se siente fabulosamente bien y cómodo. Se adelanta a algunos, y antes que nos demos mucha cuenta ya estamos en el parque O’Higgins, tomamos Rondizzoni y escucho los acordes de Back in Black, pienso “qué buena música tienen puesta”, avanzo un poco más y me doy cuenta que es una banda en vivo que realiza una perfecta interpretación. Primer punto de hidratación, un vaso de Gatorate sin detenerse, y a continuar.

Al virar en avenida Matta diviso a Sebastián Villarroel y Felipe Montenegro que me alientan con sus bicicletas al lado. La subida hacia el estadio nacional parece fácil y rápida, es territorio conocido y por ello no hay sorpresas. El público va en aumento, lo que sumado a que los números llevan nuestros apellidos, y a que muchos han individualizado sus poleras, hace que su aliento se personalice. “¡Dale Andrés!”, “tú puedes Reisz”, son gritos que escucho con desconcierto pero mucho placer.

Llegamos al primer punto de control a un ritmo incluso un poco mejor que el que teníamos proyectado. Tanto que pensé para mis adentros – Si pudiera continuar así, hasta la expectativa más optimista lograría superarla. Sin embargo, debería tratar de moderarme un poco porque corro el riesgo de fundirme-. Así y todo, me mantuve dentro de ese ritmo hasta llegar a Pocuro.

La subida por Pocuro continuo dentro de ese ambiente festivo que se pudo notar a lo largo de todo el recorrido del maratón. Doblamos por Los Leones, y a pocos metros está el tercer punto de hidratación. Como en los anteriores un vaso de Gatorade y a continuar. Entramos en tierra incógnita, de aquí para adelante comienza realmente el maratón, lo anterior lo había corrido anteriormente para los 21. La verdad es que para otras carreras ya había hecho los siguientes 2 kilómetros aproximadamente (hasta José Domingo Cañas). Por ahí alguien nos grita: “Ánimo ya llevan la mitad”. Nos sonreímos con una señora que va a mi lado y comentamos, “si con suerte llevamos poco más de un tercio”.

En el kilómetro 18 inesperadamente aparece el cuarto punto de hidratación, un vaso y poco más adelante tomamos Rodrigo de Araya. Comienza una nueva subida. Kilómetro 21, punto de control y de hidratación, un par de vasos de Gatorade, un gel, mojarse la cabeza y continuar el ascenso por avenida Grecia. Damos la vuelta alrededor de la rotonda y tomamos Américo Vespucio. Las piernas las siento levemente pesadas, nada grave, pero avisan que ya superamos la mitad del recorrido. Al pasar por el cruce con Larraín miro el reloj, 2 horas y media.

Continuamos. Solo la pista derecha de Vespucio está segregada para la carrera, pero los vehículos se mueven poco y lento. No hay sensación de riesgo. Los puntos de hidratación aparecen cada no más de 5 kilómetros, pero no están justamente en esas distancias, lo que los vuelve un poco aleatorios; no me puedo programar: “en 200 metros más hay agua, me voy a tomar ahora un gel”. Además, no veo abastecimiento en los puestos; no veo fruta ni algún otro sólido.

Al cruzar Colón me encuentro con Leslie (Chiki Gump) quien está alentando a los corredores, y que gentilmente se había ofrecido para acompañarme una parte del trayecto. Ella me da un nuevo impulso. Aumento el ritmo y además me entrega un nuevo aire al distraerme del stress que implica llevar tantas horas corriendo solo.

Ella me imprime una cadencia que es cómoda y sostenible, a la vez que se va adaptando a mis sensaciones y requerimientos. Nuevamente siento que el tiempo transcurre y los kilómetros van pasando. Me ayuda a visualizar o que viene: “pasado Vitacura viene Francisco de Aguirre, por ahí doblaremos, es la última subida, son solo un par de cuadras”. Llegamos a Luis Carrera, punto de control, llevamos poco más de 4 horas. Faltan aproximadamente 10 kilometros; – una hora más – pienso. – un poco más de lo planificado, pero totalmente dentro de lo esperado.

Comienza la bajada por Escrivá de Balaguer. Camino conocido, muchos entrenamientos y carreras han pasado por allí. La pesadez en las piernas va en aumento, y además pequeños micro calambres que vienen y van principalmente en los gemelos. A eso se le suma el sentir el estomago apretado (¿hambre?), configuran un cuadro que me hace ir más lento. El recuerdo de la segunda vez que corrí los 21 el año 2010, en que terminé demasiado acalambrado, me hace tratar de ser más conservador. Leslie me insta a tratar de trotar, a tratar de ir un poco más rápido. Alguien en bicicleta nos informa que en el kilómetro 36, pasado la rotonda, hay un puesto de abastecimiento con fruta, Esa ilusión permite mantener un ritmo de trote suave que cada vez se va pareciendo más a un caminar rápido. Ahora pienso que es posible que en ese momento haya estado enfrentando El Muro. Poco antes de llegar a ese puesto una pareja pasa y me ofrece un plátano. Lo como lento, paladeándolo y masticándolo con mucha calma y placer. El puesto solo tiene hidratante.

Decido caminar en vez de trotar, pues cada vez que intento elevar las rodillas para el trote siento esas descargas que son señales precursoras de los calambres. Estamos a la altura del Costanera Center, kilómetro 37. Cerca de Pedro de Valdivia un calambre en la pierna derecha completa me paraliza, al apoyarme en la otra para compensar se replica en la izquierda. Chiki me sostiene para que no me caiga y me dice: “sigue caminando”. Le hago caso y la crisis pasa. Los dolores ceden, solo queda el cansancio y quizás una sensación de que lo único que ahora importa es llegar a la meta, no importa cómo.

Pasada la estación Salvador del Metro, un bus escoba se detiene a nuestro lado – ¿los llevamos? – preguntan. La respuesta nace profunda del alma, del orgullo. “ni locos, no hemos recorrido 39 kilómetros para venir a subirnos a un bus ahora”. Nos informan que están por abrir Providencia al tránsito vehicular, que debemos apresurarnos o llegaremos cuando el evento haya concluido.

El orgullo puede más, y Leslie me presiona a comenzar a trotar nuevamente. Me fija metas cercanas, “ver esos 2 de allá adelante, tienes que pasarlos”. Ahora le toca a esa que va caminando, después a un padre que es alentado por su hija. Poco a poco se afirma el ritmo, poco a poco recupero la confianza y me olvido del cansancio. La adrenalina fluye y saber que se está cerca lo es todo. Casi sin darnos cuenta llegamos a Mac Iver, comienza la cuenta regresiva. Kilómetro 41, kilómetro 41 100 metros, van indicando los carteles. Solo faltan 1100 metros – pienso. Otro cartel, otro pensamiento 1000 metros. Así me voy acercando. Chiki me dice “No te apures todavía, guárdate para los 195 metros”. A último minuto me dice: “último objetivo, pasa a ese que va adelante”. Apresuro el trote, veo a mi hija, a Jorge, y a otros amigos que están al borde de la calle, me gritan, me dan ánimos. Ese momento transcurre rápido y en cámara lenta a la vez; adelanto al otro corredor y recorro esos últimos 30 metros que me separan de la meta, levanto los brazos y la cruzo… La sensación de paz y alegría me llena. No hay euforia, no hay urgencia por hacer algo (descansar, comer, hidratarse) solo la tranquilidad y la satisfacción de haber logrado lo que no pocos pensaban que era una locura…

Al día siguiente me llegó la siguiente frase: “Un maratón es como la vida, con altibajos, pero una vez que lo haz terminado sabes que todo es posible”. Sufrí algo más de lo que esperaba, sentí el cariño de simples desconocidos que por curiosidad o morbo salieron a las calles a vernos, y que se dieron el tiempo para dedicarnos esa palabra que se necesitaba para seguir adelante. Supe del apoyo de los amigos que me buscaron en la multitud de corredores para hacerme llegar su aliento. Y finalmente, sentí el premio por todo el trabajo realizado durante los últimos meses. El próximo año espero poder repetir la experiencia, con algo más de sabiduría y un poco menos de miedo.

Deseo en primer lugar agradecer el apoyo y la ayuda de Leslie que me obligó a dar ese 110 % que la comodidad o el cansancio de haber corrido solo no me habrían permitido lograr. Sé que habría llegado pero no en las condiciones en que lo hice. Además, deseo agradecer a Jorge Acosta por sus consejos, dedicación y preocupación. A Christian Rosales, Felipe Montenegro, Rodrigo Niño, Sebastián Villarroel, Mauricio Quintanilla y otros tantos amigos de Andesteam, por motivarme a intentar enfrentar este desafío; Sin su bullying no estaría aquí. Y finalmente a mi familia que me apoyó a pesar de que a veces les pudo parecer descabellado, loco o riesgoso. 

Andres Reisz

 Galería de fotos Maratón de Santiago 2015

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1° Vuelta a la Laguna de Aculeo 2015 – Andres Reisz

Muchas veces escuché que la Vuelta a la Laguna de Aculeo era una carrera distinta, cambiante, que cada vez que se participa en ella es una experiencia nueva. Esta era la tercera vez que participaba, y en las dos ocasiones anteriores había sentido una evolución positiva en mis resultados y en la experiencia general de mi participación. En esta ocasión, el objetivo era doble.  Seguir mejorando mis tiempos, y realizar un ensayo de los elementos que utilizaría en el Maratón de Santiago, en mi primera incursión en los 42,195 kms.

El día sábado 21 de marzo había amanecido caluroso al igual que toda la semana que lo antecedió. Llegué temprano a retirar mi kit. Y luego estuve paseando y realizando algún trabajo suave de elongación y soltura articular.

Foto cortesía Solo Running

Una vez iniciada la carrera asumí mi estrategia de obviar al resto de los corredores y llevar los ritmos que esperaba desarrollar en la MDS. Todo fue bastante bien hasta aproximadamente el kilómetro 10, en que la sensación de sequedad bucal comenzó ha agudizarse a pesar del insistente consumo que hacía de hidratante desde mi mochila de hidratación. La sensación de sed, me hizo pensar en la posibilidad de estar deshidratado y/o insolado. Sin embargo, salvo la sed y el calor agobiante no tenía ninguna otra molestia.

Obviamente, estas sensaciones a la larga llevan a que psicológicamente uno empiece a desgastarse, y comience a intentar modificar los patrones de carrera para minimizar estos malestares. En este caso, terminé realizando algunos tramos caminando a paso rápido en vez de correrlos.

El resultado final fue bastante decepcionante, ya que terminé con un tiempo extremadamente alto respecto de mis expectativas. Sin embargo, los aprendizajes fueron muchos, principalmente en cuanto a los cuidados con la dieta y la hidratación de los días previos.

Por otra parte, y para arreglarme el ánimo, el domingo 22, participé en la corrida Brooks, en la que me sentí estupendamente y logré mejorar mis tiempos.

Quiero agradece al coach Jorge Acosta, a Mauricio Quintanilla y a Magaly Castillo por ayudarme a analizar y comprender lo ocurrido durante la carrera.

A veces de lo malo se puede aprender mucho más que de los éxitos.

Andres Reisz