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Race Reports

Trail Running Lampa 2015 – Jesus Figueroa

Para contar mi experiencia en esta carrera me siento obligado a ir haciendo un paralelo con lo que ocurrió el año pasado en este mismo circuito de exigente trazado de casi 20 km y 1.400 mts de desnivel positivo donde, en un tiempo oficial de 3h29’, me topé de frente con mis límites y supe de cansancio, de dolor y de frustración.

El 2014 sufrí, era mi segunda carrera larga en cerro y la primera vez que pasaba más de tres horas “corriendo” en sendero. Nos tocó lluvia, no tenía aún buen equipamiento ni la experiencia suficiente para saber que el mapa de altimetría me advertía de una segunda subida que sería un golpe de knock out, no solo por lo fuerte, sino por el momento en que me agarraría: desprevenido, cansado y con la guardia baja.

Trail Running Lampa – Andres Reisz

Foto cortesía Solo Running

Debo reconocer que esta fecha me tenía algo ansioso. La experiencia del año pasado había sido bastante traumática, más aún si se considera que se había estado a punto de abandonar debido a los calambres sufridos, y a una condición climática que se había iniciado con mucho sol para con posterioridad tener lluvia y frío.

Este año el pronóstico del tiempo auguraba lluvias. Sin embargo, el día comenzó bastante agradable. Considerando la experiencia me levanté algo más abrigado, y lleve algunos elementos adicionales en caso de que nuevamente el clima me jugara una mala pasada. Gracias a Dios esto fue innecesario.

La largada se postergó casi una hora, pero dentro de todo se dio en condiciones de bastante orden, a pesar de la cantidad de gente, dado que largaron conjuntamente los 12 y 20 kilómetros, y de la zanja con que se enfrentaba la partida. El recorrido se iniciaba con una suave pendiente que iba bordeando el cerro, la que paulatinamente se iba volviendo más estrecha y pesada. Las posibilidades de adelantar eran buenas y las aproveché, dado que me sentía cómodo y muchos de los participantes que se encontraban a mí alrededor iban caminando.

Foto cortesía Latitud Sur Expedition

Hasta el primer punto de abastecimiento, que supuestamente se encontraba en el kilómetro 7, pero que según mis estimaciones (por tiempo y GPS) no estaba más allá del kilómetros 5, mantuve un muy buen ritmo alternando trote con caminata rápida. Allí consumí mi primer gel y un poco de hidratante. A partir de este punto la pendiente gradualmente iba aumentando, lo que llevó a que los siguientes 5 kilómetros aproximadamente, es decir, hasta alcanzar la primera cima a casi 900 metros sobre el campamento base, me significaran del orden de 2 horas. Esta dificultad se debió principalmente a que las condiciones del ascenso requerían en algunos momentos incluso de utilizar las manos para sostenerse e impulsarse con las rocas. Es posible que el uso de bastones pudiera facilitar esta parte del recorrido. A pesar de esto, también en esta zona logré sobrepasar a algunos participantes. Según lo planificado, continué consumiendo 1 gel por hora a partir del primero.

Este ritmo que se mantuvo hasta la primera cima, aunque en un principio parecía cómodo, a la larga comenzó a pasarme la cuenta, en especial considerando que en el último tiempo he entrenado muy poco en cerro, y que todavía nos quedaba el descenso de ese primer cerro (aproximadamente 600 metros en los siguientes 4 kilómetros) y un nuevo ascenso de aproximadamente 300 metros con su correspondiente bajada para llegar a la meta. Con esto quiero decir que comencé a sentir los efectos de la fatiga muscular, y comenzaron a aparecer los primeros síntomas precursores de mis tan temidos calambres. Tuve que bajar el ritmo, y algunos de los que habían sido sobrepasados me adelantaron. Cuando comencé a enfrentar esa última subida todos los miedos cayeron sobre mí; fue precisamente en esa parte donde se inició mi martirio el año anterior. Y precisamente por eso, la realicé a un paso sumamente conservador. A pesar de eso, la bajada la enfrenté con demasiada precaución, sea porque sentía algunos calambre leves (principalmente en los cuádriceps), como por la dificultad que implica reiniciar un trote cuando uno ha bajado tanto su ritmo.

Foto cortesía Solo Running

Al llegar a la meta, apreté un poco el paso, y la superé corriendo. El objetivo estaba cumplido, llegué muchísimo más entero y en un tiempo significativamente menor que el año 2014.

Hay varias conclusiones que pude sacar de esta experiencia, entre las que es importante destacar:

• Hay que guardar piernas para las bajadas. Si te sientes bien subiendo, recuerda que después tendrás que descender, y que eso también requiere de trabajo.

• Hay que planificar las carreras moderando los esfuerzos de manera de tener energía suficiente para superar todo el recorrido.

• La preparación de una carrera comienza mucho antes de la largada. Hay que hidratarse desde varios días antes, y crear las reservas energéticas y de los demás nutrientes para que nuestro organismo funcione. Ademas, es importante entrenar en condiciones similares a las que enfrentaremos en competencia, en especial cuando se enfrenta uno de los desafíos más duros de este circuito de trail organizado por Latitud Sur Expedition.

Deseo agradecer principalmente a mis amigos, Jesus Figueroa, Francisca Villagran y Mauricio Quintanilla por su aliento y consejo, y por la alegría que comparten en cada ocasión en que juntos participamos de estos desafíos. 

Andres Reisz

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Trail Nocturno LSE – Jesus Figueroa

Es bueno tener oportunidad de revanchas, poder sacarse la espina por algo que no nos dejó satisfechos. Es bueno, como se dice popularmente, “matar al chuncho”, “vencer la bestia negra”, “sacarse los balazos”, bueno, creo que se entiende…

El sábado recién pasado en 17 km, de noche, en un sendero duro, pero muy lindo, con las luces de Santiago de fondo y con la nieve de la cordillera al frente, tendría la ocasión de buscar mi revancha.

En mi primera pasada por acá sufrí mucho pero también me maravillé con la magia de correr de noche, con la adrenalina de enfrentar el frío y la oscuridad de una ruta desconocida para mí en ese entonces. Terminé, pero con amargor en la boca y con la sensación de no haberlo hecho bien, de no haber ido suficientemente preparado y de no haber estado a la altura.

Bueno, para esta ocasión no iba tan bien preparado tampoco. Temas de salud y trabajo no me habían permitido entrenar todo lo que quería, pero por otro lado, llevaba más tiempo y kilómetros encima y desde la vez pasada había hecho varias veces el recorrido.

Estuve nervioso toda la semana porque quería hacerlo mejor pero sabía que no sería fácil. Conocer mejor el circuito me calmaba pero también me daba información suficiente para saber que hacerlo en 2h30′ sería duro.

La ansiedad indicaba que, como siempre, además de lo físico habría lucha mental por lo que definí como estrategia tomarlo con calma y establecer metas “cortas”.

Dividí la carrera en 3 partes. No me importaba que fueran iguales en cuanto a distancia sino que me hicieran sentido.

La primera parte tendría como meta llegar hasta Los Peumos. Un objetivo elegido para ayudar en lo sicológico. No es difícil de conseguir, pero sabía que me daría confianza.

La logré sin mayores problemas y aproveché de disfrutar y estar más consciente de la ruta, sobre todo porque la parte inicial no es la misma que en los entrenamientos. Llegué antes de los 26 minutos al puente de madera (que pasé caminando por el susto que nos metieron en las instrucciones previas a la partida). Decidí que acá tomaría el segundo gel. En esto innové y usé GU Roctane que me dejó bien satisfecho.

Etapa 2: La cascada. Pude establecer una meta intermedia, pero hubiese sido engañarme o alejar más el objetivo de llegar en 1h30′ al Salto de Apoquindo.

Este segmento fue de acuerdo a lo esperado, el más pesado pero también el que ofreció las mejores vistas. El horizonte se veía algo anaranjado y Santiago iluminado desde la distancia fue todo un espectáculo. Es una pena no poder detenerse a contemplar y absorber la vista. En todo caso, esas miradas de reojo ocasionales quedaron grabadas en mi mente.

Debo reconocer que caminé más de lo que quería, pero en ese momento no me preocupó demasiado porque iba bien de tiempo y porque sabía que tenía que ahorrar energías para las 2 escaladas pesadas que venían, y llegar bien al “falso plano” de la parte final que siempre me cuesta terminar sin parar de correr.

El conocer el camino me dio mucha confianza. Además, a diferencia del año pasado, siempre tuve en la mira al que iba delante y sentía las pisadas del que venía detrás, por lo que nunca me sentí solo.

Cuando llegué al punto de abastecimiento, que esta vez estaba en los baños cerca de la cascada, me sentía muchísimo más entero que la vez pasada y había bajado el tiempo planificado en 6 minutos!!!

Comentario aparte merece el puesto. Me gustó lo bien aperado que estaba. Había dulces, frutos secos, las frutas acostumbradas y sopa! Buen detalle. Sin el frío del 2014 daban ganas de quedarse.

Resistiendo la tentación y sin dejar pasar mucho tiempo, partí la tercera y última parte de la carrera. Esperaba lograr en una hora recorrer los casi 9 kms que serían en bajada, bueno casi pura bajada. Quedaban un par de cuestitas que me obligaron a caminar. Por suerte había avanzado a buen ritmo, por lo que la caminata obligada no afectó tanto.

Acostumbrado a hacer esta parte rápido me sorprendí adelantando a unos pocos corredores y, pese a que en la parte del puente de lata caminé, solo uno o dos me volvieron a alcanzar.

En los últimos metros y con el apoyo de gente al lado del camino logré terminar en 2h21′.

Ya estaba hecho, había terminado 20 minutos más rápido que el año pasado y lo mejor de todo, con la sensación de misión cumplida. La revancha era mía. 

Jesus Figueroa

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Trail Nocturno LSE – Andres Reisz

Para esta segunda ocasión de participar en un Trail Nocturno en Aguas de Ramón organizado por Latitud Sur Expedition las expectativas eran bastante buenas, no solo por ser un circuito conocido y recorrido, sino porque el día, o más bien la noche, se presentaba con una temperatura muy agradable, muy distinto del frío húmedo vivido el año anterior . Por otra parte, la sequía que se ha vivido este año presagiaba que el terreno se presentaría polvoroso y algo suelto.

Llegamos temprano al parque, y al igual que el año anterior me acompañan 2 de mis hijos que participaran en los 7 km. Yo, nuevamente voy por la distancia máxima: 17 kms. Luego, saludar a los amigos y conocidos, comienzo a mentalizarme en lo que se viene; sé que me espera una dura subida, la que incluso de día se me ha hecho “casi eterna”, para después comenzar con una de las bajadas más entretenidas que conozco, con bastante técnica, sobre senderos muy angostos que no en pocos momentos bordean filos bastante abruptos. El año anterior en esta zona nos habíamos encontrado con nieve la que produjo felices brillos al reflejar la luz de nuestros frontales. Este año todo está seco, por lo que parece una carrera totalmente distinta. Pero no nos adelantemos.

La largada se retrasó media hora, pero se inicia bastante ordenada. Me ubico algo retrasado para no entorpecer a los más rápidos, y asumo un ritmo suave que pueda ser mantenido durante todo el ascenso, esto me lleva a ubicarme bastante al final del grupo. Sin embargo, me siento bien y cómodo, sin molestias y sintiendo que la subida cuesta menos de lo que la memoria recordaba.

Transcurridos algunos kilómetros la vanguardia de los 12 kilómetros me alcanza, y con ellos, o más bien con el siguiente grupo, me mantengo hasta que ambos circuitos se separan. Vuelvo a estar solitario y gozo con la vista de un paisaje de las luces de la ciudad que de a momentos me llaman a detenerme y tan solo mirar. Pero no lo hago, sé que debo llegar al Salto de Apoquindo en aproximadamente 2 hrs para cumplir con la meta que me he autoimpuesto. A lo lejos veo el serpentear de las luces de los que me anteceden, e incluso las de los que ya van devuelta por la ribera contraria de la quebrada.

En un momento, cuando todo parece tranquilo, percibo un bulto enorme a mi derecha, y dos brillos pequeños y fantasmagóricos. Miro con más atención en la medida que me sigo acercando, una vaca esta tendida a un lado del sendero y me mira impávida como diciendo: “¿Qué carajo hace alguien por aquí molestando?”. Continuo casi pudoroso, la naturaleza se muestra exultante, y uno con todos sus sentidos abiertos y atentos se maravilla en ella.

Al llegar al Salto, nos espera el punto de abastecimiento, me detengo y paladeo (quizás con demasiada calma) un vaso de hidratante, algo de plátano y frutos secos. Continúo hacia el punto donde debo cruzar un riachuelo. Me enfrento a la disyuntiva de intentar pasar por algunas piedras con el riesgo de resbalar y mojarme ambos pies, o intentar un salto y mojarme solo uno. Elijo esta última opción, e inicio la parte que más me gusta de este sendero: El retorno.

Todas las energías disponibles las pongo en trotar por esos senderos angostos y sinuosos que bajan bordeando el acantilado, la atención debe estar concentrada en los detalles que permitan prever cualquier obstáculo o problema que se presente dentro del espacio que la linterna ilumine.

Cuando ya estamos a solo algunos kilómetros de la meta, ya se puede oír las voces amplificadas de la organización en la meta. El cansancio es mucho, y la promesa del descanso posterior nos da el plus para ese último paso. Llegar al camino, la última pequeña subida y enfilar a la meta, levantar los brazos para la foto y cruzar el pórtico con la satisfacción de haber cumplido con los objetivos personales.

Una nueva meta superada y ahora a prepararse para la prueba que el año anterior me fue más complicada: Lampa… 

Andres Reisz

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3° Vuelta a la Laguna de Aculeo 2015 – Andres Reisz

En los días previos a la prueba el pronóstico del tiempo auguraba que la gran duda seria “ducharse o no ducharse mientras se corre”. Realmente nunca existió esta duda, pues a todo evento la participación en esta nueva versión de la Vuelta a la Laguna de Aculeo nunca estuvo en duda.

Foto cortesía de Solo Running

El día se inició con mi tradicional desayuno y la partida hacia la laguna con tiempo suficiente para retirar el kit y prepararse sin sobresaltos. A pesar de los pronósticos, el día amaneció cubierto pero sin lluvia, condición que se mantuvo a lo largo de toda la competencia, aun cuando por muy breves periodos se percibió una muy tenue llovizna, que ni siquiera alcanzaba a humedecer la piel. La temperatura era baja sin hacer frío, lo que redujo considerablemente mi consumo de hidratante, a la vez que hizo muy agradable la experiencia de correr.

Una vez iniciada la carrera, como siempre asumí mi propio plan y ritmo, independiente de lo que hicieran los demás competidores. Conozco mis condiciones, y por lo tanto, toda competencia es un desafío tan solo conmigo mismo. Esta filosofía me llevó rápidamente a encontrarme bastante solo, el grupo que me antecedía se alejaba rápidamente, y los que me precedían ya no podía verlos ni escucharlos. Así me mantuve hasta superada la primera subida, cuando al terminar ese descenso observé que a unos 300 mts, dos corredores se estaban adelantando. Como notaba que la distancia con el que había quedado más rezagado se acortaba inexorablemente, asumí un leve aumento en mi ritmo para alcanzarlo. Aprovechando como impulso las bajadas, y procurando mantener los ritmos en las subidas, muy pronto me encontré superando con facilidad a la corredora más cercana y además adelantando al otro corredor también.

A partir de este punto, y hasta algunos kilómetros después de entrar al camino pavimentado, comenzó un juego bastante entretenido con ese corredor, el que se mantenía a no más de 100 metros por detrás mío, para ir acortando esa distancia en los planos hasta alcanzarme y correr a mi lado, y volver a aumentarla por un mejor ritmo en las subidas y bajadas. Este juego, me llevó a reflexionar mientras corría en los motivos que me llevaban a modificar mi estrategia de carrera para no dejarlo superarme; y a la única conclusión que lograba llegar es que el bichito de la competitividad está fuertemente arraigado en mí. “No lo dejo que me supere, porque percibo que puedo (soy capaz de) mantenerme por delante de él”. El juego terminó, en esta primera etapa, cuando producto del cambio en la sucesión de subidas y bajadas, uno de esos planos en donde él lograba una mejor performance, le permitió adelantarme, y además, decidí guardarme un poco para la segunda mitad de la prueba en donde habitualmente he tenido mayores dificultades.

Foto cortesía Runchile

Nos volvemos a encontrar en el puesto de abastecimiento (kilómetro 15) del que partimos casi junto. Ahora soy yo el que me mantengo unos cientos de metros por detrás, y por los siguientes kilómetros mantengo esa distancia inalterable.

Entre el kilómetro 18 y 19 me encuentro con Mauricio Quintanilla que se encuentra sacando fotos para Solo Running; él comienza a correr conmigo, cumpliendo de este modo con una función de liebre. Marca un ritmo sostenible, y no me deja decaer. La compañía ayuda y hace más soportables los kilómetros, que sin más comienzan pasar con rapidez. También la distancia con el otro corredor se acorta, logrando superarlo en el transcurso del siguiente kilómetro, para cuando crucé la meta la diferencia era de 4 minutos.

Esta quinta oportunidad en que participo en la Cofradía de la Laguna de Aculeo fue, una vez más, una ocasión de grandes satisfacciones y aprendizajes; cada vez me siento más seguro de mis capacidades y preparado para enfrentar las distintas condiciones con que uno puede encontrarse al correr. 

Andres Reisz

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Trail Running Putaendo – Andres Reisz

Regresar a Putaendo este año tenía un doble valor; por un lado, como siempre, tratar de seguir mejorando, demostrarse cuánto se ha avanzado gracias al esfuerzo de los entrenamientos. Pero a la vez, y muy en el ámbito personal, superar los miedos y las frustraciones que una cierta prueba nos pueda haber provocado.

En mi caso, algunas semanas antes de Putaendo 2014 se me había desencadenado una lesión en la rodilla que me mantuvo alejado de los entrenamientos hasta el jueves previo a la carrera. El alta médica era bastante relativa: “corra solo si se siente bien”. Corrí con miedo, esa es la verdad; miedo de reactivar la lesión, miedo a un terreno desconocido y a lo que este podría provocar en mi cuerpo.

Este año las cosas eran distintas, llegaba con muchísimos más kilómetros en el cuerpo, con la experiencia de haberme sobrepuesto a la fatiga y los dolores. Y por sobretodo, conociendo que los 14k de Putaendo es una prueba bella y abordable, cuya mayor dificultad es el clima, frío y húmedo, que el año anterior nos había premiado incluso con lluvia la noche previa.

En esta ocasión el día comenzó muy temprano, ya que decidí partir ese mismo día desde Santiago prescindiendo del alojamiento allá. El viaje transcurrió con tranquilidad, llegando al parque cuando recién comenzaba a amanecer. Retirar el kit, tomarse un café y conversar con los amigos. Después revisar el equipamiento y hacer una suave preparación física, para encajonar, escuchar las últimas instrucciones y partir.

El recorrido comienza con una vuelta por dentro del pueblo, la que finaliza con un ingreso al cerro por un sendero estrecho con una pendiente muy suave. El ritmo está limitado por los corredores que van más adelante, ya que cualquier adelantamiento se debe hacer saliéndose de la pista. Esta condición culmina cuando nos enfrentamos a una abrupta subida. El grupo cambia su paso de un trote suave a un caminar lento. Yo procuro caminar algo mas rápido, tratando, cuando se dan las condiciones y oportunidades de adelantar a quienes van más lento.

Una vez superada esta subida la carrera se abre, sucediéndose una serie de subidas y bajadas absolutamente trotables. El frío ambiente se ve absolutamente superado por el calor corporal, y un tímido sol comienza a intermitentemente aportar a la temperatura y al brillo del paisaje.

Me mantengo dentro de un grupo de referencia bastante claro y poco compacto, al que constantemente adelanto y me adelanta.
Transcurridos aproximadamente 12 kilómetros visualizo tras una breve subida la planicie de las esculturas, una zona con antenas, torres de alta tensión, y algunas obras que se podrían asimilar a esculturas. De ahí en adelante todo es bajada, la que aprovecho para adelantar a unos pocos corredores más. Salgo al pavimento y enfrento las últimas 3 a 4 cuadras que me separan del parque. Al cruzar la meta la satisfacción del objetivo cumplido es total. Se redujo significativamente el tiempo y se disfrutó de un bellísimo día de deporte…

Andres Reisz