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Race Reports

3° Vuelta a la Laguna de Aculeo 2014 – Andres Reisz

Después de la experiencia vivida en la fecha anterior (primera ocasión en que participé de esta competencia), en que logré completar el recorrido, pero llegué al borde de la extenuación. Decidí asumir este desafío de un modo mucho más mental que físico. Ahora conocía el recorrido, sabía donde había tenido problemas, y donde había podido avanzar con facilidad. Esto debía ser la base de un plan de acción cuyo objetivo prioritario era completar la vuelta con un esfuerzo menor, e idealmente en un tiempo menor.

El plan consideraba el uso de 2 geles de tipos distintos en los kilómetros 9 y entre el 19 y 20, considerando que en este último tramo era donde había comenzado la crisis en la ocasión anterior, la que después de mucho análisis yo atribuí a una deficiencia de recursos energéticos.

El día comenzó con un desayuno normal, para luego partir hacia la laguna con tiempo suficiente para allá poder consumir algunos carbohidratos adicionales (galletas y un poco de chocolate caliente). En esta ocasión, el día había amanecido bastante soleado, lo que me hizo temer por el calor. Sin embargo, el sol más allá de iluminar no aportaba gran cantidad de calor, lo que significó que la temperatura estuvo muy agradable para correr.

Una vez encajonado, nuevamente me ubiqué relativamente atrás para poder asumir mi estrategia sin estorbar a los demás participantes. Comencé, nuevamente, con un ritmo del orden de los 6 minutos por kilómetro, y rápidamente me encontré con el grupo que finalmente estuvo cerca mío durante todo el circuito. Sin embargo, en esta ocasión tuve la sensación de estar corriendo más solo, ya que durante buena parte del tiempo, me encontré solo con un grupo de corredores que se mantenía a unos 300 a 500 metros por delante de mí, y que por lo tanto, se perdía constantemente de mi vista por los recovecos del camino, y un par de corredores que estaban por lo menos unos 100 a 200 metros por detrás, y que por lo tanto, no los sentía ni escuchaba. Esta condición me obligó a concentrarme principalmente en mi propia percepción de los ritmos, lo que posiblemente hizo que estos, al menos en el camino de tierra, posiblemente fueran algo menores que lo que podrían haber sido si se hubiera ido dentro de un grupo. Sin embargo, se mantuvo un ritmo acorde con lo planificado, y similar a lo realizado anteriormente.

Cuando finalmente se llegó a la carretera, la sensación era de estar significativamente más entero, lo que se veía refrendado por el hecho de que los ritmos objetivamente no decayeron y la sensación (subjetiva) de que los kilómetros pasaban con cierta regularidad y rapidez ayudaba a mantener la moral en alto. El cansancio se mantenía dentro de niveles razonables, lo que permitía mantener un ritmo pero no permitía aumentarlo.

En el último kilómetro y medio, la ansiedad y el cansancio hicieron un poco presa de mí, lo que sumado a que el último gel me produjo un poco de irritación estomacal, produjo que ese tramo final no me sintiera muy cómodo.

La llegada estuvo bien, logré bajar mi tiempo en algo más de 5 minutos, y terminar sin ninguna molestia física.

Alguna vez mi amigo Mauricio Quintanilla me dijo que Aculeo era una carrera que cada vez que la corres era distinta. Coincido plenamente con él, y espero con ansias la próxima ocasión en que pueda sumarme nuevamente a esta cofradía… 

 Galería de fotos Vuelta a la Laguna de Aculeo – 3° Fecha 2014

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3° Vuelta a la Laguna de Aculeo 2014 – Sebastián Villarroel

Después de 2 años vuelvo a esta linda y dura carrera, acompañado de varios amigos del equipo.

El clima ideal para correr y motivado en bajar mi última marca en esta carrera (1:45), tomando esta carrera como control y como inicio para las carreras más largas de la temporada.

Ya en la largada saliendo a buen ritmo afrontamos los kilómetros de cerro en un grupo aguantando el ritmo y guardando piernas para la parte del cemento.

Ya en el cemento comienzo a tomar ritmo y me escapo del grupo, sintiéndome con energía y fuerza para alcanzar a otros corredores.

La carrera en general se me pasó muy rápida llegando con un tiempo de 1:42, la cual me dejó satisfecho y con ganas de seguir mejorando en esta distancia, apuntando a la distancia de 21 kms, para los triatlones que se me vienen.

Por último dar las gracias a los compañeros del equipo que me apoyan y motivan a seguir mejorando, y al asesoramiento del coach en los entrenamientos y competencias. 


From Vuelta a la Laguna de Aculeo – 3° Fecha 2014, posted by Andes Team on 7/19/2014 (15 items)

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2° Fecha Vuelta a la Laguna de Aculeo

Tantas veces escuche “El que corre Aculeo está preparado para correr un maratón”, que después de correr el Desafío Sendero de los Volcanes, decidí probar esta experiencia.

La preparación para este evento, no estuvo dirigido especialmente a él, sino que formó parte de un proceso de aumento de los volúmenes y las intensidades, al tiempo que se diversificó el tipo de competencias en las que se participó agregando varias de trail running.

Todo iba bastante bien hasta que 4 semanas antes, en un entrenamiento, se hizo un mal movimiento el que derivó en una molestia persistente en la rodilla derecha, lo que obligó a reducir las intensidades de los entrenamientos. En definitiva, no se pudo llegar al 21 de junio en las condiciones planificadas.

Ese día, me levanté temprano, y luego de tomar un desayuno normal, partí con tiempo hacia la laguna. Allá me encontré con otros miembros del equipo, los que compartieron conmigo sus experiencias y recomendaciones. El día estaba bastante frío, lo que en cierto sentido me alegro ya que esas condiciones son las que prefiero al momento de enfrentar distancias mayores.

Al encajonar, me ubiqué relativamente atrás, para poder asumir una estrategia conservadora y no estorbar a aquellos corredores que quisieran o pudieran ir más rápido.

Una vez iniciada la carrera, me encontré con un paisaje tan similar al de mis entrenamientos del verano que me sentí inmerso en ese otro lugar, y mantuve un ritmo bastante satisfactorio Luego de esos 11 a 12 kms. de camino de tierra, se llegaba a un camino asfaltado, y aunque el paisaje se mantenía, ya las condiciones y la acumulación de kilómetros, me recordaban el déficit de entrenamiento. Hasta aquí, la lesión de la rodilla se había comportado bastante bien, y en términos generales eran más las personas a las que había adelantado que las que me habían adelantado a mí. Me sentía inmerso en un grupo de referencia que me era cómodo, y que permitía mantener un ritmo parejo y constante del orden de los 6 minutos por kilómetro.

Llegando al kilómetro 15 o 16, y según lo planificado, consumo un sobre de gel. A los pocos metros me encuentro con el puesto de abastecimiento, consumo 2 plátanos, y un vaso completo de hidratante, considerando que llevo mi camelbag, no necesito más. Continúo con renovadas energías, pienso que he superado más de la mitad del recorrido, y me siento bien. El cuerpo ha reaccionado mejor de lo que yo esperaba, y mis mejores proyecciones parecen totalmente cumplibles.

Avanzo unos kilómetros más, y según lo que me habían contado, me encuentro con la carretera que había transitado en la mañana para llegar. Sé que me quedan los últimos 9 kilómetros aproximadamente. El tránsito vehicular sin ser excesivo, no es poco, y además hay bastantes peatones. Inconscientemente no me siento tranquilo, correr por la calle me parece riesgoso, y por la vereda significa hacerle el quite, de vez en cuando, a alguien que va caminando o que esperan alguna micro. Algunas de las personas que había adelantado antes me sobrepasan, también lo hacen algunos de los que había considerado como parte de mi grupo de referencia. Comienzo a tener la sensación de que no avanzo. Subjetivamente los kilómetros no pasan, entre informes del GPS, transcurren inmensos periodos de tiempo (esa es la sensación). Comienzo a sentir que las piernas me pesan, y que las energías comienzan a disminuir, trato de cambiar el paso, trabajar con otros grupos musculares, tratar de seguir a alguien que me sirva de motivador, que me marque un ritmo.

Alrededor del kilómetro 21 o 22 siento una sensación de estar estrellándome contra un muro. Recuerdo los relatos de algunos maratonistas, y sé que debo resistir, que es algo netamente psicológico, y que si logro aguantar un poco debe llegar ese segundo aire.

Sueño con que detrás de cada curva, y cada cambio en el camino debe estar la entrada hacia la meta. Sé que no es así, sé cuántos kilómetros deben faltar, pero a la mente hay que darle un poco de fantasía para que el cuerpo pueda seguir adelante.

Recién superado el kilómetro 25 comienzo a sentir unas puntadas en los cuádriceps, sé que si me detengo se convertirán en calambres, cambio el paso y camino un poco, se atenúan por momentos, pero no se van. Pienso: “es un kilómetro más, solo uno”. Vuelvo al trote, me distraigo mirando el paisaje, a la gente que me mira, y sin palabras da a entender su pensamiento: “está loco, ¿para qué corre tanto?”. No les respondo, ni siquiera en mi pensamiento, nunca entenderían que justamente en esos momentos es cuando uno sabe que por nada del mundo estaría dispuesto a dejar de correr.

Finalmente visualizo la entrada, veo a un corredor que viene a mi encuentro, me da ánimos, otra persona que esta parada allí, me dice que ya estoy llegando, que no falta nada. Tomo aire, y apuro el paso, hay que tratar de aparentar que estoy bien. Sé que si logro mostrar esa actitud ante los demás, mi cuerpo también se lo creerá. A metros de la meta, veo venir hacia mí a Rodrigo Niño, me dice que ya llegué, que no falta nada, y trotando a mi lado continúa animándome hasta que cruzó la meta. Las emociones me embargan, al fondo veo los rostros de mis compañeros de equipo: Magaly, Jessica, Mauricio. Escucho: “Bienvenido al club”, y sé que realmente puedo lograr cualquier cosa que quiera.

Gasté hasta la última reserva que tenía, estoy tan agotado que realmente no sé si pienso, pero estoy tan feliz que no me importa.

Ahora hay que hacerlo de nuevo… Ahí me encontrarán para la próxima fecha… Porque para mí: “quien corre Aculeo, puede correr lo que quiera…” 

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Maratón de Tayrona – Jessica Medina

El pasado 29 de junio se realizó la cuarta edición del Maratón Tayrona, en Santa Marta, sector Minca en Colombia. Participó en los 42K y esta fue su experiencia:

Aterrizando en Santa Marta confirmo que una de las grandes dificultades de esta carrera serán las altísimas temperaturas, 30° a las ocho de la mañana.

Tengo apenas dos días para aclimatarme y aprovecho de descansar en la bahía de Taganga y soltar las piernas nadando en la playa.

MDS 2014 – Esteban Brufau

La semana y media previa a la carrera se había transformado en una pelea psicológica épica, una molestia importante en el gemelo/soleo derecho ponía en peligro mi participación en la maratón. Estaba dispuesto a intentarlo todo para llegar en condiciones a la carrera, contraté unas sesiones más de kinesiología y fui día a día probando la máquina. No podía creerlo, como podía ser que después de meses de entrenamiento y disciplina justo 10 días antes me este pasando esto. Buscaba explicaciones hablando con Jorge, Mauri y el equipo de kine, varias hipótesis surgieron pero la mas convincente me decía que el cambio de zapatillas neutras a pronadoras más la torcedura del tobillo izquierdo y consecuente carga adicional al gemelo derecho explicaban la contractura que en esos últimos días no me dejaba correr mas de 6 km diarios. Si te preguntas porque pasé de neutras a pronadoras, la respuesta es simple… fui un bol#do.

MDS 2014 – Andres Reisz

La verdad es que para mí volver a correr los 21 kms fue una decisión que fue creciendo en mi interior en la medida que en los entrenamientos me fui dando cuenta que podía mantener los ritmos que mis compañeros de equipo iban imprimiendo. Me había integrado a los entrenamientos de Running de ANDESTEAM por ahí por agosto del año pasado para ayudar a mi hija Dafna a mejorar su rendimiento en los 10K. Sin embargo, poco a poco tomé conciencia que mis tiempos en esa distancia mejoraban muchísimo, y que cada vez llegaba mejor tanto en lo físico como en los resultados.