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Race Reports

Grandes sueños #maratónBerlín

La idea de participar en el Maratón de Berlín surgió hace algo más de un año, al finalizar mi participación en el Maratón de Rapanui. En ese momento me pregunte cual podía ser un desafío interesante, luego de tan exclusivo y bello evento. Posibilidades existen muchas; los grandes maratones como Nueva York, o algunos más cercanos como Buenos Aires. En ese momento, la idea que me atraía era intentar mejorar sensiblemente mis marcas, por lo que la mejor opción era intentar La Maratón más rápida del mundo: Berlín.

Luego, de varias averiguaciones, me puse en contacto con un operador de este tipo de eventos, Carreras Internacionales, con base en Argentina. Con ellos contrate un paquete que incluía la participación y el hotel, mas todo el apoyo logístico durante el evento.

La aventura comenzó el martes 19 de septiembre en la mañana, cuando junto con Pilar, mi esposa, partimos en vuelo directo a Roma. De allí, luego de una supuesta escala de 2 horas proseguiríamos a Berlín. La escala se alargó hasta las 4 horas, con lo que tuvimos tiempo de desayunar y estirar un poco las piernas, ya que debimos hacer los trámites de policía Internacional en Roma, lo que nos ocupó casi una hora de nuestro tiempo. (consideren que el embarque de un vuelo debería realizarse 1 hora antes de su partida, por lo que esa escala de 2 horas tenía menos de 1 hora para cualquier trámite y/o desplazamiento).

La llegada a Berlín, luego de menos de 2 horas de vuelo fue bastante interesante. Nos recibe un aeropuerto de apariencia bastante antigua, pequeño considerando los estándares europeos (podríamos decir que tiene un tamaño similar a Pudahuel). Y que se ubica dentro de la ciudad. Berlín se ve como una ciudad muy ordenada, con amplias avenidas, y mucho verde. La gente es cosmopolita, y se ve amable.

Ese primer día (miércoles 20) se va en descansar y pasear por los alrededores del hotel, el día es bello y templado, y a pesar del cansancio, hay que ajustarse al horario local por lo que nos obligamos a permanecer activos hasta una hora que sea adecuada para que el cuerpo entienda este nuevo huso horario.

A la mañana siguiente nos levantamos relativamente tarde. Visitamos la zona de la puerta de Brandemburgo, la estación central de trenes (Haupbahnof), el Reichstag y el Monumento a los judíos de Europa Asesinados. Paseamos por el Tiergarten. La strasse des 17 juni, la avenida que va desde la puerta de Brandemburgo hasta la Columna de la Victoria no se puede transitar, ya que se encuentra cerrada para albergar la partida y meta del Maratón el domingo siguiente. Desde el bus podemos divisar el Palacio Bellevue y la Columna de la Victoria.

Por la tarde voy a la Expo a retirar el kit, y ver algunas de las novedades que se ofrecen. La primera impresión que se tiene es que no es mucho mayor que la expo del Maratón de Santiago. Sin embargo, es bastante más ordenada, y posee una mayor variedad de productos y marcas. Los precios son normales, y no encuentro grandes ofertas. Es el primer día de la expo y hay bastante gente. Según el relato de otras personas del grupo de Carrera Internacionales, la cantidad de personas va aumentando con el correr de los días.

El viernes intentamos retomar el turismo. Regresamos junto al Reichstag, y comenzamos a pasear por el tiergarten paralelo a la strasse des 17 juni, vemos el Monumento a la Guerra Soviética, una gran obra escultórica y arquitectónica que conmemora la lucha del pueblo soviético contra el nazismo. Pasamos junto a un campanario que posee un fabuloso carillón, el cual escuchamos por algunos minutos. Continuamos hasta el Palacio de Bellevue, para continuar hasta la columna de la Victoria. Luego de cruzar bajo la rotonda que la circunda, entramos al recinto de la columna y visitamos su museo. Para posteriormente ascender por sus escaleras hasta sus 2 miradores; uno a mediana altura, y el otro en la cima, justo bajo la escultura de la victoria. Por el camino podemos además ver algunos grupos escultóricos dedicados a prohombres de la historia Prusiana y alemana como Bismarck. Por la tarde una iglesia dedicada a la familia llama nuestra atención. La visitamos y podemos apreciar las diferencias entre el catolicismo y el luteranismo. La austeridad de su altar, los vitrales con motivos centrados exclusivamente en la figura de cristo y sus enseñanzas, y la presencia de ofrendas de frutos del campo (frutas y verduras) en el altar, propios de alguna festividad de primicias, son los principales elementos que llaman nuestra atención. Además del gran órgano de tubos que desde las alturas del fondo de la iglesia domina el recinto. Imagino alguna obra de Bach sonando en ese lugar y la imagen de divinidad se completa absolutamente.

El sábado nos levantamos temprano. Ese día se desarrollaba un evento previo a la maratón; una corrida de algo más de 4 kilómetros desde Charlotteburg hasta el Estadio Olímpico de Berlín. Ese que hizo construir Hitler para mostrar la superioridad del pueblo Alemán para las olimpiadas de 1936, y que vio los éxitos de Jessie Owen (y la ira del Fuhrer). Entramos trotando al recinto del estadio como verdaderos maratonistas (por el túnel) y damos la vuelta olímpica. Luego ascendemos hacia donde se ubicaba el fuego olímpico, y nos sacamos algunas fotos. después nos convidan algunas cosas para comer: Berlinés, leche chocolatada, croissants, plátanos, manzanas y yogurt. Los que podemos consumir en los alrededores del recinto.

Por la tarde, o lo que resta del día, lo dedicamos a descansar y prepararse para el gran evento. En la noche compartimos la cena de pastas. Un gran buffet de ensaladas, pastas y frutas nos recibe en los comedores del hotel. Comemos con gusto, y hasta podría decir con un toquecillo de gula. Después a relajarse, e ir a dormir.

El domingo lo inicio a eso de las 6. Los rituales habituales e ir a tomar desayuno antes de las 7. Trato de ser conservador y cuidadoso en lo que como; cuesta. A las 7:30 nos reunimos con el resto del grupo de Carreras Internacionales, y partimos en tren a la Haupbahnof. a pocos metros de allí, se encuentra el recinto cerrado donde se concentran todos los servicios para los maratonistas: Guardarropía, baños, y algunos puestos con agua. Algunas personas ofrecen plásticos para cubrirse. La noche anterior ha comenzado a llover, y aunque ya solo sea una llovizna intermitente, es mejor protegerse.

Cerca de las 8:30 u 8:45 comienzo a dirigirme a los corrales de encajonamiento. Van desde la A a la H. los cuales largaran en 3 olas sucesivas a las 9:15, 9:30 y 10. A mí me toca (según mis tiempos de presentación) la H, la del perraje. Los con tiempos de 4:15 horas o más, o que es su primer maratón. Somos la tercera ola. Mientras esperamos vamos viendo en las pantallas gigantes la presentación de los corredores elite y su largada. Mientras esperamos la segunda ola, vemos los avances de los punteros que van a un ritmo extraordinario. Mientras tanto, trato de avanzar lo más posible de manera de posicionarme dentro de un grupo más rápido que yo, de modo de no ser detenido en la partida por los corredores más lentos. Segunda ola. Como una marejada mi grupo avanza para llenar el espacio que los 7 corrales anteriores ocupaban. Finalmente quedo a unos 50 metros del arco de largada.

Faltan algo así como 10 minutos. Se respira la emoción, sonrisas nerviosas en los labios, y movimientos de las extremidades para mantenerse activos. Reviso el programa de seguimiento de mi carrera en el teléfono, y que el reloj tenga su GPS activado y funcionando. Por los parlantes anuncian que faltan 90 segundos. Activo el teléfono con ese retraso y me lo meto al bolsillo. Ahora la cuenta regresiva: 10, 9, …, 3, 2, 1 partimos. El grupo se mueve lentamente, casi con letargo. Debe haber pasado como 1 minuto antes que pase el arco y comience instantáneamente a correr. Me siento extraordinario, y mi ritmo lo refleja. La masa sube por la Strasse des 17 juni, en dirección a la Columna de la Victoria, la que rodeamos por ambos lados Paso el primer kilómetro antes de los 6 minutos. Ese paso lo mantendré durante la primera hora.

El grupo se mueve muy parejo y bastante compacto, pero no hay roce. Procuro mantenerme sobre la Línea Azul, y por lo general lo logro. Cada poco un grupo musical está tocando. Bossa Nova, Rock, Jazz, no importan los estilos, la maratón es una fiesta de la ciudad y sus habitantes. A los lados se ubica la gente alentando, no se entiende por lo general el idioma, pero es una inyección permanente de ánimo. Este ambiente festivo se mantendrá durante toda la carrera, y sin exagerar, no hay 100 metros en que algún grupo de personas no se ubique con sus carteles y sus gritos, o tan solo con una mesa, y una cervezas y cosas para comer. Veo bandera de muchos países, pero llaman mi atención la gran concurrencia de mexicanos, y publico de los países nórdicos. También, los corredores con motivos: Contra el Alzheimer, la demencia senil, o la Esclerosis Múltiple. También los hay por una hija o una abuela enferma o que murió prematuramente. Todo es pasión y alegría.

A los 5 kilómetros aparece un punto de hidratación. Busco el isotónico y para cuando descubro que no hay ya el agua ha pasado. ¨mala suerte¨ pienso para mis adentros, tendré que aguantar hasta el próximo. Este llega aproximadamente en el kilómetro 8 o 9. Primero agua, agarro un vaso y tomo un sorbo. Después viene el té, boto el agua y tomo te. Esta frio a temperatura ambiente. Algunos metros más adelante, esta finalmente el isotónico. Dejo el té y bebo un vaso completo de esto último. Es una marca local que no conocía con un leve toque cítrico. La gente se agolpa frente a cada puesto de hidratación. Pareciera que, aun cuando las mesas están bien servidas, estas podrían ser muy cortas para la cantidad de gente, o que esta no entiende la lógica de distribución y se detiene a buscar. En todo caso, frente a cada puesto los corredores debemos bajar nuestro ritmo.

Cerca de los 12 kilómetros consumo mi segundo gel. El primero como siempre fue antes de partir. En el puesto de los 15, tomo agua, algunos sorbos. Por lo general evito el agua, ya que he tenido muy malas experiencias estomacales en carrera con este líquido. Pero quedo con “el paso cambiado”, y los geles debo apoyarlos con un poco de agua, ya que los puestos impares (5, 15, etc.) solo tiene agua. Y el plan es mantener los geles cada aproximadamente 10 kilómetros.

Sigo a buen ritmo. Paso los 20 kilómetros un minuto pasado las 2 horas. Me siento bien, y me ilusiono con una nueva marca para la distancia. Al pasar la mitad de la carrera, noto que me he retrasado 1 minuto, lo que le achaco al tiempo perdido en la hidratación. Siento que mantengo mi ritmo, y como siempre, corro por sensaciones. Para el kilómetro 25 me mantengo dentro de ese mismo rango de retraso, lo que me tranquiliza.

Cerca del kilómetro 27 me doy cuenta de que tránsito por un barrio absolutamente pueblerino. Casas de 2 a 3 pisos, con techos de 2 aguas, y maderas verdes y blancas delimitando la zona bajo esas aguas. La carrera ha transitado ya por barrios históricos y de edificios de oficinas o empresas. Ahora estamos donde vive la gente.

Me deleito viendo este anacronismo. Sin embargo, siento que no avanzo. Los kilómetros pasan más lentos. Decido adelantar el siguiente gel, por lo que aprovecho un abastecimiento en el kilómetro 28. Como ven, los puestos no están siempre en los múltiplos de 5. Volvemos a lo normal, fachadas corridas, hormigón, y avenidas más anchas. Me parece reconocer el barrio de la iglesia de la familia. Continuamos. He decidido disfrutar cada momento más que vivir para el reloj, por lo tanto, solo lo mirare en los controles cada 5 kilómetros. En los 30 ya tengo 15 minutos aproximadamente acumulados sobre los 6 minutos por kilómetro. Mi meta son los 7 minutos por kilómetro, por lo que todavía vamos muy bien.

Al acercarme al kilómetro 35, estoy en las cercanías de mi hotel. Zona conocida y caminada, con muchos comercios de marcas cara, y muy anchas avenidas. Pasada la boca calle que lleva al hotel está el control de los 35. Llevo 4 horas 20 aproximadamente. El llegar sub 5 horas todavía es posible, pero difícil. En un puesto en el kilómetro 37 tomo un poco de isotónico y un gel. En el 38 unas promotoras de Red Bull me convidan un vaso. Trato de apretar el paso, pero siento que me quedan pocas reservas. Nada duele realmente, solo un calorcillo en los cuádriceps y cansancio en la espalda. Ni siquiera esa sensación de “¿Quién me mando a meterme aquí?”. En algún punto antes de los 40 un pensamiento fugaz cruza por mi mente: “Si la Ángeles y el Seba estuvieran aquí con sus bicis, estarían sacándome ese trote que me falta”. Pero no están, y las piernas pesan.

A cada giro sueño con ver la Puerta de Brandemburgo, pero no llega. Paso el kilómetro 40 y decido no guardarme más. Aprieto el paso, el reloj dice que puedo lograrlo si me sacrifico esos últimos 2 kilómetros. Van 4:48 horas. Comienzo a adelantar a algunos corredores. De pronto visualizo la Puerta. Miro el reloj y se ha detenido. – No importa – Corro apuntando al arco del centro. Veo un fotógrafo justo antes de cruzarla y le grito “foto”, no sé si me la saca. Continúo corriendo, sé que me quedan esos últimos 195 metros. La gloria pasa sobre mi cabeza al cruzar el arco y elevar los brazos. No se mi tiempo… lo estimo alrededor de las 5 horas…. No importa.

Gradualmente voy bajando la velocidad y comienzo a caminar. Miro a mi alrededor, Todos sonríen emocionados. Unos 100 metros más adelante un grupo de lolitas reparten las medallas de finisher. Camino hacia ellas y la recibo en el cuello con una sonrisa. Luego, salgo hacia el parque cerrado, voy en busca de mi ropa pues me encuentro empapado. Por el camino recibo una bolsa con plátano, manzana, una barra de proteínas y chocolate, y frutos secos. Mas allá recibo un gran vaso de cerveza sin alcohol. Camino, siento y disfruto de ese momento y esa emoción. Soy feliz…. Aun cuando no logre mi objetivo, pues estuve en Berlín y termine su maratón sin ninguna molestia. Soy feliz porque durante 5 horas me conecté conmigo mismo y sentí pasar cada latido en unión con esa humanidad y naturaleza que me rodeaba.

Con los días me he preguntado que paso que quede tan cerca de esa meta. Mi tiempo oficial final fueron 5:01 con algunos segundos. Y lo único que podría explicar esos pocos minutos de diferencia sería el tiempo perdido en la hidratación. No solo el grupo bajaba su ritmo en cada uno de estos puestos, sino que, los líquidos eran suministrados en vasos plásticos, los que no permiten el ser aplastados para usar esa forma de embudo que facilita correr y beber al mismo tiempo. Por consiguiente, en cada puesto debí detenerme y caminar mientras bebía. Este simple echo podría explicar fácilmente unos 7 minutos del tiempo de carrera. Lo otro podría ser ese algo que podríamos llamar “vértigo”; ver que se puede hacer algo que esta mucho mas allá de nuestras mejores expectativas, y auto sabotearse. La maratón es una prueba con una componente mental fundamental…. Debo seguir trabajando en eso.

Deseo agradecer a Pilar, mi esposa, por su compañía y aliento. A Sebastián que a la distancia estuvo atento a darme consejo. A todos los amigos de Andesteam, que se preocuparon y preguntaron por mí. A Rodrigo y los Amigos de Olimpo, que también en la distancia estuvieron dándome fuerza. Y a toda mi familia por entender a este “Loco que corre” ….

Andrés Reisz – Socio Andesteam

Más desafíos #DuatlónCodegua

El pasado domingo 30 de agosto se realizó la primera fecha de la Duatlón Gp en Codegua, recinto que cuenta con una tremenda pista de carreras, ocupado específicamente para automóviles, pero en este caso la disciplina de Duatlón se ganó este espacio.

 

El formato para esta competencia fue de : trote, ciclismo, trote, ciclismo y trote, lo que le otorgaba un grado dureza superior a las versiones anteriores del Duatlón.

 

Junto a un amigo que también competía (Marcos), viajamos temprano rumbo a Rancagua, para llegar a retirar el kit y poder dejar todo listo para competir, luego pudimos probar el circuito de ciclismo y a calentar con trote, ya que la carrera sería exigente de comienzo a fin.

 

Ya en la línea de partida, comienzo con un fuerte ritmo de trote 3:10´ . Mantengo el ritmo durante todo el giro, lo que me  posiciona con el grupo de la punta de carrera. Me siento fuerte y con confianza para llegar en los primeros puestos a la transición, pues quienes lo dominan sacan una buena ventaja.

 

Saliendo en la etapa del ciclismo me pude mantener los 2 primeros giros con el grupo de punta, a altas velocidades, en un circuito muy técnico con curvas cerradas y falsos planos. Es recién en el 3er giro que se me arranca el grupo, mi cuerpo comienza a resentir el fuerte esfuerzo.

 

Después de terminar la etapa de ciclismo, lo lógico era  esperar que la intensidad bajara, pero no fue así. Los punteros seguían con un fuerte ritmo, así que la opción fue de mantener el mío hasta que se me agotaran las energías. Como dato, miraba mi reloj marcar 180 ppm continuamente  y éstas no bajaban. Cruzo  la meta con un tiempo de 1:10 llegando dentro de los 10 primeros y quedando 3ero en mi categoría, lo que me dejo muy tranquilo y satisfecho  con mi rendimiento. Me exigí de comienzo a fin, tomando esta carrera como preparación para el próximo 70.3 de Coquimbo.

 

 

Por último agradecer a todos los que me apoyan, como las distintas marcas (Scientific Body y Sportsalud), socios del equipo y a mi novia por su gran apoyo y compañía.

 

Sebastián Villarroel – Coach Andesteam

Sin dolor no te haces feliz #AguasdeRamón

I

El año 2016 había corrido por primera vez el trail nocturno aguas de Ramón, en aquel entonces no entrenaba en Andes Team y no tenía mayores expectativas en cuanto a mi participación, pero al llegar a la meta en un 4to lugar y con un gran tiempo me entusiasmé y prometí que en la próxima oportunidad 2017 estaría en lo más alto del podium.

 

Así comencé a entrenar y a visitar la ruta de manera constante. Primero acompañada de mi novio-coach y luego en compañía de Andes Team.

Cada visita al sendero me evidenciaba mejoras y gran destreza: Mejoraba tiempos y resistencia.

Por ende El plan era continuar con el entrenamiento, mantener las piernas activas y fuertes hasta el gran día.

Todo iba a la perfección, sin embargo unas largas semanas pesadas tanto en lo laboral como en lo personal previo al evento no me permitieron continuar con el entranamiento, el cual se vio postergado…en una primera instancia no le presté mayor importancia, conocía la ruta como la palma de mi mano, todo lo acumulado estaba sumado… me sentía fuerte y segura.

 

II

Tarde fría, tímidamente con sol… nos montamos en nuestras bicicletas junto a Sebastián para ir calentando y preparando las piernas para la gran noche.

El objetivo y la ambición eran muy altos, a igual que las expectativas, las piernas estaban rápidas y firmes… en conclusión estaba lista para iniciar la carrera.

 

En la línea de partida me sentía muy ansiosa. Ya quería comenzar a correr y darlo todo. En mi cabeza repasaba una y otra vez el plan de acción: darlo todo (o a tope como dice mi coach personal) en el primer tramo, conocido como el “camino de emergencia”. Descansar y recuperar en la subida que enlaza con el sendero de los peumos, para retomar finalmente el ritmo en la bajada.

5. 4 . 3 . 2 . 1

A correr.

 

III

Comenzamos a correr por el oscuro camino… concentrada en cada paso sentía cómo iba alcanzando mi 100%… me sentía segura y pensé a los 3 min de comenzar “gané”.  Pero todo se derrumbó cuando el camino no era ese, si no otro.

Un ligero desvío nos llevó directo a la primera pendiente del parque… y no es cualquier pendiente… es larga, pesada, y come piernas…intente seguir el ritmo, mi corazón comenzó a latir más fuerte. Mis piernas fatigadas colapsaron. Y del éxito pase de una subida a la desesperacion.

En la desesperacion mi mente se nubló, y todos mis esfuerzos nacían desde el sufrimiento. Literalmente sufrí.

Cada metro significaba una lucha física y mental…”no puedo” me dije en un par de veces, pero la voz de apoyo y ánimo de Sebastián llegaban para alentarme y apoyarme.

 

IV

Comencé a notar que una chica me había adelantado. Traté de aumentar el ritmo para pillarla… ella era mi meta…que veía como lentamente se encontraba adelante de mi.

Puente los peumos. Sabía que ahora la ruta era más amena y las bajadas harían de la carrera algo más rápido.

decidida a conseguir aquel objetivo que tanto deseaba apreté los dientes y decidí olvidar y dejar atrás el dolor.

 

Enfocándome y retomado la concentración sólo me concentré en el camino y el ritmo.

Y así fue como en el último tramo, donde la bajada es larga y pronunciada decidí alargar cada zancada y acelerar cada vez más. La meta y la chica estaban ahí, a segundos de mi… y como un Marcel Kittel cualquiera (dijo la patúa) a pocos metros  de la meta, apreté  y lo di TODO. Lo que tenía y lo que no.

Con 12 seg de diferencia, llegue 2da en la gral. , lengua afuera, piernas hinchadas, corazón en la boca, juanete punzando. Con las mil gotas gordas….

“Sufriste amor?” – Me dice dulcemente Sebastian.

“si…sufrí…sufrí…si que sufrí …”

 

María de los Angeles Walker – Socia Andesteam

Experiencias inolvidables #TorrencialValdivia

A diferencia del resto de los corredores de trail y como tuve que hacer una pausa forzosa de un año, por una lesión rebelde, cuando apenas empezaba a explorar las distancias largas en cerro, nunca había escuchado de Torrencial Valdivia antes de febrero de este año. Pero a ocho meses del alta y sintiéndome en perfectas condiciones me pareció que era hora de renovar mis desafíos.

Barajando todos los ponderables; meses de entrenamiento, lucas y permisos de trabajo disponibles, me puse a buscar en Google un desafío con una buena dosis en inspiración, esfuerzo y adrenalina con escenario en el sur de Chile.

Puntos extra sólo por el nombre, Torrencial Valdivia fue uno de mis candidatos finalistas, sin embargo lo que me hizo tomar la decisión definitiva fue que estrenaban en 2017 una nueva modalidad de aventura llamada “Travesía Torrencial” que constaba de 2 días de competencia, 25 y 20k respectivamente, que incluían paseo en Catamarán por un precio super razonable y en un fabuloso escenario natural: la lluviosa selva valdiviana en la Cordillera de la Costa.

Decidida a asistir, y aunque lo habría hecho de todos modos sola, decidí buscar un partner que me acompañara no sólo en el viaje, sino en el circuito elegido. Así, mi amiga y compañera de equipo Magaly Castillo se entusiasmó también y antes de 3 días ya teníamos la inscripción, los tickets de avión y la reserva del hostal ¡Nos íbamos al Sur en junio!

 

Travesía Día 1

Había llovido toda la semana en Valdivia y aunque el pronóstico para el sábado indicaba que lo haría después de mediodía, el sendero debía estar cubierto de mucho barro. Salimos bien abrigadas y equipadas, y con la cuota de nerviosismo que implica enfrentar una carrera de estas características para un par de inexpertas en los bosques del sur.

Largamos a las 9.00 hrs  con mucho frío y viento desde la playa de Pilolcura hacia los cerros. Antes de completar 3 kilómetros en ascenso hemos cruzado 3 riachuelos sin puentes y se ha puesto a llover. Somos pocos y hay muchas curvas. Los senderos casi inexistentes, pero muy bien demarcados con cintas rojas, se pierden entre la vegetación espesa así que apenas nos vemos, por largos trechos siento que voy sola y disfruto la lluvia que me empapa cada vez con más fuerza.

El ascenso largo, pronunciado y con mucho barro hasta el primer PAS donde noto que voy cerca de otros 3 corredores. Miro la mesa y hay tantas cosas, que no sé que probar. Muerdo 2 naranjas y un par de cubitos de queso y parto apenas lo hacen los demás pensando que si no subo el ritmo, tendré que dormir en el bosque.

Trotamos un rato por un sendero amplio y volvemos a internarnos en la vegetación espesa empezando el descenso. El entorno es tan hermoso que pienso que me encantaría tomar una fotografía, pero llueve torrencialmente y no quiero dañar el celular. Pienso que de todos modos los paisajes no se borrarán de mi retina y sigo bajando con rapidez hasta que se me cae una bolsa de la mochila, y aunque no quiero retrasar el paso, el bosque está tan limpio y hermoso que sería pecado dejar basura.

No creo que haya tardado más de minuto y medio en volver, abrir la mochila y guardar todo en el bolsillo, pero me quedo sola otra vez. Procuro ir atenta a las cintas rojas para no perderme y entonces por un costado diviso un río y veo más lejos a unos corredores internarse en un bosque.

Llueve con mucha fuerza y sin chaqueta con gorro (en lo que claramente fue una decisión errada) el pelo empapado me enfría  la cabeza.

Ahora cruzo un largo plano, un puente, un río y una pradera con tanta agua que parece pantano. Después del largo descenso, el plano es agotador, sobretodo porque debo levantar mucho los pies para sacarlos del agua, y aún así me mojo y embarro hasta la rodilla, sin embargo logro mantenerme en pie.

Me pesan los muslos de sobremanera, todavía tengo energía de sobra, pero me faltan piernas. Sigo corriendo.

El siguiente PAS está igual de bien abastecido y me encuentro otra vez con los corredores que me adelantan y otros que vienen más atrás. No tengo hambre ni sed, pero muerdo otra vez un par de naranjas, queso y un dulce de manjar.

Según el mapa de altimetrías de la carrera, no deberían quedar subidas pronunciadas como la de la partida, pero el cansancio es traicionero. Avanzo por la pradera mojada entre una neblina que espesa y oscurece el entorno y entonces entro al bosque. Un bosque de árboles gigantescos e imagino que milenarios, todo está oscuro. Ahora quedamos más protegidos de agua (da lo mismo porque ya estoy goteando desde la cabeza a los pies) y comienza otra vez la subida.

Tengo los muslos fundidos, me arden, y voy tan despacio que empiezo a congelarme. Miro el hermoso bosque y recuerdo que estoy aquí porque quiero, porque esto es lo que me gusta y me río sola, respiro profundo, y pienso en tragarme el aire del sur para volver con él a Santiago. Se que nunca me voy a olvidar de esta ruta.

Saliendo del bosque me encuentro con un fotográfo en medio de una copiosa lluvia que me dice que falta un kilómetro, en descenso, y aunque después descubro que es más, bajo feliz. Ya tengo una pequeña puntada en el lateral de la rodilla derecha y necesito parar.

Casa Mans al fin. Otro fotógrafo, el control y mi ropa seca de cambio. Todos aplauden. Yo estoy sonriendo feliz, pero pensando: Al fin!! Fueron 4 horas 19 minutos. Estoy exhausta.

Ahora esperar que lleguen todos y de vuelta a Valdivia en el Catamarán. Embarcación calefaccionada con comida caliente (y mucha comida por lo demás), donde todos ya secos, narran sus experiencias en la ruta y se aprontan para el segundo día. Yo nada más quiero dormir. Pasadas las 17.00 horas desembarcamos de regreso en Valdivia.

 

Travesía Día 2

He dormido como un tronco. Luego de la ducha, no he podido ni comer y antes de las 9 he caído en los brazos de Morfeo en un sueño profundo. Despierto sobresaltada con el reloj a las 06.00 am y nos arreglamos rápidamente para partir al muelle.

El sueño y el nerviosismo hacen que deje mi número y chip en el hostal. Vuelvo corriendo mientras Magaly avisa a la embarcación. Menos mal estamos cerca, en 15 minutos estoy de regreso y de paso he calentado mucho antes de la partida.

Desayunamos galletas y té a bordo, y luego de las fotos de rigor, música para empezar a prender. Hoy llueve mucho más suave que ayer y, lección aprendida, me he puesto el cortavientos con gorro.

A las 9.00 volvemos a largar entre la neblina y una llovizna suave. Noto al poco andar una leve molestia en la rodilla, y confio en que se quede así. Sé que es sólo el sobreesfuerzo. Vamos por otro sendero distinto y hoy nos encontraremos con los corredores de 63 y 45k en la ruta.

La lluvia para y comienza a despejar. El paisaje increíble y con senderos mucho más definidos del Parque Oncol es bastante amigable. Parto lento y cauta por el barro, hay muchísimo y está muy resbaloso, pero empiezo a ganar energía y ver a los punteros de las distancias más largas a toda velocidad me da nuevos bríos. Avanzo a ritmo irregular por la rodilla. Cuando me estreso por la situación, recuerdo otra vez que estoy aquí porque elegí esto, abro los brazos y respiro profundo el bosque. Recuerdo también que el doctor dijo que mi tolerancia al dolor era increíblemente alta, así que una pequeña puntada no me va a detener. Me fuerzo a ir más rápido en las bajadas ¡Siempre he amado los descensos! De a poco mi pierna se calienta y la molestia es casi, casi imperceptible.

El sol le da nuevos colores a la vegetación. En el segundo PAS me saco el cortavientos y lo guardo en la mochila, 2 quesos y vuelta a partir. No sé si el queso tenga alguna utilidad real, pero es lo único que tengo ganas de comer. Me siento con mucha energía esta mañana y hay muchos corredores en la ruta.

El sendero por la selva valdiviana, ya fuera del Parque, es el más difícil. Algunas subidas, pero sobretodo mucho barro, con espacio para una sola persona y muchos tropiezos y cruces de agua. Y de pronto desde arriba se ve la playa, el mar, como un escenario magnífico, para una postal, pero voy a tan buen ritmo, que ni siquiera considero parar, tendré que guardar este recuerdo nada más en mi memoria, a la antigua.

La última bajada es muy resbalosa, han pasado mucho corredores ya, y empiezo a patinar. De pronto de atrás otro corredor que no puede frenar cae sobre mí y nos arrastramos cerro abajo. Me pidió una disculpa rápida, se levantó y siguió veloz. Me embarré hasta el pelo, pero ya está, tampoco me dolió nada, fue como lanzarse en un resbalín de barro. Me río y sigo bajando.

Paso un par de corredores cuyas rodillas no aguantan la pendiente de bajada. Les doy ánimo y sigo bajando. Con las endorfinas a tope me siento tremendamente feliz. El paisaje y la vista de esta llegada son increíblemente hermosos. No podrían haber elegido mejor ruta. ¡El remate perfecto!

Veo a los fotógrafos y gente de la organización en la ladera y grito ¡Que hermosa vista! sólo para que sepan que han hecho un muy buen trabajo planeando este trazado y aplauden dándonos ánimo en los último metros: ¡Ya llegaste! Corre a la playa.

Cruzo la meta agotada y feliz en 3 horas 1 minuto.

 

Palabras al cierre

Han sido 2 días, 7 horas y 20 minutos de una de las experiencias más increíbles del trail running, en un evento redondito y muy bien organizado, donde he conocido muchos lugares y gente increíble. Donde pese al cansancio y diminutas molestias en la ruta, mi cuerpo ha respondido de manera excelente (tanto así que me he sentido super todos los días posteriores) y que abre mi apetito de muchas más aventuras de este estilo por venir.

Sí, hago esto porque me encanta  de modo que ¡¡Vamos por más!!!

 

Jessica Medina Marabolí – Socia Andesteam

Una carrera para el Espíritu #RapaNui

Y llego el día, con un agradable horario del evento. Primera carrera en la que participo con una largada después de las 10:00.

La barra intensa se levanta muy temprano y acompañan a la deportista en su alimentación matutina, luego nos dirigimos al punto de partida para realizar el calentamiento: En el camino vuelvo a advertir las sinuosidades y desniveles de la ruta, lo que hace presagiar una difícil carrera, pero ya estamos acá, solo queda partir y avanzar.

A las 10:15 la largada con ritos típicos de la isla, comienzan las tímidas subidas para continuar luego con las curvas y  subidas más pronunciadas que me hacen temer por mis piernas, pero con una barra que corre de esquina en esquina para alentar, ya nada me debe preocupar.

Me dispongo ciento por ciento después de los 5k a solo disfrutar de el paisaje y de un lúdico clima que jugueteaba con mis sensaciones, tuvimos sol radiante, nubes que daban sombra y una tímida lluvia con viento que refrescaba el cuerpo y el alma, en cada puesto de hidratación bebí agua e isotónico y como ya nos advirtieron en un comienzo, no podíamos salir corriendo y tirar el vaso al borde del camino, por lo que todos los corredores nos deteníamos y tranquilamente nos hidratábamos para luego dejar todo en orden.

Disfrute cada momento de esas largas subidas, despues de los primeros 5k volví a toparme con Mauricio, de Corredor Promedio, quien además de acompañarme por unos momentos, dio una cobertura TOP al evento.

Y así sucedieron los siguientes kilómetros, cansados pero felices, hasta llegar a los 10k…“falta poco para el retorno”…pensaba, la larga subida me preocupó por una dolencia días previos en mis muslos, para lo que me ayudé con masajes y elongaciones que surtieron su efecto…mis piernas al menos hasta acá …no fallaban,  el combustible ya se había repuesto, continuaba hidratándome ordenadamente, pero aún así, mi aliento sólo era para avanzar y escuchar los gritos de los competidores que ya habían cursado la mitad de su carrera…El retorno …

Girar en ese punto fue el máximo de placer, ya habíamos pasado la mitad de la prueba, vendrían bajadas que aprovecharía para recuperar y nuevamente la barra me esperaba, no podía pedir nada más, me sentía cansada pero con ganas aún de alzar mis brazos en la Meta.

Los 21k se anunciaron en mi reloj poco antes de cruzar la meta, pero aún quedaban un par de zancos y en esos momentos decido alentar a otra corredora que había decidido caminar….“No te detengas…ya llegamos”…fueron mis palabras y allí comprendí que…“el mejor corredor no es el más veloz si no el que nunca se detiene…”

Llegando a la meta escucho mi número, mi nombre y el nombre del club “Andesteam” …y nuevamente  me sentí ganadora….y digo nuevamente pues ésta vez gané en la partida por la oportunidad de participar con la mejor barra, mi familia…, en la ruta, por la oportunidad de disfrutar del deporte y un hermoso paisaje y en la meta por llegar dejando atrás fantasmas y limitaciones que muchas veces solo están en nuestras mentes….sin duda una carrera para el Espíritu.

 

Roxana GaraySocia y Presidenta Andesteam

La primera Vuelta de Dafna : Laguna Aculeo 2017

Como tantas veces he dicho, quien corre en Aculeo puede hacer cualquier cosa.  Mi hija Dafna ama correr y ha seguido un camino bastante razonable en las distancias que realiza.  Comenzó caminando en pruebas de 5 K cuando tenía alrededor de 12 años, y de ahí, al poco tiempo ya estaba corriendo con sus hermanos y conmigo en carreras de 10 kms.  Por mucho tiempo esas fueron las pruebas, y esa era la distancia límite.

Sin embargo, el año 2014 decidimos dar el salto y correr su primer 15 K en la Halfmarathon Scotiabank. La idea era dar el salto a la media maratón, lo que se hizo en el MDS de 2015.  De ahí hemos repetido la experiencia en diversas ocasiones y escenarios, siendo el último el Medio Maratón de Valdivia 2017, en enero recién pasado.

Pero ella, inquieta como es me pregunta si puede acompañarme en un Maratón (42.195 kms).  Mi respuesta siempre ha sido la misma: Primero debes correr bien los 21, después me vas a acompañar a Acúleo, y de ahí veremos.  Entonces la pregunta se convirtió en   ¿Cuándo voy a Acúleo? Finalmente le conteste: En la primera fecha de este año, el 11 de Marzo.

Para quienes no la conozcan,  la Vuelta a la Laguna de Aculeo es una prueba de autosuficiencia de aproximadamente 26 kms, que combina superficies de caminos de tierra y asfalto, con un desnivel muy variado, que circunvala la laguna de Acúleo. Es una prueba que tiene 26 años de antigüedad, que desarrolla 4 fechas cada año en los meses de Marzo, Mayo, Julio y Agosto.

Partimos el sábado temprano en la mañana acompañados de nuestros amigos Jessica Medina y Mauricio Quintanilla.  Al llegar allá, retirar el kit y saludar a los amigos de La Cofradía (así se autodenominan los corredores habituales de esta prueba).  Cerca de las 10, encajonamos y recibimos las instrucciones por parte de Rodrigo Salas.  Partida puntual.

Comenzamos. Procuro mantener un ritmo controlado. Sé que el exceso de entusiasmo en esta primera etapa, puede pasar la cuenta después. Dafna reacciona bien, pero le cuesta entrar en ritmo, tiende a apurarse o bajar demasiado su cadencia. Finalmente, después de unos 6 kilómetros, encontramos el ritmo que nos acomoda, y comenzamos a asumir una actitud de avanzar.

Para la sed llevamos nuestras mochilas con hidratante, para la energía algunos geles.  Para el cansancio, solo nos queda educar la actitud mental. Ese, probablemente, es el secreto de las carreras de distancia, y el aprendizaje que se debe adquirir en Aculeo.

Los participantes que alcanzamos o que van a nuestro alrededor la alientan. Esa es otra de las particularidades de esta prueba: Un ambiente de compañerismo entre sus participantes que dista mucho de la competitividad salvaje que se ve en otros eventos.

Cuando ya faltan algunos kilómetros para terminar recién vengo a mirar el reloj. Llevamos un excelente tiempo, y sentimos que el cuerpo nos acompaña bien. No hay molestias, ni un cansancio extremo.  Comenzamos a imaginariamente degustar las hamburguesas que nos esperan en la meta.

Entrando a la calle que conduce al camping Los Aromos y a la meta, empiezo suavemente a apurar el paso, Dafna a mi lado reacciona manteniéndose a mi lado. La progresión va en aumento, y ella firme se mantiene allí. Un pique final y cruzamos la meta en 2:58:19. Estamos felices, la experiencia ha sido todo un éxito.

Una Entrevista

Para poder compartir su experiencia de primera fuente, le hago algunas preguntas y comparto sus respuestas tal cual las da:

¿Por qué quería correr en Aculeo?

Porque me hace bien correr, y porque me gusta ir a esa carrera

¿Qué es lo que más te gusto?

Que había hamburguesas en la meta.  Es un lugar bonito. Y me gusta mucho correr con mi Papá.

¿Cómo te sentiste?

Me sentí bien, contenta. Un poco cansada

¿Hay algo que no te gusto de la carrera?

No.  Todo estuvo bonito.

¿Te gustaría hacerla de nuevo?

SI.

 

Andrés Reisz – Socio Andesteam