• ++56 9 62093179
  • andesteam@gmail.com

Author Archive Jessica Medina

El Triatlón más duro de Chile #TriSanJuan

A mediados de año nos llegó la información del Tri San Juan de la Costa, del cual no teníamos mucha información, pero cómo una de las ventajas del deporte es que te permiten conocer,viajar y disfrutar de nuevos lugares , nos motivamos en ir a competir a esta hermosa Triatlón.

No teníamos mucha idea en donde se ubicaba el circuito “San Juan de la costa” , ni menos “Bahía Mansa” sin embargo  revisando el mapa  este lugar se ubica a unos 63 km de la costa de Osorno: un lugar no muy conocido, lleno de lindos paisajes, bosques, harto calor , subidas y bajadas, y un mar frío y cautivante.

Desde ahí comenzamos a entender  porqué lo llaman el “triatlón más duro de Chile”. Una carretera de altas pendientes y fuertes curvas; un mar que no supera los 10 grados y un duro circuito de trote…con este panorama ya comenzamos a entender  de lo  que se trataba… el día anterior de la carrera pude probar el circuito y dar fe de lo duro que sería, por ello sólo quedaba concentrarme y  dar lo mejor de mi.

En cuanto a la preparación de la  carrera continuó con normalidad desde noviembre (cumpliendo con los entrenamientos de natación , circuitos de subidas en el ciclismo y marcando buenos ritmos de trote) , pero durante el mes de enero a causa de una caída en mtb, tuve que estar un par de semanas sin hacer buenos entrenamientos por un fuerte golpe en las costillas.

 La estrategia de carrera era salir bien del agua , sin perderse , hacer buenas transiciones, promediar una buena velocidad en el ciclismo para recuperar lugares y en el trote a realizarlo con todas las fuerzas posibles para ir pillando a triatletas en las subidas. El plan se cumplió casi por completo, pero en momentos faltaba la concentración de ir pendiente del circuito y no del paisaje , era complicado no mirar maravillado los increíbles paisajes.

Llegando 15° en la general y 6to en la categoría, con un tiempo de 2:25 , quedé muy conforme y entusiasmado para las próximas competencias que se  vienen, con ganas de seguir entrenando y exigiendo a mi cuerpo, ya que la motivación esta muy alta.

 Doy gracias a mi pareja que me acompaña en todo momento y aperra junto a mí en estos desafíos, que me alienta y motiva para seguir mejorando y esforzándome por los objetivos a cumplir, y a todo el equipo Andesteam que nos motivan y entregan sus palabras de aliento, donde da gusto ponerse la camiseta del equipo y mojarla a concho.

Sebastián VillarroelCoach Andesteam

Una carrera contra la mente #3aguasValdivia

Cuando comencé a nadar (2014) escuché un rumor de una carrera en aguas abiertas que se realizaba en Valdivia y en Febrero, pero como yo apenas  sabía nadar, nunca la tomé en cuenta.

Tres años después supe que unos compañeros de equipo habían intentado participar sin éxito… habían abandonado la Carrera. Ese fue el momento en el que decidí asumir el desafío deportivo mas grande en mi corta trayectoria de nadadora…. Llegar al mítico Tres Aguas.

En Diciembre (2017) me llegó la convocatoria para participar, nunca había leído en que consistía la Carrera, solo sabía que era muy difícil y que no todos eran capaces de terminarla.

En la convocatoria explicaban que este torneo se realizaría en tres etapas, 5000 o 3000 metros en lago, 5000 metros en mar y 5000 o 2000 en río. Inmediatamente me inscribí en todas las etapas nadando 5000 metros, la mayor distancia que he nadado seguida en mi vida. La mayor dificultad: Se nada sin traje de agua, porque los de verdad, no necesitan usar traje.

Cuando ya pude procesar la locura que había hecho, las inseguridades se manifestaron: como este año recién había entrado a trabajar, no entrené casi nada, no tendría tiempo para entrenar como corresponde, etc. Así que decidí que mi meta sólo sería terminar y que si me sentía mal o insegura, me retiraría.

Tomé la decisión de no contarle a nadie más que a mi mamá (mi fiel compañera, que me acompaña a todo y me anima siempre a mejorar) y cuando llegó el momento nos fuimos.

El 30 de Enero era el Congresillo Técnico donde daban toda la información y no llegué, teniendo que ir a ciegas a competir al Lago Ranco.

Etapa 1: Lago Ranco.

Al llegar, no sabía mucho que pensar ni que esperar, cuando se acercaba la hora de partir me puse tan nerviosa que pensé que iba a vomitar. Mi mamá me tranquilizó y distrajo, funcionó perfectamente. Me marcaron y de la nada, ya estaba dentro del lago esperando la partida, los primeros 3000 metros los hice sin ningún problema, me apoyé en una competidora que finalizó su Carrera en 3 km. Los últimos 2000 metros fueron una batalla por encontrar las boyas, por aguantar el frio, por omitir el dolor muscular y por no pensar tonteras, incluso pensé en retirarme… pero como tan pava para retirarme si prácticamente no me estaba pasando nada malo… Finalmente llegué al muelle y mi mamá me felicitaba a gritos porque había hecho un excelente tiempo para iniciar la competencia y por haber Ganado el tercer lugar y terminando en 1 hora y 22minutos.

Etapa 2: Cruce Niebla-Corral

Los momentos previos de esta competencia se pueden resumir en pocas palabras: miedo, derrota, inseguridad, nada bueno… El solo hecho de ver el recorrido ya te hacía dudar… mucho oleaje, agua muy helada y muchas corrientes…

Los nervios y la inseguridad se apoderaron tanto de mi que pensé en abandonar incluso antes de comenzar, afortunadamente mis amigas y competidoras, mi mamá y la gente de la organización me dijeron que lo hiciera, que era fácil (mentira). Momentos antes del marcaje, veo mi celular y habían muchos mensajes de apoyo, de fuerza y animo…todos sabían que iba a llegar…Algunos de los mensajes mas memorables fueron “Esta Carrera se termina a pura fuerza y cabeza, nada sin parar y piensa solo en llegar”(Juanito, mi entrenador de natación), “Eres una de las personas más Fuertes y locas que conozco, así que se que vas a llegar porque nunca has perdido contra ti misma” (Andrés) y “El sufrimiento es temporal, pero la gloria es eterna” (Karim).

Para comenzar la Carrera, nos subieron en unos botes para que nos tiráramos al agua, ahí abandonaron 6 personas. Nos dejaron 2 minutos en un agua tan helada que no sentía ni mis brazos ni mis piernas. Apenas nos dieron la partida, se me cerraron los pulmones y apenas podía respirar. Seguí nadando hasta que me di cuenta que estaba sola, en medio del mar y que no se veía el punto de llegada. Estuve a punto de ponerme a llorar de frio y frustración hasta que me di cuenta de que no iba a ganar absolutamente nada llorando y recordé los whatsapps de ánimo así que simplemente, seguí nadando.

Después de un rato, que para mi fueron mil años, divisé el punto de llegada y nadé con una gigantesca sensación de alivio. En la meta me esperaban mi mamá, la Corita, una frazada y una leche con Milo caliente. Llegue en 57 minutos y hubo 16 retirados en total. También obtuve el tercer lugar de mi categoría, afortunadamente todas llegamos muertas de frío, pero bien.

Etapa 3: Río Calle Calle

Finalmente, llegaba la ultima etapa de esta competencia, ya se podían sentir los Dolores en el cuerpo y el cansancio, pero no podía fallar en la última etapa.

Me dispuse a hacerlo lo mejor posible, el agua estaba calentita, nadábamos con corriente a favor, el circuito estaba un poco complicado por la navegación con las Corrientes, pero nada peor que la etapa anterior. Partimos todos juntos y me dispuse a nadar lo mas constantemente posible… al pasar la primera curva tuve la suerte de agarrar una corriente que me lanzó hacia la orilla y pude nadar con el camino despejado, al pasar por debajo de un puente (que me morí de susto porque estaba todo obscuro y yo juraba que me iba a comer un lobo marino) escucho la inconfundible voz de mi mamá y de Karim que me estaban alentando. Caminaron como 3000 metros a mi lado mientras yo nadaba. Está demás decir que los escuche todo el camino y me dieron mucha fuerza para seguir adelante. El resto de la Carrera estuvo excelente hasta que a 300 metros de la meta me da un calambre tan fuerte que me impidió nadar por un rato, los espectadores pedían un bote que me rescatara, mi mamá gritaba que terminara y que no viniera el bote y Karim casi se tira al agua a sacarme… Entre todo eso, yo pregunto cuanto queda y cuando me dicen 300 metros seguí nadando sin patear porque el calambre volvía… cuando llegue a la meta, todos me esperaron para felicitarme, abrazarme, darme la medalla y dar por finalizada esta maravillosa competencia que de seguro volveré a hacer. Termine mi tercera jornada en 1 hora y 16 minutos, nadando a 15 minutos el kilómetro… nunca había nadado tan rápido en mi vida.

Solo me queda agradecerles a todos los que estuvieron presentes, dándome animo y apoyándome en este hermoso proceso.

Ahora hay que enfocarse en el triatlón Olímpico, en el Titicaca, 21 km en la Maratón de Santiago y quizás 10km en el Caribe.

Lo que mejor aprendí fue a vencer a mi mente y saber que no hay límites para comenzar a hacer algo nuevo.

Michelle Batarse – Socia Andesteam

Empezar bien el año #21k #Valdivia

Este año vuelvo a correr la media maratón de Valdivia. En esta ocasión también me acompaña mi hija Dafna, y el viaje lo realizamos en bus antes para tener tiempo para conocer más la zona. Partimos el viernes por la noche y regresamos el domingo al anochecer.

Al llegar a Valdivia, pasado las 8 de la mañana, un rico desayuno en la terminal nos recibe. Después pasear un poco para hacer hora para el check in en el hostal. El día esta tibio, y cada rincón que miramos nos recuerda nuestra anterior visita.

Ya en el hostal, un descanso y hacer hora para almorzar e ir a retirar el kit. Conversar con los amigos, Mauricio, Marcela, Rodrigo. Ir a ver la torre del péndulo en la costanera, y explicarle a Dafna, que las variaciones de posición de un Péndulo de Foucault prueban la rotación de la tierra. El suelo gira bajo el péndulo. ¡Que paradigmático concepto!

Pasear por Valdivia, comer temprano e irse a dormir para tener las fuerzas para correr a la mañana siguiente.

A las 6 ya estoy en pie. Ducharse para despertar, ponerse la ropa que se dejo preparada la noche anterior. Tomar el desayuno que se nos dejo servido. Salir con tiempo para ir al encuentro del bus que nos llevara a Niebla, frente al cuartel de bomberos, al punto de partida.

Las fotos de rigor. Los saludos y abrazos a los amigos y conocidos. Todos los rituales se van cumpliendo. Estamos atentos a las instrucciones de Rodrigo, por lo que unos 10 minutos antes de la hora ya estamos encajonando. Escuchamos su habitual arenga, el saludo de los antiguos, a los que debutan en la prueba. Un minuto. Nos deseamos suerte. Le digo a Dafna que procure mantenerse a mi lado y no retrasarse.

Partimos. Un paseo por Niebla. Vamos entre calentando y a un buen ritmo, todos muy juntos, disfrutando de una mañana esplendorosa. Al salir de Niebla, después de unos 2 kilómetros, empezamos a bordear el rio Valdivia. Dafna se entusiasma a ratos y se adelanta un poco, luego cambia de ritmo y retorna a mi lado. En una de esas se queda atrás. No me preocupo en un principio, pues, normalmente se mantiene cerca. Pero, al rato ya no la veo y regreso a buscarla. La cara de asombro de los corredores que me ven correr devuelta me da un poco de risa. Unos 300 metros más atrás me la encuentro y retomamos juntos la carrera. Alguien que nos conoce comenta: “Grande Papa”. Disfrutamos esos momentos juntos, compartiendo una pasión. Llevamos algo más de 4 kilómetros.

Kilometro 5, primer puesto de hidratación. Tomo 1 vaso de isotónico acompañado de mi primer gel, el que no había consumido antes de partir. Seguimos juntos.

Poco a poco Ella se adelanta. Solo algunos metros. La veo avanzar y después mirar hacia atrás, como pidiendo mi aprobación para desatarse. No digo nada, pero la dejo hacer. Lentamente va ganando distancia. Al llegar a los 10 kilómetros, ella ya ha dejado el segundo puesto cuando voy llegando. 2 vasos de isotónico y a continuar. Ya siento bastante calor. Disfruto de mirar como un grupo de corredores nos adelantamos mutuamente en la medida de que el camino sube o baja.

Procuro mantener un ritmo mas o menos parejo. Dafna ya me ha sacado cerca de 200 metros para cuando paso por el tercer puesto de abastecimiento. 2 vasos y un gel, lo normal considerando la temperatura y la distancia.

Al ascender por el puente del rio Cruces me encuentro con Mauricio Quintanilla de Corredor Promedio sacando fotos. Desde la cima veo que Dafna ya salió del puente y se aleja. Parece disfrutar la ocasión como hace mucho no la veía. La geografía del camino ya casi no me permite seguirla con la vista por un buen rato.

Al cruzar el Puente Pedro de Valdivia puedo visualizar la meta, llevo poco menos de 2 horas, pero nos falta recorrer buena parte del centro de la ciudad, llegar hasta frente del terminal de buses y retornar por la costanera. Son más de 2 kilómetros.

Faltándome unos 300 metros para el retorno frente al terminal me cruzo con Dafna, radiante ya retorna. Le hago un gesto con la mano que ella me regresa.

El regreso se hace largo. En la marca de los 20 kilómetros hay un último puesto de abastecimiento. En otras ocasiones habría pasado de él, ahora aprovecho de consumir un vaso de isotónico. Después aprieto el paso. Visualizo la meta. Poco antes de eso escucho que anuncian la llegada de Dafna por los parlantes. No alcanzo a verla, pero sé que ya llego.

Antes de cruzar el arco de meta elevo los brazos y sonrío. Ha sido una bellísima carrera desde todos los puntos de vista. La primera carrera del año, con un día maravilloso.

En la meta, como es tradicional, nos espera una cerveza artesanal Calle Calle y unos choripanes. Mientras, descanso y disfruto de estos productos anuncian la llegada de un corredor muy especial: un corredor que recibió un trasplante doble de pulmones, y que ha completado la prueba en algo mas de 2 horas y media. Mas tarde puedo conversar un poco con él, y expresarle mi orgullo de poder compartir tan bella ocasión con alguien que demuestra ese nivel de compromiso y valor.

En resumen, una jornada para recordar y atesorar. Espero poder repetirla el próximo año en su décima edición junto a un grupo de mis compañeros de Andesteam.

Andrés Reisz – Socio Andesteam

112K en un día: #24HorasPista

Como me “gradué” de loco que corre.

Hace un año publique en las páginas de Corredor Promedio un artículo titulado 100 kilómetros en un mes, en el que daba cuenta de mi participación en 4 carreras en el transcurso de 30 días, las que sumadas daban algo más de 100 kilómetros. Este año logré hacer algo más entretenido.

Este año  participé de una de las pruebas más desafiantes: 24 horas en pista, evento organizado por Olimpo que se desarrolla en la pista atlética del Colegio Sagrados Corazones de Manquehue en la comuna de Vitacura.

La competencia invita a recorrer la mayor distancia posible alrededor de una pista atlética en el lapso entre las 19 horas del día sábado y las 19 horas del domingo, es decir, en 24 horas. Las reglas son bastante simples, se debe recorrer la pista en el sentido que corresponda a cada horario (se cambia cada 4 horas) al ritmo que se desee, y se puede descansar lo que cada uno requiera.

Mi participación nació de una humorada que quise hacerle al padre de Ricardo Gómez, a quien deseaba desafiar a que participáramos en duplas. Al final decidí asumirla como uno de los 5 grandes desafíos 2017.

Durante el último mes me di a la tarea de diseñar con Mauricio Quintanilla, mi amigo corredor, y con el apoyo de Sebastián Villarroel, Coach de Andesteam, una estrategia para obtener un buen resultado. Luego de mucho darle vueltas, llegamos a la idea de que se debería procurar alternar periodos de trote con otros de descanso activo (caminata), y que esto se debía hacer desde el primer momento de la carrera, evitando dentro de lo posible el “correr por sensaciones” o entusiasmarse demasiado al principio. Las proporciones no estaban claras. ¿Debemos dar una cantidad de vueltas trotando y después otras caminando? ¿o el parámetro debe ser por tiempos? Después de algunos ensayos prácticos concluí que una buena idea era darse un tiempo de trote (por ejemplo 30 o 40 minutos), y luego, el descanso considerarlo en vueltas. Además, durante ese periodo se debería dar la hidratación, el consumo de geles y otros alimentos, y las salidas al baño. Además, el plan indicaba que trataríamos de llevar adelante esta estrategia en bloques de 6 a máximo 8 horas, para luego descansar entre 1 y 2 horas.

Los días previos a la prueba estuve tranquilo. Entrenando mas volumen que velocidad. Mejoré mi hidratación, y dormí más. Como reaccionaría a una prueba tan distinta a todas las que conocía era una incógnita. La primera prioridad era disfrutar del desafío tranquilo y feliz.

El día sábado estábamos convocados a las 16 horas para la charla técnica, el control médico, y la entrega del kit. El pronóstico del tiempo era  mucho calor, y por tanto, todos nuestros planes debían ajustarse a esta condición. En la medida que se acercaba la hora, una cierta ansiedad me ataca. Nada grave, sólo la emoción de estar por enfrentarme con lo desconocido.

Minutos antes de las 19 nos llaman a encajonar. Partiremos girando en sentido antihorario. La temperatura ambiente, bordea los 30 grados por lo que inicio con una polera sin mangas. Casi puntualmente se da la largada. Todos trotamos comenzando a calentar. Saco mis cuentas y decido que partiré con trotes de 40 minutos alternados con caminatas de una vuelta. Al terminar esos primeros 40 noto que una vuelta es mucho y lo reduzco a la mitad. He consumido antes de partir un gel Hammer y 500 cc de Isorade de Uva. En el primer descanso activo me tomo 2 vasos de Isoride. En la segunda pausa, consumo otro gel y 2 a 3 vasos de Isoride. Continúo con este esquema por las primeras 2 horas y media. 40 minutos de trote por media vuelta de caminata. Mantengo un ritmo de aprox. 6 min/km, es decir, alrededor de 2:30 minutos por giro.

Sudo mucho, y el sudor me comienza a irritar los antebrazos y axilas. Consigo que me pasen un poco de pomada que he llevado y la aplico mientras avanzo.

Poco después de reiniciar el trote después de la cuarta pausa veo llegar a Sebastián con Ángeles. Les cuento que voy bien, y que cuando se cumplan las 3 horas me gustaría cambiar de polera y consumir unas barras de cereal. Esto implica un cambio en el módulo de las vueltas, pero me pareció que debía “atender a los consejos del Coach”. Cuando paro, consumo una barrita, Isorade de piña muy dulce que me han preparado, y me cambio la polera. Luego retomo mi plan.

Nos acercamos a las 4 horas, y Sebastián me informa que cumplido ese plazo debo detenerme, descansar y comer algo. Me ofrece pasta instantánea (Maruchan) y acepto. Me cuesta tragar un poco, pero finalmente logro consumir la porción. Una barra chocolatada me ayuda a endulzar la boca. Ahora a retomar el trote, pero antes una pasada al baño. La pausa no alcanzo a los 20 minutos. Hasta ese momento llevo 32 kilómetros.

Cumplidas las 5:45 horas completo los primeros 42 kilómetros. Un maratón en menos de 6 horas y no tengo ninguna molestia – pienso para mis adentros – No está nada mal. En las graderías solo están los asistentes de carrera, y ni siquiera muchos de ellos se ven. Decido salir a cambiarme de polera nuevamente al cumplirse las 6 horas. Son la una de la madrugada. Estando en la carpa aprovecho de tomarme una bebida energética y sacar mi IPod para escuchar música. Pongo un listado de canciones especialmente preparado para correr; mucho rock: Metallica, Black Sabbath, Ozzy, Mago de Oz. Los ritmos que sé me permitirán prolongar el trote durante la noche. Considerando el calor pronosticado para el día siguiente, el plan se ha modificado a tratar de hacer el máximo durante la noche y las horas de la mañana.

Considerando el nivel de cansancio, decido aumentar gradualmente los lapsos de caminata que voy intercalando, primero prolongándolos a una vuelta completa, y luego a 2 y 3. Al rato me descubro caminando y sin mucha intención de retomar el trote. En mi cabeza una idea me asalta: “Mientras más caminas, más difícil es volver a correr”. Por suerte la solución me llega desde el IPod. Comienza a sonar la canción Danza del Fuego de Mago de Oz, un tema que se inicia muy suave y calmado, y que repentinamente cambia de ritmo. Sin más me digo, cuando acelere la canción voy a correr. Dicho y hecho. Nuevamente estoy trotando, una inyección de energía surge desde la música y trato de aprovecharla. Por la siguiente hora intercalo el trote con algunas vueltas de caminata.

Al cumplirse las 8 horas nuevamente volvemos a girar como al principio. Los giros en sentido contrario me han parecido extraños, casi antinaturales. El volver a la “normalidad” me facilita por un rato mantener buenos ritmos mientras troto (7 a 8 minutos por kilómetro) pero cada vez que camino estos decaen y me cuesta volver.

Al cumplirse las 9 horas ya es poco lo que puedo trotar. Me mantengo caminando y escuchando la música. Canto y pienso en cualquier cosa. Nos damos aliento entre los pocos que permanecemos dentro de la pista. Llevo algo más de 60 kilómetros. Me planteo como objetivo estar al menos 1 hora más. Comienzo a sentir sueño y cabeceo. La temperatura ambiente ha bajado mucho, y el sudor en la polera se enfría. Cumplidas 10 horas me doy cuenta que en la última hora no he hecho mucho más de 1k, por lo que decido irme a dormir. Antes de acostarme me cambio la polera. Son las 5 de la madrugada.

Despierto a las 6:15. Ya ha amanecido. Me desperezo, cambio las zapatillas y regreso a la pista. El reloj de la carrera indica que ya llevamos 11:25 horas de carrera. Camino algunas vueltas para entrar en calor. Siento mucho frío por lo que decido retomar el trote en cuanto pueda. El nuevo cambio de dirección me encuentra justo bajo el arco de meta trotando. El descanso ha sido muy reponedor. En mi fuero interno decido que a las 8 tomare desayuno, mientras tanto tratare de sumar la mayor cantidad de kilómetros que se pueda.

A las 9 o 9:30 llega Luis Concha, el otro entrenador del equipo, me alienta en cada vuelta y está atento a mis requerimientos. Al rato se le suman Carlos Román y Javier Sandoval, dos amigos de Andesteam. Entre los 3 forman una barra que me mantiene en movimiento y motivado. En algún momento les pregunto cuanto llevo; 82 kilómetros. Ya supere mi primera meta, los 80 que me había fijado como mínimo ha recorrer. Fue en algo así como 15 a 16 horas. Carlos y Javier se van, al rato también Luis. Cerca de las 12 aparece Alejandro Figueroa. Los Amigos de Andesteam se turnan para acompañar, o envían mensajes de aliento que se reproducen por los altoparlantes. He superado los 90 kilómetros, pero el cuerpo ya da señales de fatiga. Me duele la espalda, los hombros, la cintura.

18 horas. Decido descansar y almorzar. Me siento con Mauricio en la zona del quincho y pido un maruchan de pollo. Esta vez puedo tragar bien. Bebo coca cola. Converso con Mauricio y con otros participantes que están por ahí. En eso llega Esteban Brufau con su polola, compartimos un rato mientras descanso.

Cuando estoy a punto de retornar a la pista regresan Sebastián con Ángeles. Les comento de mis molestias en la espalda, y me ayudan a elongar. Mientras me ayudan a estirar y flexibilizar llega Magaly Castillo.

Bastante más aliviado regreso a la pista a eso de las 14 hrs. Al entrar llevo 93 kilómetros recorridos. Luego de un par de vueltas de calentamiento caminando decidimos atacar la siguiente meta: completar los 100 kilómetros. Comienzo a trotar y contar las vueltas. En las graderías a mi barra se han unido Myriam y Gloria. Las energías que me entregan y la cercanía del objetivo deseado me hacen dar mucho más de lo que Yo creía posible. Troto sin pausas. Cada 4 a 5 vueltas bebo un par de vasos de hidratante. Cada otro tanto, Sebastián me moja la cabeza, el cuello y los antebrazos con agua fría. Los 100 kilómetros se alcanzan casi al mismo tiempo que superamos las 20 horas de carrera y cambiamos por última vez el sentido de giro.

Nuevamente me doy un descanso. Comer un sándwich, tomar coca cola, refrescarse. Visualizar que se hará en las 4 horas que nos quedan. Decido ir por los 110. Mientras estoy en eso, pasan mis padres a visitarme. Sebastián, Ángeles, Myriam y Gloria ya se han ido. Carlos ha regresado y acompaña a Magaly.

Al regresar comienzo a caminar, trato de ir rápido pero ya me cuesta mantener un trote consistente. Las piernas pesan, la espalda refleja el cansancio. La mayoría de los participantes se mantiene solo caminando. En nuestras cabezas hay una cuenta regresiva, y ahora todo está en nuestra cabeza y corazón. Voluntad es la consigna. A pesar de todo se avanza, se siente que las vueltas se van sumando y los kilómetros acumulando. Caminamos juntos, conversamos y nos felicitamos. Hay alegría por los logros alcanzados. Antes de comenzar Rodrigo nos dijo que nosotros éramos los protagonistas y los héroes de la jornada; ahora todos lo sabemos en el alma.

Cerca de las 17:30 horas, aparece Jesús Figueroa con su hijo. Cruzo algunas palabras con él. Recibo su aliento y cariño. El saberse acompañado es un incentivo invaluable para continuar.

Faltando media hora para el final, Magaly y Carlos me comentan que ya supere los 110 kilómetros. Sonrió y les digo: “Entonces ahora vamos por los 112”. Veo en sus caras incredulidad. Sé que están ahí alentándome, como los amigos incondicionales que son, aun cuando pueda parecer loco el someterse a tales esfuerzos. Veo su sonrisa tras cada vuelta completada, y escucho sus gritos de aliento.

 

Mientras camino converso con Ricardo y la Feña, y con otros corredores de quienes no recuerdo sus nombres. Anuncian por los altavoces que entramos en los últimos 5 minutos. Mentalmente calculo que alcanzare a completar mi objetivo.

Paso bajo el arco de meta quedando poco más de un minuto de la prueba, sé que acabo de completar los 112 kilómetros. Sonrio, y les hago un gesto a mis amigos en las graderías. Aun camino, pero es a un ritmo de marcha. 30 segundos gritan. Comienzo a correr. Lo doy todo por alcanzar un punto imaginario que se encuentra a algo así como media vuelta más adelante. Veo a otros hacer lo mismo. Todo es energía y dicha. Resuena una cuenta regresiva y la orden final: “deténganse y permanezcan donde quedaron”. He llegado a ese punto. He superado los tres cuartos de vuelta.

Rodrigo va recorriendo la pista, registra cuanto logro avanzar cada quien, y los que ya han sido controlados deben seguirlo. Mientras esperamos nos saludamos desde nuestras posiciones, nos felicitamos por el éxito. Estoy entre los que más lejos llegaron en ese último giro, solo 3 personas me superan. Cuando el grupo me alcanza, los aprovecho de abrazar.

Ahora falta el último ritual. Nos van nombrando y corremos hacia la meta. Nos espera la cinta de la victoria y el abrazo de Marcela Sarmiento con la medalla de finisher. Serán tan solo 80 metros, pero tienen el sabor de la gloria. Al cruzar la meta grito mi alegría y sonrío con toda el alma. Abrazo a mis amigos, y recibo el cariño de todos los que ahí estamos.

Estoy cansado. Me duelen los músculos y las articulaciones, pero siento que podría continuar, que lo hecho no ha agotado todas mis reservas, que se ha logrado todos los objetivos soñados con creces, y en forma inteligente, que los limites se los pone uno, y están ahí para superarlos.

Ahora sólo queda agradecer. A Rodrigo, Marcela y todo el equipo de Olimpo por la organización y la logística de un evento tan maravilloso. A Mauricio por ayudarme a construir la estrategia de carrera, y por haber estado durante las 24 horas siendo mi respaldo y ayuda. A Sebastián y Ángeles, y todos los amigos de Andesteam que estuvieron alentándome y ayudando. A los que enviaron sus mensajes, y a los que enviaron su energía. Especialmente a aquellos que asistieron y gritaron desde las graderías. A Magaly y Carlos que se quedaron hasta el final, con una preocupación que rallaba en lo paternal. A mis padres que inesperadamente llegaron a verme hacer lo que sé les parece una locura. A mi familia que estuvo preocupada por mí. A la vida que me ha permitido aprender de cada carrera tanto dentro como fuera de las competencias.

Hay un verso, creo que de un argentino, que habla de “esos locos que corren”. Para aquellos que lo han escuchado, recordaran que muestra la incomprensión o desazón de aquellos que no corren ante esos bichos raros que corren para llegar a donde mismo, y ser felices con sus propios logros y el sudor de sus cuerpos. En 24 horas de pista creo haberme titulado de Loco, de un auténtico y radiante Loco que Corre.

Antes de comenzar estas 24 horas desafié a Ricardo Gómez padre a que me acompañe el próximo año 2018 a correr aquí en duplas. La pelota está en su cancha.

Andrés Reisz – Socio Andesteam

1