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Trail Nocturno LSE – Andres Reisz

Para esta segunda ocasión de participar en un Trail Nocturno en Aguas de Ramón organizado por Latitud Sur Expedition las expectativas eran bastante buenas, no solo por ser un circuito conocido y recorrido, sino porque el día, o más bien la noche, se presentaba con una temperatura muy agradable, muy distinto del frío húmedo vivido el año anterior . Por otra parte, la sequía que se ha vivido este año presagiaba que el terreno se presentaría polvoroso y algo suelto.

Llegamos temprano al parque, y al igual que el año anterior me acompañan 2 de mis hijos que participaran en los 7 km. Yo, nuevamente voy por la distancia máxima: 17 kms. Luego, saludar a los amigos y conocidos, comienzo a mentalizarme en lo que se viene; sé que me espera una dura subida, la que incluso de día se me ha hecho “casi eterna”, para después comenzar con una de las bajadas más entretenidas que conozco, con bastante técnica, sobre senderos muy angostos que no en pocos momentos bordean filos bastante abruptos. El año anterior en esta zona nos habíamos encontrado con nieve la que produjo felices brillos al reflejar la luz de nuestros frontales. Este año todo está seco, por lo que parece una carrera totalmente distinta. Pero no nos adelantemos.

La largada se retrasó media hora, pero se inicia bastante ordenada. Me ubico algo retrasado para no entorpecer a los más rápidos, y asumo un ritmo suave que pueda ser mantenido durante todo el ascenso, esto me lleva a ubicarme bastante al final del grupo. Sin embargo, me siento bien y cómodo, sin molestias y sintiendo que la subida cuesta menos de lo que la memoria recordaba.

Transcurridos algunos kilómetros la vanguardia de los 12 kilómetros me alcanza, y con ellos, o más bien con el siguiente grupo, me mantengo hasta que ambos circuitos se separan. Vuelvo a estar solitario y gozo con la vista de un paisaje de las luces de la ciudad que de a momentos me llaman a detenerme y tan solo mirar. Pero no lo hago, sé que debo llegar al Salto de Apoquindo en aproximadamente 2 hrs para cumplir con la meta que me he autoimpuesto. A lo lejos veo el serpentear de las luces de los que me anteceden, e incluso las de los que ya van devuelta por la ribera contraria de la quebrada.

En un momento, cuando todo parece tranquilo, percibo un bulto enorme a mi derecha, y dos brillos pequeños y fantasmagóricos. Miro con más atención en la medida que me sigo acercando, una vaca esta tendida a un lado del sendero y me mira impávida como diciendo: “¿Qué carajo hace alguien por aquí molestando?”. Continuo casi pudoroso, la naturaleza se muestra exultante, y uno con todos sus sentidos abiertos y atentos se maravilla en ella.

Al llegar al Salto, nos espera el punto de abastecimiento, me detengo y paladeo (quizás con demasiada calma) un vaso de hidratante, algo de plátano y frutos secos. Continúo hacia el punto donde debo cruzar un riachuelo. Me enfrento a la disyuntiva de intentar pasar por algunas piedras con el riesgo de resbalar y mojarme ambos pies, o intentar un salto y mojarme solo uno. Elijo esta última opción, e inicio la parte que más me gusta de este sendero: El retorno.

Todas las energías disponibles las pongo en trotar por esos senderos angostos y sinuosos que bajan bordeando el acantilado, la atención debe estar concentrada en los detalles que permitan prever cualquier obstáculo o problema que se presente dentro del espacio que la linterna ilumine.

Cuando ya estamos a solo algunos kilómetros de la meta, ya se puede oír las voces amplificadas de la organización en la meta. El cansancio es mucho, y la promesa del descanso posterior nos da el plus para ese último paso. Llegar al camino, la última pequeña subida y enfilar a la meta, levantar los brazos para la foto y cruzar el pórtico con la satisfacción de haber cumplido con los objetivos personales.

Una nueva meta superada y ahora a prepararse para la prueba que el año anterior me fue más complicada: Lampa… 

Andres Reisz

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3° Vuelta a la Laguna de Aculeo 2015 – Andres Reisz

En los días previos a la prueba el pronóstico del tiempo auguraba que la gran duda seria “ducharse o no ducharse mientras se corre”. Realmente nunca existió esta duda, pues a todo evento la participación en esta nueva versión de la Vuelta a la Laguna de Aculeo nunca estuvo en duda.

Foto cortesía de Solo Running

El día se inició con mi tradicional desayuno y la partida hacia la laguna con tiempo suficiente para retirar el kit y prepararse sin sobresaltos. A pesar de los pronósticos, el día amaneció cubierto pero sin lluvia, condición que se mantuvo a lo largo de toda la competencia, aun cuando por muy breves periodos se percibió una muy tenue llovizna, que ni siquiera alcanzaba a humedecer la piel. La temperatura era baja sin hacer frío, lo que redujo considerablemente mi consumo de hidratante, a la vez que hizo muy agradable la experiencia de correr.

Una vez iniciada la carrera, como siempre asumí mi propio plan y ritmo, independiente de lo que hicieran los demás competidores. Conozco mis condiciones, y por lo tanto, toda competencia es un desafío tan solo conmigo mismo. Esta filosofía me llevó rápidamente a encontrarme bastante solo, el grupo que me antecedía se alejaba rápidamente, y los que me precedían ya no podía verlos ni escucharlos. Así me mantuve hasta superada la primera subida, cuando al terminar ese descenso observé que a unos 300 mts, dos corredores se estaban adelantando. Como notaba que la distancia con el que había quedado más rezagado se acortaba inexorablemente, asumí un leve aumento en mi ritmo para alcanzarlo. Aprovechando como impulso las bajadas, y procurando mantener los ritmos en las subidas, muy pronto me encontré superando con facilidad a la corredora más cercana y además adelantando al otro corredor también.

A partir de este punto, y hasta algunos kilómetros después de entrar al camino pavimentado, comenzó un juego bastante entretenido con ese corredor, el que se mantenía a no más de 100 metros por detrás mío, para ir acortando esa distancia en los planos hasta alcanzarme y correr a mi lado, y volver a aumentarla por un mejor ritmo en las subidas y bajadas. Este juego, me llevó a reflexionar mientras corría en los motivos que me llevaban a modificar mi estrategia de carrera para no dejarlo superarme; y a la única conclusión que lograba llegar es que el bichito de la competitividad está fuertemente arraigado en mí. “No lo dejo que me supere, porque percibo que puedo (soy capaz de) mantenerme por delante de él”. El juego terminó, en esta primera etapa, cuando producto del cambio en la sucesión de subidas y bajadas, uno de esos planos en donde él lograba una mejor performance, le permitió adelantarme, y además, decidí guardarme un poco para la segunda mitad de la prueba en donde habitualmente he tenido mayores dificultades.

Foto cortesía Runchile

Nos volvemos a encontrar en el puesto de abastecimiento (kilómetro 15) del que partimos casi junto. Ahora soy yo el que me mantengo unos cientos de metros por detrás, y por los siguientes kilómetros mantengo esa distancia inalterable.

Entre el kilómetro 18 y 19 me encuentro con Mauricio Quintanilla que se encuentra sacando fotos para Solo Running; él comienza a correr conmigo, cumpliendo de este modo con una función de liebre. Marca un ritmo sostenible, y no me deja decaer. La compañía ayuda y hace más soportables los kilómetros, que sin más comienzan pasar con rapidez. También la distancia con el otro corredor se acorta, logrando superarlo en el transcurso del siguiente kilómetro, para cuando crucé la meta la diferencia era de 4 minutos.

Esta quinta oportunidad en que participo en la Cofradía de la Laguna de Aculeo fue, una vez más, una ocasión de grandes satisfacciones y aprendizajes; cada vez me siento más seguro de mis capacidades y preparado para enfrentar las distintas condiciones con que uno puede encontrarse al correr. 

Andres Reisz

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Trail Running Putaendo – Andres Reisz

Regresar a Putaendo este año tenía un doble valor; por un lado, como siempre, tratar de seguir mejorando, demostrarse cuánto se ha avanzado gracias al esfuerzo de los entrenamientos. Pero a la vez, y muy en el ámbito personal, superar los miedos y las frustraciones que una cierta prueba nos pueda haber provocado.

En mi caso, algunas semanas antes de Putaendo 2014 se me había desencadenado una lesión en la rodilla que me mantuvo alejado de los entrenamientos hasta el jueves previo a la carrera. El alta médica era bastante relativa: “corra solo si se siente bien”. Corrí con miedo, esa es la verdad; miedo de reactivar la lesión, miedo a un terreno desconocido y a lo que este podría provocar en mi cuerpo.

Este año las cosas eran distintas, llegaba con muchísimos más kilómetros en el cuerpo, con la experiencia de haberme sobrepuesto a la fatiga y los dolores. Y por sobretodo, conociendo que los 14k de Putaendo es una prueba bella y abordable, cuya mayor dificultad es el clima, frío y húmedo, que el año anterior nos había premiado incluso con lluvia la noche previa.

En esta ocasión el día comenzó muy temprano, ya que decidí partir ese mismo día desde Santiago prescindiendo del alojamiento allá. El viaje transcurrió con tranquilidad, llegando al parque cuando recién comenzaba a amanecer. Retirar el kit, tomarse un café y conversar con los amigos. Después revisar el equipamiento y hacer una suave preparación física, para encajonar, escuchar las últimas instrucciones y partir.

El recorrido comienza con una vuelta por dentro del pueblo, la que finaliza con un ingreso al cerro por un sendero estrecho con una pendiente muy suave. El ritmo está limitado por los corredores que van más adelante, ya que cualquier adelantamiento se debe hacer saliéndose de la pista. Esta condición culmina cuando nos enfrentamos a una abrupta subida. El grupo cambia su paso de un trote suave a un caminar lento. Yo procuro caminar algo mas rápido, tratando, cuando se dan las condiciones y oportunidades de adelantar a quienes van más lento.

Una vez superada esta subida la carrera se abre, sucediéndose una serie de subidas y bajadas absolutamente trotables. El frío ambiente se ve absolutamente superado por el calor corporal, y un tímido sol comienza a intermitentemente aportar a la temperatura y al brillo del paisaje.

Me mantengo dentro de un grupo de referencia bastante claro y poco compacto, al que constantemente adelanto y me adelanta.
Transcurridos aproximadamente 12 kilómetros visualizo tras una breve subida la planicie de las esculturas, una zona con antenas, torres de alta tensión, y algunas obras que se podrían asimilar a esculturas. De ahí en adelante todo es bajada, la que aprovecho para adelantar a unos pocos corredores más. Salgo al pavimento y enfrento las últimas 3 a 4 cuadras que me separan del parque. Al cruzar la meta la satisfacción del objetivo cumplido es total. Se redujo significativamente el tiempo y se disfrutó de un bellísimo día de deporte…

Andres Reisz

El gusto de volver a Alhué

Esta segunda ocasión de visitar Alhué nos dio nuevamente la oportunidad de reencontrarnos con esa extraña comunidad que somos los corredores de trail. Aquí nos reencontramos con los amigos de los diversos clubes y las diversas latitudes.

En esta ocasión la meta personal era repetir los resultados del año anterior y, dentro de lo posible, mejorarlos; ya sea en sus tiempos o en la sensación final que se tuvo. A este respecto, creo que fue todo un éxito; principalmente por la sensación de haber hecho un esfuerzo más constante a lo largo del circuito, corriendo en sectores que anteriormente se habían tan solo caminado, a la vez que se terminó tanto en lo físico como en lo anímico mucho más entero.

Como el año anterior, nos organizamos para irnos el día anterior, alojando en el mismo hostal donde nos recibieron con idéntica calidez y familiaridad. La entrega del kit se podía realizar ese mismo día viernes lo que permitió una levantada previa a la carrera más pausada y tranquila.

Foto cortesía Solo Running

El nerviosismo era poco, principalmente porque ahora era un circuito conocido, y porque en esta oportunidad el clima había sido bastante más benigno: no hubo lluvia la noche anterior, ni el sol auguraba un día tan caluroso. Es decir, teníamos un día fresco pero no frío, de esos que me encantan para salir a recorrer la naturaleza.

A pesar de que la partida se retrasó bastante, el inicio de la carrera fue bastante ordenado. Primero con su recorrido por dentro de la Villa de Alhué, para luego comenzar el ascenso por los cerros circundantes. La estrategia en esta ocasión era intentar mantener el trote tanto en las subidas como en las demás condiciones, tratando de caminar tan solo en aquellos momentos en que la pendiente fuese muy fuerte o excesivamente prolongada.

Durante la primera hora, es decir, hasta algo pasado el primer punto de abastecimiento, se logró mantener un ritmo relativamente rápido y cómodo, adelantando a varios corredores que en las subidas iban caminando. A partir del punto de hidratación, comenzaba una zona de subidas y bajadas muy corribles, salvo por la atención que se debía mantener en las variantes en el camino, las que por lo general estaban muy bien señalizadas, o en algunas grandes rocas que se interponían en el camino. Esta condición se mantuvo hasta aproximadamente el kilómetro 10 o 12 en que se inició una subida con bastante mayor pendiente que la que recordaba o que había proyectado a partir de la información gráfica.

Está nueva condición implicó una reducción severa de los ritmos los que paulatinamente fueron convergiendo hacia un caminar bastante pausado. Al llegar a la cima, o más bien al punto más alto de nuestro trazado (porque los de 32k seguían subiendo), personal de la organización nos informa que solo quedan 3 kilómetros todos de bajada. Esta información nos da nuevos bríos, y comenzamos a correr en la bajada.

Al ingresar al pueblo nos sentimos bien y felices. Sin embargo, al pasar frente al cementerio, un principio de calambre nos avisa que debemos manejar mejor los ritmos y los esfuerzos.

Un último esfuerzo y enfilamos a la meta. Al cruzarla sabemos que hemos hecho una buena carrera y que el próximo año esperamos estar de nuevo allí… 

Andres Reisz

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El debut en la distancia madre

Esta fue mi primera maratón. Hace 4 años cuando empecé a entrenar nadando jamás me imaginé que iba a correr una maratón. Lo encontraba una locura.

De hecho la verdad me inscribí sin pensarlo mucho, a fines del año pasado estaba entrenando harto por el tema del triatlón en el que me había concentrado, por lo que tomé la maratón como “parte de mi entrenamiento”. Influido además por los muchachos de Andesteam que esta vez se inscribieron “en masa” lo que se puso como un desafío de equipo. Bueno y así fue… Después de correr la última triatlón a comienzos de marzo, recién me enfoqué en entrenar trotes largos, intercalados por la natación. Jorge me decía que no me preocupara mucho, que estaba bien entrenado. Con el fin de los días y se acercaba la fecha, me fui poniendo más nervioso. Llegar a los 35 km 3 semanas antes de la fecha fue una buena idea, un buen apronte, aunque corrí solo ese día.

No me puse una meta tan alta, considerando mi condición dije “3:30 hrs o menos”. Los días previos había calor, salvo por esos días de lluvia a principio de la semana, se auguraba un día pesado en temperatura.

Bueno llegó el día, preparar todo el día anterior como siempre y de madrugar para estar a tiempo. Nos encontramos con los muchachos en la hora propuesta -7:30 – e hicimos un buen calentamiento con Esteban, Rosales, Daniel y Oscar. Ya llegado el momento dijimos aprovechemos la bajada de ponerle más y pasar gente, partimos juntos Oscar se desapareció adelante y nos fuimos con Rosales, Esteban y Daniel.

Ya en el plano fuimos a buen ritmo 4:50 pero la gente te empuja a ir más rápido… Así como me sentí bien ya después del Parque O’Higgins me despegué y me fui corriendo solo “a mi ritmo”.

La verdad me sentí muy bien todo el recorrido, en el km 15 apareció Torres en su bici a apoyar, después Jorge, Seba y Montenegro, gran apoyo “on the road” del equipo.

Iba muy bien hasta el km 30 diría yo, el ritmo de Vespucio fue de 4:30 aproximadamente y creo que fue un poco apurado; ya que iba tan bien dije, a este ritmo puedo llegar en 3:15 hrs, calculaba que en la bajada después del km 32 iba a poder apurar. Craso error: no contaba con el dolor que apareció en todo el tren inferior desde la entrada al Bicentenario que me acompañó hasta el final: creo que ese fue mi famoso “muro”. Así que tuve que bajar el ritmo porque sino no llegaba. En el km 35 había un cartel muy chistoso que decía algo así como “Sonríe, nadie te obligó a estar aquí” lo que encontré muy cierto y por lo demás sirvió de ánimo para lo que quedaba: lo más duro. Los últimos kms se corrieron con cabeza y corazón, 1,5 km antes de la llegada al encajonar estaba Rodolfo M y la Eve, Rodolfo me empujó unos en unos 500 mts de ritmo a 4:00 que fue lo último que podía dar la verdad.

Pasé la meta en 3:21 tiempo total y bueno si bien me había ilusionado con un mejor tiempo durante la carrera, me deja más que conforme! Al terminar un masaje me ayudó a poder caminar digno al metro a encontrarme con Caro y mis niños. Aunque el dolor duró hasta el jueves siguiente, ya se olvidó y bueno, vienen nuevas metas en el futuro!

Agradezco infinito a todo el equipo por el apoyo, al super coach Jorge Acosta, pero más que nadie a mi Caro y mis niños que me apoyan con seguir haciendo estas locuras deportivas que me encantan. 

José Luis Leal

 Galería de fotos Maratón de Santiago 2015.

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Menos a más

La Maratón de Santiago MDS 2015 fue mi cuarta maratón, en 2013 había debutado en esta misma ciudad con mis primeros 42km. Aquella vez mi tiempo fue de 4:04, por lo cual mis recientes 3:31 me dejan bastante satisfecho. La mejora tiene una única explicación, constancia y progresión. Algo que difícilmente se puede alcanzar si no eres parte regular de un equipo de entrenamiento.

Vamos a la carrera. Llegué a esta maratón muy bien físicamente, ningún dolor ni molestia muscular y con la tranquilidad que la experiencia te da. Además, por primera vez, corría con partner, Christian Rosales, con quien compartimos el ritmo hasta el km 32. Correr en compañía es una gran ventaja, te ayuda a marcar el paso, mantener el ritmo y hasta da la sensación de que la carrera se hace más corta. Lamentablemente, y después de tanta grata compañía el muro de los 32 km fue más alto para mí y ya no pude mantener el ritmo. Las piernas, bueno lo que quedaban de ellas, pedían descanso… Pedían caminar!!! Pero mi objetivo de hacer 3.30, o mejor dicho 3.29.59, estaba muy cerca por lo cual seguí dando y dejando todo lo que me quedaba. Faltó poco, 1 min 16 seg específicamente. Tiempo insignificante muchas veces en la vida pero que ese día era un abismo, un océano repleto de tiburones blancos…

Nada que hacer, buscar la meta y levantar las rodillas para alargar el paso, como me gritaba Andrés Torres, quien brindó un valioso apoyo en toda la carrera.

Hablando de apoyo, además de varios integrantes del team que nos siguieron en bicicleta, capitulo aparte merece mi amigo Yuri que me acompañó, también en bici, desde el km 16 al 25 aproximadamente y de Juancho y mi familia que siempre me ve pasar en zona de muro (Luis Carrera y Escrivá de Balaguer).

Una nota final para la reflexión, en la semana post maratón, leí varios comentarios sobre la carrera y la actualidad del running en Chile, uno de ellos me dejó pensando. Últimamente se vive un boom de eventos en diferentes versiones y muchos de ellos de distancias largas… Distancias superiores a los 42km. Todas estas relacionadas al trail que de alguna manera hacen ver la maratón como un paseo dominguero. Ojo, a no confundirse, la dificultad o dureza de una carrera no está solo relacionada con la distancia sino también con el ritmo. Distancia y ritmo son los dos elementos a considerar tal como señala Luis Capdevilla en el siguiente articulo que recomiendo leer (http://carreraspormontana.com/noticias/hasta-donder).

Así que a no marearse, para los aficionados, un 10k en menos de 40 minutos puede ser bastante más meritorio que 50 km caminando y levantando flores por la cordillera.

Hasta la próxima. Vamos por menos kilómetros a mayor ritmo. Y recuerden que correr ayuda. 

Esteban Brufau

 Galería de fotos Maratón de Santiago 2015.

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