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Trichallenge Pichidangui – Sebastian Villarroel

Estas últimas semanas se venían duras con sobrecarga de trabajos, ya que apuntamos en llegar en las mejores condiciones a la Triatlón de Pucón 2015, donde la triatlón de Pichidangui aparecía en mi calendario para ir adaptando la distancia y para conocer y compartir con los amigos del equipo.

El escenario de la carrera según lo que nos habían informado era una natación en el mar bien tranquila, un ciclismo con mucho viento y un trote plano, lo que en la realidad se cumplió en la primera parte de la carrera.

Esta vez en la largada y parque cerrado se apreciaban muchos triatletas lo que personalmente me motiva aún más, durante el calentamiento de la natación con el agua muy fría comenzamos a adaptarnos a la temperatura y a ayudar a Rodrigo Niño en su primera triatlón dándole algunos típs.

Ya en la largada salieron los punteros a un ritmo muy fuerte donde mi ritmo no es el mejor, pero donde me había enfocado en mantener un ritmo y seguir en lo posible al grupo en el cual me sintiera más cómodo, donde fueron 2 giros y una larga transición con escaleras donde alcancé a más competidores.

Realizando una rápida transición al ciclismo pude alcanzar un buen ritmo en el duro circuito con varios repechos y fuertes subidas, lo cual me permite ir alcanzando y recuperando lugares, donde el promedio de velocidad estuvo bien parejo 32 km por hora, considerando las subidas y bajadas con un fuerte viento que movía la bicicleta.

Ya en la última parte del trote salí muy fuerte a correr en un terreno de tierra y bien inestable, donde las carreras y entrenamientos de cerro me jugaron positivamente, ya que logré sostener un buen ritmo durante toda la etapa del trote el cual tenía su dificultad logrando completar en un poco más de 1 hora esta etapa y llegando a la meta con buena energía y satisfecho por mi rendimiento realizando un tiempo de 3:47 horas, ya que esta distancia era nueva para mi y de un circuito que no conocía.

Por último dar las gracias a todos los que me apoyaron y dieron ánimo en la carrera, a Jorge por sus consejos y a los amigos del equipo que nos motivan y acompañan en seguir mejorando en todas las competencias. 

Sebastian Villarroel

 Imágenes cortesía Trichile.

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Altos de Lircay – Jessica Medina

Después de un par de semanas con molestias en el tibial izquierdo, tenía muchas dudas sobre correr los 28k del Circuito Trail Running de Latitud Sur Expedition en Altos de Lircay. Pero lo habíamos planeado con demasiada antelación para cancelar a última hora, de todas formas ¿qué era lo peor que podía pasar? ¿Ir más lento de lo habitual?

Salimos de Santiago el viernes en la tarde y llegamos como a las 23:00 hrs al Refugio, apenas a 100 mts de la línea de largada. Al comenzar a reunir las cosas para el día siguiente noto que mis compañeros vienen mil veces más preparados y me pongo nerviosa, para rematar se me quedó el seguro de la bolsa de agua de modo que debo improvisar con un par de botellas en mi mochila. Me voy a dormir un poco desanimada, pero cansadísima, me duermo rápido.

En la mañana apenas ver el resto de los corredores y el bello entorno que nos rodea aumenta mi adrenalina. En el calentamiento noto los músculos un poco tensos, pero no me preocupa, al menos la pierna no me duele.

Dan la partida y todo el mundo sale muy rápido adelantándome. Yo prefiero ir a un ritmo que pueda mantener, aunque vaya más lento, porque quedan muchos kilómetros.

Antes del km 2 tengo ambos pies acalambrados. Sin embargo, los calambres en la planta del pie me son habituales, sigo tranquila pensando que de a poco y a medida que avance se irán disipando.

Subo a paso cauto, pero esforzado. En el km 6 el primer puesto de agua y recién noto que ni he tocado mis botellas, tomo un vaso de isotónico y sigo subiendo hasta que en el km 7 y medio un calambre fuerte en la pantorrilla me bota al piso. Todavía no estoy ni remotamente fatigada de modo que el exceso de calambres en apenas el inicio de la carrera probablemente se deba a fallas en mi dieta, sobretodo falta de hidratación. Pienso en eso y tomo el primer sorbo de mi mochila y un par de gomitas por si acaso. Otro corredor que me adelanta amablemente me ayuda ponerme de pie, estirar y retomar porque siento las piernas cada vez más tiesas.

Avanzo con pasos cortos, pero fuertes, tratando de mitigar los calambres que ya suben por los muslos, cuando un corredor mayor me pasa y me aconseja: “… apoya los talones, eso te ayudará con los calambres en la planta del pie”. Y tiene razón, aunque mis piernas siguen tiesas puedo avanzar mejor de esa manera.

Salgo del bosque de la reserva para iniciar el ascenso a la cima donde el sol pega fuerte. La vista es maravillosa. Pienso que si voy a ir despacio al menos puedo sacar un par de fotos. Calculo que no estaré de vuelta antes de 5 horas, de modo que guardo el único gel que me he conseguido para cuando llegue a la mitad del recorrido.

Subo lento, pero sin parar. Arriba, pasado el km 10 hay nieve y una hermosa vista de los volcanes. Me animo, saco unas fotos y dos corredores me adelantan deslizándose por la nieve. Guardo mi teléfono y los sigo rápido para no quedar atrás. La nieve me parece la mejor parte, y aunque resbalo en tramos el impulso hace que aumente la velocidad. Me parece que el esfuerzo de la subida, no se compara con la tremenda vista y sensación de inmensidad de estar acá arriba. Por primera vez en todo el camino y pese a que entre los tramos de nieve hay pequeños ascensos rocosos, adelanto corredores y acelero.

Apenas siento la distancia entre los kilómetros 10 y 14, pero casi llegar al 15 apoyo mal el pie y ahí viene, otro calambre fuerte en la pantorrilla, al piso otra vez. Me levanto rápido, abro mi único gel y trago un sorbo de agua. Miro mis botellas, y además del vaso de gatorade en el punto de hidratación todavía no alcanzo a vaciar una botella de 500 ml. ¡Qué malos hábitos los míos! Ni siquiera ahora que voy full acalambrada recuerdo tomar más líquido. Decido terminar al menos lo que queda en la botella antes de seguir.

De este punto en adelante el camino es mayoritariamente bajada, así que acelero. Está claro que mis piernas decidieron no soltar hoy e ir acalambradas hasta el final, mientras antes llegue a la meta, mejor será. A esta hora mucha gente va subiendo, saludando y dando ánimos. Avanzo largo rato sola y me topo apenas un par de corredores, una chica que se ha torcido el tobillo y otro que camina cansado.

Me detengo apenas un minuto en el puesto de hidratación por un plátano y un par de vasos de agua. Desde el km 17 el dolor en el tibial ha vuelto y siento palpitar la pierna en cuanto me detengo. Me concentro en seguir trotando toda la bajada porque mientras más lento me vaya, más tiempo prolongaré la carrera y no sé cuánto más aguante los calambres.

Km 22, 23,24. Solo quiero llegar y el sendero tiene mucho ripio suelto. Tengo las piernas fundidas y me voy dando ánimos en voz alta, total no hay nadie cerca. Calculo que, a esta hora, mis compañeros del team ya llegaron y que a mí me falta poco. Los últimos km son eternos, pero cuando veo que mi reloj marca el 27 sé que en cualquiera de las próximas curvas estará la meta.

Un par de chicos que sube me grita que quedan 200 metros, acelero con ganas y paso un último par de corredores que no había visto en todo el camino. Llego a la meta y sigo de largo hasta el refugio. Necesito poner las piernas en agua fría porque el tibial izquierdo me arde con fuerza, apenas me detengo los calambres en la pantorrilla y muslos se acentúan y agradezco estar de regreso.

¿Que aprendí esta vuelta? Que mi entrenamiento debe ser integral, y que si no logro concentrarme en algo tan básico como hidratarme bien previo a la carrera, difícilmente lograré mejorar o alcanzar mis objetivos.

De todos modos termino feliz, porque este recorrido fue particularmente lindo, y porque logré llegar segunda en mi categoría (aunque la primera me haya ganado lejos) y obtener mi primera medalla, cuando hace apenas dos años atrás no habría imaginado que era capaz de completar un circuito como este. 

Jessica Medina

 Galería de fotos Trail Running Altos de Lircay by Berghaus.

 Imagen principal gentileza Paolo Avila.

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Corrida Santander Techo – Jesus Figueroa

Esta vez tocó sufrir.

Con una oferta tan amplia de carreras este año, se me juntaron dos a las que quería ir pero en fechas muy cercanas. Viña me tincaba mucho y el esfuerzo del traslado junto al trazado merecían correr 21km. La Santander, que se corría la semana siguiente, fue la primera carrera en la que participé por lo que tiene una connotación especial para mi y tocaba además subir la vara, sino sería mi tercera vez corriendo 10km.

Al principio la lógica hizo que el plan no sonara bien pero luego me pareció un buen apronte para los 28km del trail de Lircay que pretendo correr a inicios de noviembre. Más tarde supe que Rodrigo Niño también haría “el doblete” así que terminé de animarme.

La carrera que congregó más de 8.000 personas mostró los elementos de todo gran evento: ambiente, animación estruendosa, mucha gente en la calle, auspiciadores, etc, pero noté un par de cosas que deben mejorar: la disposición en que pusieron los baños fue fatal. Había una cola larguísima. Las distancias cortas deberían largar al final. Y la partida debería ser más temprano.

Cerca de las 9.30 partimos junto a los de 5 y 10km. Nuevamente quedé bien atrás por lo que tarde casi 3 minutos en llegar a la partida.

La subida de Santa María es siempre pesada, más aun con el sol pegando de frente. Como me había propuesto tratar de igualar el tiempo de Viña, traté de mantener un ritmo un poco exigido.

Quizá eso me jugó en contra. Sumado al calor y a la exigencia acumulada.

La bajada por Los Leones costó. Comencé a sentirme agitado. De hecho cuando cruzamos Simón Bolívar, pasó por mi mente la idea de irme a la casa de mis padres que viven cerca de ahí. Borré rápido la idea. No llevaba ni 10 kms y aún tenía ánimo… Aunque se estaba esfumando con cada paso.

La bajada por Macul, ya más tapada por arboles me calmó un poco. Pero no pude acelerar.

Cuando llegué a Rodrigo de Araya, cerca del km 13, empezó la parte mas difícil para mi. Ya no quería más.

Que efectiva puede ser la mente a veces. Quería parar. Fue difícil luchar con la voz interna que decía, más fuerte que de costumbre, que no quería volver a pasar por esto. No iba bien y la situación no mejoró. Pero había que soportar.

Ya avanzada la mañana y mientras pasaba por Vicuña Mackenna había mucho auto y los bocinazos ya eran agresivos. Claro, en unos minutos se jugaría el clásico y la gente quería llegar.

En Santa Rosa llegando a Santa Isabel, un poco agobiado por el calor comencé a ver la luz. No quedaba mucho y si bien no pude correr mas rápido, sí conseguí no bajar demasiado el ritmo.

Costó… Más de la cuenta. Llegué en un poco más de 1:47 hrs. Nada mal en mi estándar, pero fue a un precio alto.

Rescato la lección ganada respecto de escoger bien las batallas y la oportunidad que tuve de “entrenar” la mente al haber seguido sin rendirme a pesar de que esta vez haya tocado sufrir. 

Jesus Figueroa

 Imágenes gentileza Runchile.

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Maratón Internacional de Viña del Mar – Jesus Figueroa

Las preocupaciones. Todas las tenemos aunque a algunos nos afectan de manera distinta que a otros. A mí, por ejemplo, me atacan el estómago.

Estos días no he estado libre de ellas y buscando un relajo empeoré las cosas. Resulta que un estómago apretado no recibe bien ciertas comidas y bebidas. Cosa que comprobé el jueves por la noche, pagando los platos rotos el viernes antes de la carrera. Estuve complicado. Incluso fui al doctor pensando que era apendicitis. Por suerte no, “sólo” una gastritis agravada por mi colon irritado.

Comento esto porque mi participación en esta carrera se vio afectada por este hecho. Para bien y para mal. Pero al final de cuentas con balance más que positivo.

Afectó para mal porque la recomendación médica era no correr y el sentido común decía lo mismo. Pero ya tenía todo listo: inscrito hace meses, el departamento arrendado, mi familia lista, la de mi hermano también. Así que decidí correr igual, pero con precaución.

Viña es muy lindo y correr por su borde costero es un privilegio. Además, ese fin de semana estuvo precioso y en particular el domingo amaneció más que agradable para correr.

Los de 42k fueron los primeros en partir a las 7:30 hrs. Nosotros, junto a los de 10k partimos a las 8:00 hrs (excelente horario). Había mucha gente, y se notaba aún más por lo angosto del espacio del encajonamiento. En un paisaje que solo se ve en estas carreras masivas un caudal de poleras naranjas tiñeron Borgoño encaminándonos hacia Valparaíso.

Al comenzar tenía buenas sensaciones, aunque iba con preocupación de sentirme mal por un súbito dolor de estómago o tal vez por estar aún deshidratado, así que seguía corriendo sin exigirme al máximo. Todo esto mientras disfrutaba de la vista de la playa, de la batucada, la banda de naval y del ambiente en general.

Ya por Jorge Montt comencé a ver a los primeros de 10k en venir de vuelta después de girar en la rotonda de 15 Norte. ¡Qué rápidos! Yo aún no llegaba al cuarto kilómetro. Solo en Lima había corrido un circuito en el que enfrentas a los que ya vienen de regreso. Es en cierta manera un golpe para la mente… A ellos les falta menos. Pero por otro lado, de alguna manera te sientes parte de su hazaña.

Pasados los primeros 5 km y el primer punto de hidratación converso con un señor que me dice que estos son sus quintos 21k del año y que espera hacer menos de 2 horas. Yo le respondo que va bien, que vamos a muy buen ritmo. Y de pronto le tomo el peso a la situación, ¡Vamos a un muy buen ritmo! Y voy hablando sin mayor dificultad y sintiéndome muy bien. “Nos vemos” le dije. “Dale, yo voy bien para mi categoría”, me responde y yo le grito de vuelta, “yo no en la mía”. Y claro, para mi categoría iba leeento, pero para mí estándar iba bien, mejor de lo planeado.

No me entusiasmé, solo aceleré un poco. Pero la preocupación comenzó a irse. No podía ser de otra forma, la vista ayudaba: pasaba frente al casino (donde comencé a ver en sentido contrario a los punteros de los 42K y un poco detrás a Gustavo Jofré), crucé el puente sobre el Marga Marga, luego pasé por el Sheraton Miramar, luego por el reloj de Viña, todos lugares muy lindos. Me sentí afortunado de estar ahí corriendo.

En Avenida España el sol empezó a calentar. Por suerte no por mucho tiempo. Unas nubes y la brisa mantenían fresco ese tramo, lo que se agradecía porque nos enfrentábamos a unos pequeños desniveles que igual te comen las piernas.

Más adelante, me parece que en el kilómetro 8, me crucé con Sebastián. Venía concentrado por lo que no creo que haya distinguido mi grito de aliento. Excelente carrera la de él. Gran rendimiento también de Rosales y Niño a quiénes vi antes del regreso con cara de estar dándolo todo.

Después del retorno que para nosotros estaba entre el kilómetro 9 y 10 (los de 42 seguían hasta la Universidad Federico Santa María) seguía bien. Cansado, por supuesto, pero no agotado. Quedaban energías para deshacer el camino.

El regreso fue más duro, obviamente, ya que empieza la batalla con la mente. Y no solo lo notas tu, lo ves a tu alrededor. Ves como quienes corren en grupo alientan al que se va quedando atrás y como otros parecen apretar los dientes y seguir.

¿Qué positivo me trajo mi inoportuno achaque estomacal? Bueno, la reflexión respecto de uno de sus orígenes, las preocupaciones. Me di cuenta como incluso en el planteamiento de esta carrera estaban ahí estorbándome, haciendo que me preguntara si estaría bien correr, si era bueno llevar un ritmo lento o rápido. En fin…

Dos hecho concretos vinieron a mi cabeza. Uno, estaba disfrutando la carrera y mucho, más allá del paisaje, lo estaba pasando bien. Y dos, a pesar de todo estaba haciendo mi mejor carrera en esta distancia.

Esto último no es casualidad. He mejorado, lo noto. También lo veo en mis compañeros de equipo. El entrenamiento, los consejos del coach y la constancia de estos meses han tenido efecto. En lo mental y en lo físico.

Antes de terminar tuvimos que pasar por el lado de la meta lo que sicológicamente es un golpe. Había que seguir varios metros más y luego devolverse… Uff pero ya estaba ahí.

Terminé en 1:43, mi mejor tiempo hasta el momento lo que me dejó más que contento.

Espero poder aplicar lo que aprendí en mi día a día. Preocuparse es bueno hasta cierto nivel porque estas alerta y te movilizas cuando debes, pero hay que manejar la línea en que ya no es sano.

Pasada esa línea solo queda confiar en el trabajo que hiciste y en las horas invertidas preparándote y, claro, disfrutar del camino. 

Jesus Figueroa

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Maratón de Buenos Aires – Esteban Brufau

Una marca de 3hs 38 que me deja sensaciones mixtas.

La lógica se impone. ¡Así es! Si durante los entrenamientos nunca mantuviste un ritmo de 4.50 por km por intervalos largos, ¿por qué el día de la maratón lo podrías hacer? La mística del ambiente ayuda, y mucho, pero no te hace 15 segundos mas rápido durante 42K. Eso fue lo que me pasó en la Maratón de Buenos Aires.

El entusiasmo por correr en la ciudad de la furia era grande, mmm… yo diría muy grande. Viví en Buenos Aires algunos años y muchos recuerdos tienen raíces en esta enérgica ciudad que difícilmente pasa desapercibida. Ciudad que va del orgullo a la vergüenza en una vuelta de esquina y sin avisar.

Si además, a esto le sumas que iba acompañado de un primo hermano, en realidad más hermano que primo, el combo emocional era fuerte.

Pero, el contexto anímico no lo es todo. Por algo hay que entrenar disciplinadamente al menos 3 a 4 meses y varios días a la semana sacrificando familia y happy hours. En mis dos maratones anteriores siempre fui conservador y lograba realizar una carrera de menos a más, lo cual te permite usar mejor el estanque de energía y disfrutar bien la carrera. Esta vez, fue de más a menos, y bastante menos. Mi ritmo promedio fue de 5.06, muy en línea con el ritmo que buscaba aunque con una amplitud demasiado grande, muy superior a lo deseado, pasé de 4.44 en el kilómetro 13 a 5.40 en el kilómetro 40. Mis piernas aguantaron bastante bien el ritmo hasta el km 25, luego comenzaron a abandonarme lentamente, se pusieron más pesadas y tuve que poner a trabajar la cabeza para persuadirlas de que mantengan el ritmo exigente debajo de los 5 min. Podría decir que del km 0 al 25 fue pura piernas, del 25 al 34 mucha cabeza y luego cuando ya no quedaba mucho puse corazón a morir… Las piernas se habían ido. Se cumplió mi hipótesis del PiCaCor, piernas, cabeza y corazón, ingredientes claves y necesarios en ese orden para completar estas carreras largas.

No obstante los desafíos de la carrera, el paseo turístico no deja de ser muy atractivo. Los bosques de Palermo, la Av Libertador, el monumento a los Españoles, la 9 de Julio, el Obelisco, Av Corrientes y sus teatros, el imponente edificio de la Aduana, la Casa Rosada, la Catedral, Av de Mayo, la Bombonera, Puerto Madero y nuevamente Palermo completan un tour que la vale la pena recorrer.

La organización, algo austera. Creo que la de Santiago tiene más color.

Ahora, el asado con fernet post maratón que me comí bien se merece un relato aparte… Para la próxima.

Nota adicional para la reflexión: hay un grupo de runners en Argentina que se llama “Correr ayuda”, muy cierto, no? Completa la frase como mas te parezca: Correr ayuda a …. 

Esteban Brufau

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Triatlón Rapel – Sebastian Villarroel

Esta fecha del triatlón de Rapel se me presentaba como un fuerte desafío personal, ya que en las últimas versiones no llegaba muy entrenado o por lesiones no me lograba acomodar, más encima en la última competencia que fue Puerto Velero no había terminado la carrera así que tenía que dejarlo todo.

En la primera largada del día me tocó competir lo que fue muy atractivo, por la cantidad y calidad de los triatletas, donde el objetivo era andar a fondo durante todo la carrera. En un comienzo la natación estuvo bastante dura, ya que salieron a un ritmo muy fuerte y no pude aguantar el ritmo, saliendo con algunos minutos de desventaja, en el ciclismo le di con todo descontando tiempo y alcanzando a otros grupos, donde alcancé buenas velocidades y a un ritmo parejo. Con un transición rápida salgo a correr con toda mi fuerza donde el circuito se me hizo muy corto y pude dar alcance a varios de mi categoría y casi alcanzando al grupo de punta, llegando a la meta con 1:03 horas, la cual es mi mejor tiempo personal en la distancia sprint.

También esta competencia fue muy grata ya que varios amigos del equipo se encontraban compitiendo y nos íbamos apoyando durante el circuito.

Por ultimo mencionar que se van alcanzando objetivos pasó a paso apuntando a Pucón 2015, donde quedan varias competencias las que me motivan a seguir entrenando de manera constante y fuerte. 

Sebastian Villarroel

 Galería de fotos Triatlón Rapel.

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