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3° fecha #Aculeo …y no llovió

El sábado pasado participé, como vengo haciéndolo desde hace 3 años en forma ininterrumpida, en la tercera fecha de la Vuelta a la Laguna de Aculeo. En esta ocasión el pronóstico del tiempo la semana anterior advertía que podríamos tener lluvia. Esto me llenaba de esperanzas pues nunca he realizado la vuelta bajo esas condiciones. Pero no llovió… Incluso tuvimos un día con una temperatura bastante agradable, que vario entre nublado y de a ratos un solcito tímido y acogedor.

En esta ocasión, al igual como lo había hecho para la primera fecha, me acompaño mi hija Dafna, la que desde hace meses me pedía volver a correr esta prueba tan entretenida.

Luego de tomar desayuno, partimos junto a  Mauricio Quintanilla de Corredor Promedio hacia la Laguna con tiempo para retirar nuestros kit y conversar con los grandes amigos de la Cofradía.

Minutos antes de la largada encajonamos, lo hacemos bastante atrás. Escuchamos la tradicional arenga de Rodrigo, con su saludo a los nuevos y sus instrucciones sobre cómo se debe realizar la prueba. Antes de partir, guardamos 1 minuto de silencio por una corredora que murió el fin de semana anterior en el baleo del Casino Monticello.  Cuenta regresiva,…. 3,2,1… Partimos.

Salimos últimos, esquivando algunas posas y chapoteando en el barro que nos acompaña durante los primeros kilómetros.  Vamos a nuestros ritmo, cómodos y felices. Dafna se mantiene algunos metros más adelante, disfrutando de este regreso con sensaciones tan distintas a las de la primera vez (recordemos que esa fue en Marzo con sus calores y sequedades).  Lentamente vamos alcanzando a los que nos anteceden y los vamos superando.

No hay apuros ni ansiedades. Cuando casi llegábamos a la cima de la subida del kilómetro 4 nos encontramos con Luis Arce y Arturo Sánchez. Como humorada y demostración de lo que es esta carrera posamos para Corredor Promedio corriendo de la mano.

Luego cada cual sigue a su ritmo. En barro va disminuyendo, y las pozas ya no son problema. Un camino húmedo y compacto es lo que nos acompañara mayoritariamente durante el resto del camino de tierra. Dafna se mantiene adelante, y de a momentos llega a alejarse cerca de 200 metros o quizás más, luego modera su ritmo permitiendo que le dé un poco de alcance.  Se nota que está disfrutando… “como chanchito en el barro”.

Al llegar al asfalto consumimos un primer gel. Ya llevamos a varios corredores detrás nuestro y nos sentimos muy bien. Al llegar al puesto de abastecimiento en el kilómetro 15 hacemos una pausa para tomar un poco de hidratante y comer plátano.  Rápidamente retomamos el trote y nos dirigimos al siguiente hito de la vuelta: El puente Pintué.  Circulan bastantes autos y eso me pone algo nervioso,  algo más considerando que Dafna nuevamente se ha adelantado bastante.

Entre los kilómetros 18 y 19 nos encontramos con Mauricio Quintanilla que como habitualmente comienza a acompañarnos. Conversamos y comentamos lo agradable que ha estado el día.

Los kilómetros se disfrutan, y por eso mismo transcurren rápidos. Casi sin darnos cuenta ya estamos en Rungue, nos falta esa última subida y estaremos llegando.  Dafna se deja alcanzar y nos dice que está un poco cansada. Cuando le contamos que ya estamos llegando retoma su ritmo y se aleja nuevamente.

Volvemos al camino de tierra.  El barro nos saluda y lo disfrutamos… Entrar al camping, enfilar hacia la meta y elevar los brazos… hemos completado un nuevo desafío.

Allí nos esperan las delicias de la Cofradía: Un vino navegado preparado por Ricardo Gómez (padre) y Arturo Sánchez (padre), nuestros héroes del running y la amistad. Y las tradicionales hamburguesas.  Esperamos hasta el último corredor celebrando su llegada porque todos somos ganadores.  Y luego los aplaudimos cuando se realiza la premiación de las categorías.

Vivimos y compartimos un día maravilloso… un día que esperamos repetir en un mes más cuando participemos de la última fecha del año de nuestra Vuelta a la Laguna de Aculeo.

 

Andrés Reisz – Socio Andesteam

Desafío Poqui – Los Misterios #TrailRunningDoñihue

El sábado recién pasado, 1 de julio,  participe en una prueba que convino varios de los grandes atractivos que puede tener el Trail; una prueba desafiante, un paisaje hermoso y una buena causa para estar allí.

El Desafío Poqui – Los Misterios es una prueba en formato travesía que se inicia a los pies del cerro Poqui,  bajando por el cerro Los Misterios y finalizando en la Plaza de la comuna de Doñihue, organizado a beneficio de los hermanos Olguín, para que puedan participar en los 330k de Tor de Geants 2017.

En esta aventura participé junto con mis amigos Jessica Medina y Mauricio Quintanilla con quienes viajamos juntos desde Santiago temprano en la mañana. Allá se nos unió Luis Concha con lo que completamos el equipo Andesteam.

El día había amanecido muy frio pero con un pronóstico de más de 20 grados, por lo que el vestuario tuvo que tener esto en cuenta.  Considerando la distancia y la altimetría informada, y los puestos de hidratación ofrecidos, llevaba algunos geles y barras de proteína y la mochila a media carga con Isorade.

Luego de retirar el kit en el gimnasio municipal, nos subimos a los buses que nos llevarían al punto de partida. La primera novedad fue que debido a las condiciones del camino, el bus nos dejó a como un kilómetro de la partida por lo que debimos caminar aprovechando de realizar un primer precalentamiento.  Cerca de las 10 de la mañana se nos entrega la charla técnica con un panorama de lo que debemos esperar encontrar por el camino.  En términos simples tenemos una primera parte en la que luego de una breve aproximación a los faldeos del cerro Poqui enfrentaremos una fuerte pendiente que en aproximadamente 4 kilómetros nos llevara de los 300 a los 1100 msnm. De allí continuaremos con un recorrido mayoritariamente ascendente hasta el kilómetro 10 donde encontraremos el primer puesto de hidratación a unos 1300 msnm.  A partir de ese punto todo debería ser bajar por los siguientes 9 kilómetros, para llegar al pueblo y recorrer algo más 1 kilómetro por asfalto para terminar en la Plaza de Armas de Doñihue.

Terminada la charla se da la largada.  Parto con calma pero a buen ritmo. Me encuentro con un camino con bastantes piedras y erosión, húmedo por las lluvias de las semanas anteriores, pero con una vegetación frondosa y bella. Luego de avanzar 2 kilómetros decido sacar los bastones para apoyar el avance y reducir el esfuerzo sobre las piernas. El sendero ya ha comenzado a ascender, y transcurre dentro de cursos erosionados por el agua, los que pueden variar entre 1 y 2 metros de profundidad. La tierra se siente húmeda pero por lo general no es barro, por lo que no cuesta tener una buena tracción en nuestros pasos. Esta estructura de la ruta nos acompaña hasta casi llegar a la cima del Poqui.  Ahí se nos abre el paisaje de la zona central en todo su esplendor.

Nos vemos rodeados de una vegetación dominada por los arbustos autóctonos de la zona: Espinos, Quebrachos, Boldo, Litre, y Colihue.  Los senderos están bien marcados, pero son estrechos y están bastante cubiertos por la vegetación, que por decirlo poéticamente nos acaricia las piernas, e incluso más arriba.  Siento que los kilómetros pasan demasiado lento. Procuro aprovechar cada oportunidad para trotar un poco, sin embargo, lo estrecho y accidentado no permiten mucho.  El marcaje con cintas azules produce dos efectos: Por una parte, las cintas contrastan contra la vegetación o el color del suelo. Sin embargo, cuando alguna de ellas se mira desde abajo, se pierde en el cielo.

Cuando ya nos acercamos al kilómetro 9 nos cruzamos con una persona de la organización quien nos consulta por nuestro abastecimiento de agua, y nos previene que en el punto de hidratación este se ha agotado, por lo que sugiere manejar nuestras mínimas reservas con discreción.  Considerando todas las condiciones esto es bastante difícil, pero se hace el esfuerzo.  Un poco más de un kilómetro más adelante nos encontramos con el puesto de abastecimiento en el que se encuentra mi amiga Leslie Andrea (la Chiky), quien con su amplia sonrisa nos da aliento. Finalmente hay agua de la que trato de beber bastante.  Realmente es un jugo aguado, que más allá de la recuperación de líquido no aporta mucho a la perdida de sales o energía. No importa, algo es algo y “peor es mascar lauchas” como dicen en el campo.  Además hay unos trozos de manzana, los que engullo con avidez.

Comienza el regreso, el descenso, lo hago con Dominga Oteiza, con quien nos hemos estado siguiendo desde hace un rato. Marco la ruta y ella me sigue. Cada cierto rato nos acercamos y conversamos un poco. Algo mas allá nos encontramos con Mauricio Quintanilla que saca fotos para Corredor Promedio, quien se nos une y acompaña.

El descenso esta algo más despejado. En una primera parte, la ruta es algo más amplia y con menos ramas cortando el paso. Sin embargo, ahora es el barro el que nos empieza a acompañar, especialmente en la zona más baja. Se buscan alternativas para sortear las partes más resbalosas.  Poco antes de llegar al segundo (y último) punto de hidratación, en una bella bajada con pastos verdes, paso a llevar una ramita de espino. Las espinas atraviesan la zapatilla y hieren mi pie obligándome a detenerme y retirar las espinas que se habían quedado pegadas.

Ya en el puesto bebo algunos vasos más de jugo (esta vez muy sabroso), y comienzo la zona final de la prueba por el asfalto. No me siento del todo bien. El calor, el esfuerzo y la falta de líquidos han hecho mella en mí. Camino y troto alternadamente ese último kilómetro, la verdad es que no producirá ninguna diferencia en el resultado final me digo para mí mismo. Cruzo la meta cuando ya han retirado toda la infraestructura. Cansado pero feliz.  Me reciben las sonrisas de Chiky y Dominga… y un vaso de Coca Cola helada….

En resumen tuvimos una bellísima y dura carrera, en que gozamos y sufrimos con las caricias de la naturaleza, de las que nuestra piel tiene recuerdos. Nos acompañó un día soleado que ilumino un paisaje glorioso.  A pesar de los problemas con la hidratación, fue una prueba casi redonda.  No nos queda más que agradecer la invitación y esperar que en el futuro nuevamente tengamos ocasión de visitar los cerros de la sexta región.

Andrés Reisz – Socio Andesteam

Experiencias inolvidables #TorrencialValdivia

A diferencia del resto de los corredores de trail y como tuve que hacer una pausa forzosa de un año, por una lesión rebelde, cuando apenas empezaba a explorar las distancias largas en cerro, nunca había escuchado de Torrencial Valdivia antes de febrero de este año. Pero a ocho meses del alta y sintiéndome en perfectas condiciones me pareció que era hora de renovar mis desafíos.

Barajando todos los ponderables; meses de entrenamiento, lucas y permisos de trabajo disponibles, me puse a buscar en Google un desafío con una buena dosis en inspiración, esfuerzo y adrenalina con escenario en el sur de Chile.

Puntos extra sólo por el nombre, Torrencial Valdivia fue uno de mis candidatos finalistas, sin embargo lo que me hizo tomar la decisión definitiva fue que estrenaban en 2017 una nueva modalidad de aventura llamada “Travesía Torrencial” que constaba de 2 días de competencia, 25 y 20k respectivamente, que incluían paseo en Catamarán por un precio super razonable y en un fabuloso escenario natural: la lluviosa selva valdiviana en la Cordillera de la Costa.

Decidida a asistir, y aunque lo habría hecho de todos modos sola, decidí buscar un partner que me acompañara no sólo en el viaje, sino en el circuito elegido. Así, mi amiga y compañera de equipo Magaly Castillo se entusiasmó también y antes de 3 días ya teníamos la inscripción, los tickets de avión y la reserva del hostal ¡Nos íbamos al Sur en junio!

 

Travesía Día 1

Había llovido toda la semana en Valdivia y aunque el pronóstico para el sábado indicaba que lo haría después de mediodía, el sendero debía estar cubierto de mucho barro. Salimos bien abrigadas y equipadas, y con la cuota de nerviosismo que implica enfrentar una carrera de estas características para un par de inexpertas en los bosques del sur.

Largamos a las 9.00 hrs  con mucho frío y viento desde la playa de Pilolcura hacia los cerros. Antes de completar 3 kilómetros en ascenso hemos cruzado 3 riachuelos sin puentes y se ha puesto a llover. Somos pocos y hay muchas curvas. Los senderos casi inexistentes, pero muy bien demarcados con cintas rojas, se pierden entre la vegetación espesa así que apenas nos vemos, por largos trechos siento que voy sola y disfruto la lluvia que me empapa cada vez con más fuerza.

El ascenso largo, pronunciado y con mucho barro hasta el primer PAS donde noto que voy cerca de otros 3 corredores. Miro la mesa y hay tantas cosas, que no sé que probar. Muerdo 2 naranjas y un par de cubitos de queso y parto apenas lo hacen los demás pensando que si no subo el ritmo, tendré que dormir en el bosque.

Trotamos un rato por un sendero amplio y volvemos a internarnos en la vegetación espesa empezando el descenso. El entorno es tan hermoso que pienso que me encantaría tomar una fotografía, pero llueve torrencialmente y no quiero dañar el celular. Pienso que de todos modos los paisajes no se borrarán de mi retina y sigo bajando con rapidez hasta que se me cae una bolsa de la mochila, y aunque no quiero retrasar el paso, el bosque está tan limpio y hermoso que sería pecado dejar basura.

No creo que haya tardado más de minuto y medio en volver, abrir la mochila y guardar todo en el bolsillo, pero me quedo sola otra vez. Procuro ir atenta a las cintas rojas para no perderme y entonces por un costado diviso un río y veo más lejos a unos corredores internarse en un bosque.

Llueve con mucha fuerza y sin chaqueta con gorro (en lo que claramente fue una decisión errada) el pelo empapado me enfría  la cabeza.

Ahora cruzo un largo plano, un puente, un río y una pradera con tanta agua que parece pantano. Después del largo descenso, el plano es agotador, sobretodo porque debo levantar mucho los pies para sacarlos del agua, y aún así me mojo y embarro hasta la rodilla, sin embargo logro mantenerme en pie.

Me pesan los muslos de sobremanera, todavía tengo energía de sobra, pero me faltan piernas. Sigo corriendo.

El siguiente PAS está igual de bien abastecido y me encuentro otra vez con los corredores que me adelantan y otros que vienen más atrás. No tengo hambre ni sed, pero muerdo otra vez un par de naranjas, queso y un dulce de manjar.

Según el mapa de altimetrías de la carrera, no deberían quedar subidas pronunciadas como la de la partida, pero el cansancio es traicionero. Avanzo por la pradera mojada entre una neblina que espesa y oscurece el entorno y entonces entro al bosque. Un bosque de árboles gigantescos e imagino que milenarios, todo está oscuro. Ahora quedamos más protegidos de agua (da lo mismo porque ya estoy goteando desde la cabeza a los pies) y comienza otra vez la subida.

Tengo los muslos fundidos, me arden, y voy tan despacio que empiezo a congelarme. Miro el hermoso bosque y recuerdo que estoy aquí porque quiero, porque esto es lo que me gusta y me río sola, respiro profundo, y pienso en tragarme el aire del sur para volver con él a Santiago. Se que nunca me voy a olvidar de esta ruta.

Saliendo del bosque me encuentro con un fotográfo en medio de una copiosa lluvia que me dice que falta un kilómetro, en descenso, y aunque después descubro que es más, bajo feliz. Ya tengo una pequeña puntada en el lateral de la rodilla derecha y necesito parar.

Casa Mans al fin. Otro fotógrafo, el control y mi ropa seca de cambio. Todos aplauden. Yo estoy sonriendo feliz, pero pensando: Al fin!! Fueron 4 horas 19 minutos. Estoy exhausta.

Ahora esperar que lleguen todos y de vuelta a Valdivia en el Catamarán. Embarcación calefaccionada con comida caliente (y mucha comida por lo demás), donde todos ya secos, narran sus experiencias en la ruta y se aprontan para el segundo día. Yo nada más quiero dormir. Pasadas las 17.00 horas desembarcamos de regreso en Valdivia.

 

Travesía Día 2

He dormido como un tronco. Luego de la ducha, no he podido ni comer y antes de las 9 he caído en los brazos de Morfeo en un sueño profundo. Despierto sobresaltada con el reloj a las 06.00 am y nos arreglamos rápidamente para partir al muelle.

El sueño y el nerviosismo hacen que deje mi número y chip en el hostal. Vuelvo corriendo mientras Magaly avisa a la embarcación. Menos mal estamos cerca, en 15 minutos estoy de regreso y de paso he calentado mucho antes de la partida.

Desayunamos galletas y té a bordo, y luego de las fotos de rigor, música para empezar a prender. Hoy llueve mucho más suave que ayer y, lección aprendida, me he puesto el cortavientos con gorro.

A las 9.00 volvemos a largar entre la neblina y una llovizna suave. Noto al poco andar una leve molestia en la rodilla, y confio en que se quede así. Sé que es sólo el sobreesfuerzo. Vamos por otro sendero distinto y hoy nos encontraremos con los corredores de 63 y 45k en la ruta.

La lluvia para y comienza a despejar. El paisaje increíble y con senderos mucho más definidos del Parque Oncol es bastante amigable. Parto lento y cauta por el barro, hay muchísimo y está muy resbaloso, pero empiezo a ganar energía y ver a los punteros de las distancias más largas a toda velocidad me da nuevos bríos. Avanzo a ritmo irregular por la rodilla. Cuando me estreso por la situación, recuerdo otra vez que estoy aquí porque elegí esto, abro los brazos y respiro profundo el bosque. Recuerdo también que el doctor dijo que mi tolerancia al dolor era increíblemente alta, así que una pequeña puntada no me va a detener. Me fuerzo a ir más rápido en las bajadas ¡Siempre he amado los descensos! De a poco mi pierna se calienta y la molestia es casi, casi imperceptible.

El sol le da nuevos colores a la vegetación. En el segundo PAS me saco el cortavientos y lo guardo en la mochila, 2 quesos y vuelta a partir. No sé si el queso tenga alguna utilidad real, pero es lo único que tengo ganas de comer. Me siento con mucha energía esta mañana y hay muchos corredores en la ruta.

El sendero por la selva valdiviana, ya fuera del Parque, es el más difícil. Algunas subidas, pero sobretodo mucho barro, con espacio para una sola persona y muchos tropiezos y cruces de agua. Y de pronto desde arriba se ve la playa, el mar, como un escenario magnífico, para una postal, pero voy a tan buen ritmo, que ni siquiera considero parar, tendré que guardar este recuerdo nada más en mi memoria, a la antigua.

La última bajada es muy resbalosa, han pasado mucho corredores ya, y empiezo a patinar. De pronto de atrás otro corredor que no puede frenar cae sobre mí y nos arrastramos cerro abajo. Me pidió una disculpa rápida, se levantó y siguió veloz. Me embarré hasta el pelo, pero ya está, tampoco me dolió nada, fue como lanzarse en un resbalín de barro. Me río y sigo bajando.

Paso un par de corredores cuyas rodillas no aguantan la pendiente de bajada. Les doy ánimo y sigo bajando. Con las endorfinas a tope me siento tremendamente feliz. El paisaje y la vista de esta llegada son increíblemente hermosos. No podrían haber elegido mejor ruta. ¡El remate perfecto!

Veo a los fotógrafos y gente de la organización en la ladera y grito ¡Que hermosa vista! sólo para que sepan que han hecho un muy buen trabajo planeando este trazado y aplauden dándonos ánimo en los último metros: ¡Ya llegaste! Corre a la playa.

Cruzo la meta agotada y feliz en 3 horas 1 minuto.

 

Palabras al cierre

Han sido 2 días, 7 horas y 20 minutos de una de las experiencias más increíbles del trail running, en un evento redondito y muy bien organizado, donde he conocido muchos lugares y gente increíble. Donde pese al cansancio y diminutas molestias en la ruta, mi cuerpo ha respondido de manera excelente (tanto así que me he sentido super todos los días posteriores) y que abre mi apetito de muchas más aventuras de este estilo por venir.

Sí, hago esto porque me encanta  de modo que ¡¡Vamos por más!!!

 

Jessica Medina Marabolí – Socia Andesteam

Regreso a Putaendo #15k

Esta sería la cuarta vez que participaba en esta prueba organizada por Latitud Sur.  Nuevamente repetí la prueba en su distancia menor, 15 kilómetros.

En esta ocasión, en que por circunstancias que no tengo del todo claras he participado en pocas pruebas de trail running este  año, volver a enfrentar los cerros de Putaendo tenía un sabor especial.

A esto se debe agregar dos situaciones que hicieron aún más especial mi participación. Por un lado, un día soleado y muy luminoso, aunque no excesivamente caluroso, que nos acompañó. Y por otra parte, un cambio significativo en el trazado de las distancias tanto de los 15 como los 30 kilómetros.

Juzgar estos cambios me ha costado bastante, ya que por una parte cualquier cambio en este tipo de pruebas implica un plus y una emoción adicional. (hay que entender que, al menos en mi caso, el trail tiene un componente especial de aventura). Pero por otra, el trazado tengo la sensación que perdió algo de dificultad, además de agregársele, aparentemente, al menos un kilómetro más de asfalto.   Tratare a continuación de dar una somera descripción de la ruta para que puedan juzgar.

El día comenzó temprano, ya que decidí partir ese mismo día  desde Santiago. El viaje transcurrió con tranquilidad,  llegando al parque con tiempo suficiente para  retirar el kit y conversar con algunos amigos mientras se encajonaba.

Al largar notamos el primer cambio, pues no bien salimos del parque viramos a la izquierda para tomar la ruta que en las versiones anteriores correspondía al regreso.  Por esta ruta asfaltada, se ascendía atravesando una población hasta llegar a la ya conocida  planicie de las esculturas, una zona con antenas, torres de alta tensión,  y algunas  obras que se podrían asimilar a esculturas. La subida con una pendiente persistente, pero abordable, se realiza combinando trote con caminata rápida, y dado el ancho de la calle no se generan tacos mayores.

Desde la planicie de las esculturas y por los siguientes 9 a 10 kilómetros, se recorre en sentido inverso lo realizado en años anteriores.  Para quienes recuerden el trazado original, se llegaba hasta aquel punto en el que luego de la subida abrupta del principio del cerro y su posterior bajada por el lado contrario, el camino giraba como en un pinche para comenzar un nuevo ascenso con un suave y persistente pendiente.  En ese punto, en esta ocasión,  nos sacaban del cerro a una calle asfaltada por la que se recorría aproximadamente un kilómetro para reingresar al cerro. Esta zona se realizaba siguiendo un sentido inverso al que se había seguido dentro del cerro.  Una vez dentro del trail nuevamente, el camino serpenteaba en un ascenso continuo que nos llevó de regreso a  la planicie de las esculturas, y de ahí al descenso normal de siempre.

Al enfrentar las últimas 3 a 4 cuadras del pavimento final, antes de llegar a la meta me siento feliz de haber participado de un bello día de deporte y recreación al aire libre.

 

Andrés Reisz – Socio Andesteam

Corrida de la Construcción #2017

El domingo pasado, 4 de junio, se realizó la Corrida de la Construcción en Santiago.  Este evento organizado por la Cámara Chilena de la Construcción y producido por Aventura Aconcagua,  forma parte de 8 carreras que se desarrollaran a lo largo del país este año.  La competencia contaba con 4 distancias, 2, 5, 10 y 21 kilómetros, por lo que daba espacio para ser compartida por los más diversos participantes; desde padres con sus hijos pequeños hasta competidores experimentados.

En esta ocasión participe junto a mi hija Dafna en los 21 kilómetros.  El trazado era bastante interesante, aunque algo serpenteante para contener la distancia dentro de la comuna de Santiago.

La jornada se inició con nuestro tradicional desayuno para llegar con tiempo al punto de reunión de Andesteam junto al cerro Santa Lucia.  Allí nos reunimos con Javier Sandoval que también correría la misma distancia, y con quien realizamos el recorrido juntos.

A pesar del frio que había, pudimos hacer un encajonamiento bastante favorable y partimos a un muy buen ritmo.  El recorrido bajaba por Alameda hasta Avenida Bulnes, para después tomar por Sazie hasta Ejercito, donde se giraba hacia el sur hasta Claudio Gay, calle por la que se bajaba hasta José Miguel Carrera, para retornar a Sazie y por ella llegar hasta Exposición, donde nos encontramos con el primer puesto de hidratación.  En el descubrimos la primera novedad: sólo se contaba con jugo  (tipo Yupi)  y agua.

Continuamos por Exposición hasta Ramón Subercaseaux, por donde subimos hasta Bascuñán Guerrero, para retornar hasta Blanco Encalada por donde se subía hasta Beaucheff para retornar nuevamente a Rondizzoni y subir hasta Aldunate para nuevamente retornar hasta Avenida Matta subir hasta Arturo Prat y retornar hasta Ñuble.

La última parte, era la subida por Ñuble hasta Santa Elena, para retornar hasta Coquimbo, bajar hasta Lira, para retornar hacia Alameda pasando por el paso bajo nivel y hacer una vuelta a la manzana por Luis de Valdivia y Lastarria para llegar a la meta en la Alameda.

Fue una carrera bastante interesante en la que a pesar del frio ambiente y algunas molestias menores debido al poco entrenamiento realizado las últimas semanas (ha faltado el tiempo, sobrado los compromisos, y llovido justo los días de entrenamiento), la pasamos muy bien corriendo juntos con Javier y Dafna, y obtuvimos resultados que sin ser sobresalientes, fueron bastante buenos .  La experiencia de correr con amigos es sumamente gratificante, pues son ellos los que te levantan cuando estas decayendo o tú el que los animas cuando son ellos los que flaquean.  Ciertamente se genera una sinergia muy importante,  en la que se puede lograr una mejora significativa de los resultados, y una maximización del placer de correr y compartir la experiencia.

Deseo agradecer a todos los amigos de Andesteam que participaron ese día y nos alentaron: Sebastián, Ángeles, Myriam, Gloria, Daisy, y Javier.  Y a todos esos otros amigos con que compartimos en cada competencia.

Andrés Reisz – Socio Andesteam

Una carrera para el Espíritu #RapaNui

Y llego el día, con un agradable horario del evento. Primera carrera en la que participo con una largada después de las 10:00.

La barra intensa se levanta muy temprano y acompañan a la deportista en su alimentación matutina, luego nos dirigimos al punto de partida para realizar el calentamiento: En el camino vuelvo a advertir las sinuosidades y desniveles de la ruta, lo que hace presagiar una difícil carrera, pero ya estamos acá, solo queda partir y avanzar.

A las 10:15 la largada con ritos típicos de la isla, comienzan las tímidas subidas para continuar luego con las curvas y  subidas más pronunciadas que me hacen temer por mis piernas, pero con una barra que corre de esquina en esquina para alentar, ya nada me debe preocupar.

Me dispongo ciento por ciento después de los 5k a solo disfrutar de el paisaje y de un lúdico clima que jugueteaba con mis sensaciones, tuvimos sol radiante, nubes que daban sombra y una tímida lluvia con viento que refrescaba el cuerpo y el alma, en cada puesto de hidratación bebí agua e isotónico y como ya nos advirtieron en un comienzo, no podíamos salir corriendo y tirar el vaso al borde del camino, por lo que todos los corredores nos deteníamos y tranquilamente nos hidratábamos para luego dejar todo en orden.

Disfrute cada momento de esas largas subidas, despues de los primeros 5k volví a toparme con Mauricio, de Corredor Promedio, quien además de acompañarme por unos momentos, dio una cobertura TOP al evento.

Y así sucedieron los siguientes kilómetros, cansados pero felices, hasta llegar a los 10k…“falta poco para el retorno”…pensaba, la larga subida me preocupó por una dolencia días previos en mis muslos, para lo que me ayudé con masajes y elongaciones que surtieron su efecto…mis piernas al menos hasta acá …no fallaban,  el combustible ya se había repuesto, continuaba hidratándome ordenadamente, pero aún así, mi aliento sólo era para avanzar y escuchar los gritos de los competidores que ya habían cursado la mitad de su carrera…El retorno …

Girar en ese punto fue el máximo de placer, ya habíamos pasado la mitad de la prueba, vendrían bajadas que aprovecharía para recuperar y nuevamente la barra me esperaba, no podía pedir nada más, me sentía cansada pero con ganas aún de alzar mis brazos en la Meta.

Los 21k se anunciaron en mi reloj poco antes de cruzar la meta, pero aún quedaban un par de zancos y en esos momentos decido alentar a otra corredora que había decidido caminar….“No te detengas…ya llegamos”…fueron mis palabras y allí comprendí que…“el mejor corredor no es el más veloz si no el que nunca se detiene…”

Llegando a la meta escucho mi número, mi nombre y el nombre del club “Andesteam” …y nuevamente  me sentí ganadora….y digo nuevamente pues ésta vez gané en la partida por la oportunidad de participar con la mejor barra, mi familia…, en la ruta, por la oportunidad de disfrutar del deporte y un hermoso paisaje y en la meta por llegar dejando atrás fantasmas y limitaciones que muchas veces solo están en nuestras mentes….sin duda una carrera para el Espíritu.

 

Roxana GaraySocia y Presidenta Andesteam